domingo, 27 de mayo de 2018

Osvaldo Bayer, mantiene su espíritu de rebelión y búsqueda la lucha por una Argentina más justa que no se conforme con su subdesarrollo y su mero rol de pagadora de una deuda que aumenta todos los días

Reconstruir la vida de una personalidad pública multifacética —quizá sea más preciso describirla como renacentista— que ha atravesado dos siglos, entusiasma y ahoga, aturde y arrolla, desborda y atrapa. Es casi imposible vivir el tiempo de la investigación y la escritura sin pensar o sentir un solo segundo en función de ese armado, de ese ensamble de piezas. Adentrarse en el universo de Bayer obliga a asumir un compromiso inusual con el trabajo. Cualquiera puede pensar que escribir la biografía de un famoso o emprender un trabajo de investigación en general son tareas con los mismos requisitos, inalterables. Es posible, pero lo fascinante y atormentador de recorrer las nueve décadas de trayectoria de un referente en el periodismo, la investigación histórica y el compromiso con los derechos humanos es que una mirada invisible monitorea cada instancia de la reconstrucción, los avances y los retrocesos, las dudas y las certezas, las revelaciones y las neblinas.
Gracias a la generosidad de Bayer para permitirme conversar con él, a la charla con personas que lo conocieron en distintas épocas, a la recuperación de escritos olvidados y al hallazgo de una inmensa cantidad de documentación, desde diarios y revistas hasta expedientes judiciales, detenerse en la vida de este “cronista con opinión” se convirtió en una travesía similar a los viajes por el Paraná que él mismo había realizado como marinero timonel a mediados del siglo pasado: deslumbran el paisaje, los sonidos de los animales, la noche con su luna y sus estrellas, los verdes de la vegetación frondosa, los amaneceres y los ocasos, e inquietan los espíritus que, según el capitán, se apoderan del barco. Es poner rumbo al paraíso —una palabra usada por el propio Bayer—, un paraíso que encierra algo del edén bíblico, no de cualquier parte de la Biblia sino del “Sermón de la montaña”, y algo de paraíso anarquista, que bien podría ser la isla de Utopía o la bucólica Arcadia.
Y así como hay paraíso también hay rebeldía. Sin entrar en disquisiciones filosóficas, el “hombre rebelde” de Albert Camus es reivindicado por grandes sectores del anarquismo —ideología que Bayer fue abrazando cada vez con más devoción a lo largo del tiempo hasta definirse como un “socialista libertario”—, en desmedro, por ejemplo, del existencialista comprometido a lo Jean-Paul Sartre. A fines de la década de 1980, Bayer escribió “Reivindicación de la rebeldía”, un artículo en el que rescataba “el espíritu de rebelión” de las generaciones truncadas por el terrorismo de Estado y luego bastardeadas por la “teoría de los dos demonios”, más allá de que la investigación histórica pueda “hablar en el futuro sobre equivocaciones, errores o soberbias”. La revolución sobrevuela, pero es la rebeldía la que se enarbola: “Espíritu de rebelión y búsqueda que será el antecedente para los que retomen la lucha por una República más justa que no se conforma con su subdesarrollo y su mero rol de pagadora de una deuda que aumenta todos los días”.
Estas páginas transitarán con Bayer por la “Década Infame”, entre lecturas, juegos y el catecismo en la Iglesia Redonda, en medio de la colonia alemana impregnada de nazismo del barrio porteño de Belgrano; el joven aprendiz de poeta, enamorado, colimba y estudiante universitario socialista, aterrorizado por el peronismo; el hombre que parte a buscar a su amada Marlies en Alemania; el periodista que busca en Esquel  de su Utopía .
Ferrari, G ( 2018) " Osvaldo Bayer", Sudamericana, Buenos Aires.

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