domingo, 24 de enero de 2021

Atentado a la embajada de Israel:” Los familiares rechazamos la historia que nos quieren vender de que la autoría de los atentados está esclarecida, tenemos la amarga sospecha de que la sangre de nuestros muertos sirvió para saldar facturas impagas de oscuros negocios y que el ocultamiento deliberado de esa verdad responde a compromisos políticos difíciles de desentrañar ( Carlos Susevich, 2004)

En 2004 se cumplían doce años del atentado a la embajada de Israel, Estaban en el poder desde hacía menos de un año los Kirchner con Néstor Kirchner como presidente, que una semana después bajara los cuadros de los genocidas del proceso que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983 y se adueñra de la lucha por los derechos humanos, con polémicas juzgó a Videla, Bignone,Massera y Astiz, entre otros, cerebros de haber ejecutado el plan sistemático de persecución a todo aquel que pensara distintos y comno confesó{ó Adolfo Scilingo, muchos terminaron desapareciendo en las aguas del Río de la Plata. Néstor Kirchner que subió con un porcentaje bajo de votos, logró que su movimiento perdurara en el poder doce años consecutivos a los que hay que sumarle el primer año de su adalid , Alberto Fernández . Su política de derechos humanos, contradictoria por negarse a juzgar a otros hombres que también supieron ser parte del baño de sangre de la Argentina en los ´70 años. Cristinja Fernández de Kirchner, su espopsa en 2013 firmó el acto de defunción del ataque a la AMIA, que sucedió al de la Embajada de Israel y que de haberse esclarecido el de la Embajada nunca se hubiera concretato En 2003 con él fallecido y su esposa como máxima mandataria, se firmó junto al canciller Timemrman el “Memorandum de acuerdo con Irán” que según sus palabras :” Representa un principio de acuerdo para investigar el ataque terrorista a la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires el 18 de julio de 1994 en el que murieron 85 personas y 300 resultaron heridas. Una investigación judicial argentina determinó en 2006 que el Gobierno iraní había planeado el atentado, y que sus impulsores eran cinco exfuncionarios iraníes y un libanés miembro de Hezbolá En 2004, nueve años antes que se firmara el pacto con Irán , ya habían pasado los gobiernos de Carlos Menem, máximo responsable de lo que hasta hoy es una causa sin valor para quienes toman las decisiones; Fernando de la Rúa en sus dos años tampoco se esmeró para que la justicia avance sobre Irán y sobre la complicidad local; tampoco Eduardo Duhalde en su interinato mostró un interés genuino más allá de palabras de circunstancia. Corría 2004 cuando Carlos Susevich criticó duramente la investigación y el encubrimiento. El embajador Orón sostuvo su teoría de que fue Hezbolla. A sus 80 años, Carlos Susevich , fallecido en 2018, supo levantatr la voz y erigirse en casi la única persona que reclamaba el esclarecimiento. En su discurso de 2004, fue eloecuente:”“Ha sido muy duro transitar estos doce años marcados por la inoperancia y casi seguro encubrimiento de quienes debían investigar y juzgar el por qué, cómo y quién atacó la embajada de un país amigo de la Argentina.”. Raúl Kollman en Página 12, analizaba :”Reflejó la bronca de una pesquisa en la que nunca hubo un sospechoso, mucho menos un detenid”. Por su parte, y el embajador de Israel en la Argentina, Benjamín Orón, dijo ayer que existió una conexión local, una apoyatura al atentado, pero que nada se descubrió sobre quiénes fueron esos cómplices de la masacre.. Se habían hecho presentes unas dos mil personas ( cada año, la cifra merma y solamente la mantienen los jóvenes, que , en muchos casos no habían nacido” se congregaron ayer en la esquina de Arroyo y Suipacha, frente al predio donde estaba la embajada. El ataque de Madrid del 7.M volvió a poner en el tapete la la cuestión del terrorismo y ello derivó en una cantidad de gente superior a la de los años anteriores. En verdad, el atentado contra la embajada de Israel fue de hecho el primero de envergadura fuera del escenario del conflicto de Medio Oriente, una modalidad que recién después se repitió con la AMIA, los ataques a las embajadas norteamericanas en Africa, ya con otra envergadura en las Torres Gemelas de Nueva York y el jueves pasado en Madrid. Tal vez por ser el primer atentado de ese tipo, en aquel 1992 casi no se le prestó atención a la investigación, al punto que se informó oficialmente que hubo 29 víctimas y cinco años más tarde la Corte Suprema tuvo que corregir semejante dato tan elemental: en 1997 estableció que en verdad las víctimas fueron 22. La concentración se realizó en el marco de estrictísimas medidas de seguridad, con francotiradores en los techos, hombres de corbata conectados entre sí y caminando vigilantes entre la multitud y una concurrencia que debió pasar de a uno por detectores de metales similares a los de los aeropuertos. En el palco, hicieron acto de presencia, la senadora Cristina Fernández de Kirchner, el canciller Rafael Bielsa, el ministro de Salud Ginés González García, el jefe del gobierno porteño; Aníbal Ibarra y su vice Jorge Telerman, y el gobernador bonaerense Felipe Solá. En algún momento se dijo que estaría el presidente Kirchner, pero éste bajó del avión proveniente de Brasil y se fue a la Casa Rosada. Bielsa fue quien habló en nombre del Gobierno y optó por un breve discurso de tono poético: “Miles de años de amor, de reflexión, de sabiduría, de cultura concebida alrededor de los calderos, de palabras pronunciadas en medio del frío invierno, siglos que vinieron a dar a esta patria, a enriquecerla, a hacerla más cultural, más comprensiva, más culta, devastadas en un segundo por la llamarada, la sinrazón, por el Holocausto”, expresó el canciller. Entre los familiares de las víctimas y el embajador de Israel pareció deslizarse un contrapunto. “Los familiares no vamos a comprar la historia que nos quieren vender de que la autoría de los atentados está esclarecida. La rechazamos. Tenemos la amarga sospecha de que la sangre de nuestros muertos sirvió para saldar facturas impagas de oscuros negocios y que el ocultamiento deliberado de esa verdad responde a compromisos políticos difíciles de desentrañar”, sostuvo Susevich en obvia referencia al gobierno de Carlos Menem. A su turno, el embajador Orón reiteró lo dicho por Israel hace un año: “Nuestras investigaciones han determinado, sin lugar a dudas, que el atentado fue perpetrado por la organización libanesa Hezbolla y por el régimen de Irán”. Sin embargo, el embajador sostuvo, en diálogo con Página/12, que la información israelí todavía no tiene estado judicial por tratarse de información de inteligencia que “por distintas razones, todavía no puede ser desclasificada”. En lo que sí hubo coincidencia es en un hecho incontrastable: hasta ahora no se determinó lo central, quiénes fueron los cómplices que ayudaron a realizar el ataque en la Argentina. Orón los sintetizó así: “En el tiempo transcurrido no se pudo señalar a un solo individuo que directa o indirectamente colaboró en la consumación del atentado”. Ese hecho tiñó hasta ahora todos los aniversarios. Fuentes: Raúl Kollmann, Raúl (2004)Doce años de inoperancia, Página 12, Buenos Aires, EL PAÍS:¿ En qué consiste el memorándum entre Argentina e Irán? ( 2015) Madrid https://elpais.com/internacional/2015/01/20/actualidad/1421761447_821346.html

sábado, 23 de enero de 2021

A 24 años del asesinato de Cabezas: quedò un mensaje, se convirtió en una referencia por su compromiso con la verdad , la ética develando la realidad de una organización que operaba cómodamente desde las sombras ( Sindicato de Prensa Rosario - ARGRA)

Se cumplen 24 años, y no nos olvidamos. El 25 de enero de 1997, José Luis Cabezas fue brutalmente asesinado en Pinamar por hacer visible el rostro de Alfredo Yabrán, uno de los protagonistas de la trama mafiosa del poder de los ‘90. La escena terrorífica de la cava, a cargo de Gustavo Prellezo y de la banda de “Los Horneros” significó, además, un escarmiento para lxs trabajadorxs de prensa y una advertencia a quien se atreviera a mostrar los hechos tal cual son, como lo hizo el reportero gráfico de la Revista Noticias. Pero el caso Cabezas también dejó un mensaje. Se convirtió en una referencia para quienes ejercemos día a día este oficio-profesión, por su compromiso con la verdad y con la ética periodística, por su mirada audaz en la búsqueda de la información y por su valentía. Y, a la sociedad toda, le dio la posibilidad no sólo de conocer la realidad de una organización que operaba cómodamente desde las sombras, sino también, de caer en la cuenta de los asuntos de interés público que se le ocultaban deliberadamente. En medio de la pandemia, el año pasado y el presente, las y los periodistas y trabajadorxs de prensa estuvimos y estamos en primera línea desarrollando una tarea esencial: informar con la verdad, lo que supone, también, dar una lucha diaria contra los diversos procedimientos que siguen apostando a tapar los ojos de la sociedad, como las operaciones mediáticas o las fake news. El desafío sigue siendo organizarnos para enfrentar juntxs estos nuevos mecanismos, más sutiles, pero no menos peligrosos, que atentan contra el derecho de todxs de contar con información de calidad, libre y emancipadora. Desde cada uno de nuestros espacios, lxs periodistas y trabajadorxs de Prensa nos unimos en una misma voz para profundizar el camino recorrido, seguir luchando por garantizar la libertad de expresión y el derecho a la información: ¡Cabezas presente!, ¡Cabezas presente!, ¡Cabezas presente! Fuente: Swñales-Sindicato de Prensa Rosario - ARGRA

martes, 19 de enero de 2021

Nisman y AMIA: la vergüenza de la impunidad, la destrucción de la justicia, por Pilar Rahola

La periodista y escritora española, Pilar Rahola, se expresó en su canal de YouTube sobre el sexto aniversario de la muerte del fiscal Alberto Nisman. «En el 6° aniversario de su muerte, Mi homenaje al amigo Alberto Nisman. Mi denuncia contra la impunidad. Mi grito contra el silencio. ¿Qué ocurre en la Argentina? ¿Cómo es posible que tres acontecimientos trágicos de dimensión internacional, que han ocurrido en los últimos años, ninguno de ellos tenga ni sentada una sola persona en los juzgados? ¿No hay ni un solo detenido? Recordémoslo: Atentado a la Embajada de Israel. Atentado de AMIA que significó el asesinato de 85 personas y 300 heridos. Y la muerte del fiscal Alberto Nisman, mi querido amigo, que un día como hoy hace seis años aparecía con un tiro en la cabeza en el baño de su departamento. Justo cuando acababa de denunciar públicamente a la presidenta Cristina Kirchner por connivencia con Irán, el país acusado junto con Hezbollah del asesinato masivo de AMIA y de la Embajada de Israel Las víctimas de AMIA y de Israel habían sido asesinadas por Hezbollah. La pista estaba clara. Alberto Nisman era el fiscal. Muchas veces hablé con él. Cada vez que iba a Argentina o cuando él (Nisman) me llamaba y me explicaba los datos que tenía. La información y cuando se firmó el memorándum. Era un memorándum de encubrimiento de los crímenes. Alberto Nisman me dijo personalmente en el Hotel Alvear recuerdo una tarde hablando tranquilamente me dijo: ‘Estos tipos van a vender a las víctimas de AMIA. Van a negociar con ellas. Van a traficar con su muerte. Todo para poder hacer negocios con Irán, para poder acercarse geopolíticamente con el eje bolivariano a Irán y para poder además tener alguna alegría energética’. Pilar, me dijo Alberto Nisman: ‘Un día de estos, estos tipos me van a matar porque los voy a denunciar’. Hablé con él poco antes de su muerte. Estaba eufórico. ‘Tengo las pruebas, tengo la capacidad de demostrarlas. Pilar, vamos a conseguir sacarle los colores a este gobierno. Vamos a conseguir denunciarlo’, me dijo Nisman. Leer más: A seis años de la muerte de Nisman: Argentina, el país que nunca resuelve nada. Por Gustavo Szpigiel ¿Seis años después que ha ocurrido? Lo recordamos seis años después de su muerte. El fiscal que llevó la causa original ingresó en prisión por graves delitos. El aparato de inteligencia durante el atentado fue usado de encubrirlo y dos presidentes fueron acusados de proteger a los verdugos. Carlos Menem acusado de desviar la investigación para impedir que se investigará la pista Siria. ¿Se acuerdan? fue absuelto en un escandaloso juicio que se limitó a la pista eterna; y Cristina Fernández de Kirchner acusada de encubrimiento y responsable del vergonzoso memorándum. Después de todo lo que ha ocurrido, seis años después, ni uno de los responsables del atentado de la Embajada (de Israel), ni uno de los responsables del atentado de AMIA, ni uno de los responsables de la muerte de Alberto Nisman están sentados en el banquillo. Es una vergüenza para Argentina. Una vergüenza para el mundo. Un hundimiento de la justicia. Es una impunidad de los asesinos. Es un dolor, una segunda muerte de las víctimas. Hoy en el sexto aniversario del asesinato de Alberto Nisman levanto la voz para recordar al amigo, para homenajear al gran fiscal y para denunciar la enorme vergüenza de la impunidad que está ocurriendo en Argentina. No a la impunidad. Sí a la justicia. Sí a la memoria». Pilar Rahola – Periodista y escritora Fuente: Nisman y AMIA: la vergüenza de la impunidad, la destrucción de la justicia. Por Pilar Rahola, Vis a Vis , Buenos Aires, 18 Enero 2021

lunes, 18 de enero de 2021

Del 23 al 30 de Enero vuelve festival escena 8 : ¡con todo y pese a todo!

Del 23 al 30 de Enero se  desarrollrá el Festival Escena8 .Habrá talleres, obras virtuales y postas poéticas. En esta oportunidad el slogan se basa en el esfuerzo realizado y los obstáculos sorteados por la pandemia que azota al mundo "¡Vuelve nuestro festival y lo hace con todo (y pese a todo)!10 años de ESCENA, 8 festivales y muchas preguntas. Como agrupación, hablamos con nuestras acciones, avanzando de manera colectiva, horizontal, motorizadxs por el deseo de mantener viva la cultura emergente e independiente. Luchamos alegremente; luchamos con y desde nuestros lenguajes; luchamos a partir de la diversidad que nos aúna; luchamos contra todo intento normalizador, viejo o nuevo. 10 años de ESCENA, 8 festivales y muchos meses de incertidumbre.Nos organizamos para frenar las clausuras y hoy nos encontramos nuevamente en emergencia. ¿Se puede celebrar estando en emergencia? Una emergencia es algo que surge, que brota sin pedir permiso. Una pandemia es una emergencia. Un festival también lo es. 10 años de ESCENA, 8 festivales e innumerables reflexiones. Preguntas-heridas abiertas. “El teatro no volvió”, circula, pero nos preguntamos también si “volver” es el mejor verbo para nombrar la acción que deseamos. Nuestro presente pandémico precario tiene sus raíces más atrás.“Cuidar” es el verbo que nos ocupa. El cuidado es, para nosotrxs, un elemento fundante. Nacimos con el objetivo de cuidar nuestros espacios, para hacer crecer y darle lugar a la creación artística, a la gestión autónoma y a la producción de pensamiento crítico.¿Quién cuida la potencia creadora?Nosotrxs. Todxs. Cada unx.Celebrémoslo. Fuente Jimena López

martes, 12 de enero de 2021

La Shoà no fue sólo lo que ocurrió en Auschwitz, cubrió a todo el continente europeo de sangre, el proceso de deshumanización inspira una reflexión inagotable sobre la conciencia y la dignidad de las personas, recordándonos que lo peor siempre es posible ( Simone Veil , 2005)

En el 2005 se conmemoró el 60 aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, en este acto Simone Veil realizó un discurso de homenaje a las víctimas y de denuncia de los horrores de la guerra. Era la primera vez que volvía después de su liberación. Aquel mismo año fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional por la defensa de la libertad, la dignidad de la persona, de los derechos humanos, la justicia, la solidaridad y el papel de la mujer en la sociedad moderna Como deportada y superviviente de los campos de concentración, creo que es mi deber hablar sobre la Shoah y explicar continuamente a las generaciones más jóvenes, a las personalidades influyentes en la opinión pública de las naciones y a nuestros políticos cómo 6 millones de hombres y mujeres, incluidos 1 millón y medio de niños, murieron simplemente porque habían nacido judíos. Hace cinco años, el Consejo de Europa decidió organizar un Día europeo en memoria del Holocausto y para la prevención de crímenes de lesa humanidad. El Consejo escogió el 27 de enero, el día que una unidad de soldados soviéticos llegó a Auschwitz. En las instalaciones, estos soldados sólo encontraron fantasmas, unos pocos miles de personas moribundas y aterrorizadas, abandonadas porque las SS pensaron que el hambre, la sed, el frío o la enfermedad harían su trabajo con mayor rapidez. Diez días antes, a la mayoría de los supervivientes se los había obligado a caminar fuera del campo, bajo la nieve, arriesgándose a ser ejecutados a cada paso. Éstas eran las "marchas de la muerte", donde sucumbieron tantos de nuestros compañeros. El 1º de noviembre de 2005, las Naciones Unidas decidieron instituir un "Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto", permaneciendo fieles a sus principios originales. Fue una decisión sumamente simbólica para esta institución, la cual surgió de las ruinas y cenizas de la segunda guerra mundial. No hablamos de una imagen, sino de una realidad. Fue en un país europeo, admirado durante mucho tiempo por sus filósofos y sus músicos, donde se tomó la decisión de gasear y quemar a millones de hombres, mujeres y niños en hornos crematorios. Sus cenizas también descansan en el fondo de tumbas en Belarús, Lituania, Polonia, Ucrania y otros lugares. Éstas eran tumbas que los judíos tuvieron que cavar con sus propias manos, antes de verse arrojados a ellas por las balas de los Einsatzgruppen y después quemados, con objeto de borrar todos los rastros de los crímenes. Con esta decisión, que hoy afecta a todo el mundo, las Naciones Unidas nos recuerdan el carácter específico y universal de la Shoah, el exterminio planificado dirigido a eliminar a todo un pueblo: el pueblo judío. Este objetivo se consiguió en gran medida y desobedeció los fundamentos de nuestra humanidad. Para aquellos a los que se había deportado, incluida yo misma, no pasa un solo día en que no pensemos en la Shoah. Más que las palizas, el agotamiento, el hambre, el frío o la fatiga, son las humillaciones lo que siguen siendo, hasta el día de hoy, el peor de nuestros recuerdos. Ya no teníamos nombres, solo un número tatuado en el brazo que servía como identificación. Lo que también nos persigue es el recuerdo de aquellas personas de quienes se nos separó brutalmente a nuestra llegada al campo y a las que, según nos contaron poco tiempo después, se las llevó directamente a las cámaras de gas. A mí me deportaron junto a mi madre y mi hermana a Auschwitz en abril de 1944. Después de pasar una semana en Drancy, un campo de tránsito para judíos franceses, nos amontonaron durante tres días horribles en vagones de animales cerrados, prácticamente sin comida ni agua y sin saber nuestro destino. A mi padre y a mi hermano los deportaron a Kaunas en Lituania en un convoy de 850 hombres, del cual sólo sobrevivieron unos 20. Nunca llegamos a conocer el paradero de los otros hombres, entre ellos mi padre y mi hermano. Llegamos a Auschwitz en mitad de la noche. Todo estaba preparado para aterrorizarnos: focos cegadores, los ladridos de los perros de las SS, los deportados vestidos como reclusos que nos arrastraban desde los vagones. El Dr. Mengele, el experto de selección de las SS, decidía quién entraría al campo y a quién se enviaría directamente a las cámaras de gas. Milagrosamente, nosotras tres pudimos entrar al campo. Trabajábamos más de 12 horas al día en un trabajo de excavación que demostraba ser en su mayor parte inútil. Apenas nos alimentaban. Pero nuestro destino no era la peor. Durante el verano de 1944, llegaron 435.000 judíos procedentes de Hungría. En cuanto se bajaron del tren, se llevó a la mayoría de ellos a la cámara de gas. Para aquellos de nosotros que sabíamos lo que les esperaba, fue una visión de horror. Todavía recuerdo sus caras, esas mujeres llevando a sus hijos, esas masas ignorantes de su destino. Esto es lo peor que presencié en Auschwitz. } En julio, mi madre, mi hermana y yo tuvimos la suerte de ir a un campo pequeño menos severo respecto al trabajo y la disciplina. Y la tarde del 18 de enero de 1945, abandonamos el campo, obligadas a caminar más de 70 kilómetros bajo amenaza de los rifles de las SS. Tras dos días de espera en Gleiwitz en un campo enorme, nos amontonaron en vagones descubiertos, que cruzaron Checoslovaquia, Austria y Alemania, hasta el campo Bergen-Belsen. Cuando llegamos, casi la mitad de nosotros se había muerto de frío o hambre. En Bergen-Belsen, no había ni cámaras de gas ni selecciones. En su lugar, el tifus, el frío y el hambre mataron, en sólo unos pocos meses, a decenas de miles de las personas deportadas. Finalmente, el 15 de abril, el ejército británico nos liberó. Todavía puedo ver las caras aterrorizadas de los soldados que, mirando desde sus tanques, descubrían los cuerpos amontonados a los lados de la carretera y los esqueletos tambaleantes en que nos habíamos convertido. No hubo gritos de alegría por nuestra parte, sólo silencio y lágrimas. Pensaba en mi madre, que hacía un mes que había fallecido de agotamiento y tifus. Durante las semanas que siguieron a la liberación, muchos más de nosotros murieron por falta de atención médica. Cuando regresé a casa en Francia con mi hermana, hacía meses que el país había sido liberado. Nadie quería oír hablar de las deportaciones, de lo que habíamos visto y a lo que habíamos sobrevivido. En cuanto a los judíos que no habían sido deportados, aproximadamente tres cuartas partes de los judíos que vivían en Francia por aquel entonces, la mayoría no podía soportar escucharnos. Otros preferían no saber. Es cierto que no éramos conscientes de la horrible naturaleza de nuestras historias. Así pues, era entre nosotros, los que habíamos sido deportados, entre quienes hablábamos sobre los campos. Incluso hoy en día, esto nutre nuestro espíritu e incluso diría que también nuestras conversaciones, porque de una forma extraordinaria, cuando hablamos de los campos, tenemos que reírnos para no llorar. La Shoah no fue sólo lo que ocurrió en Auschwitz. Cubrió a todo el continente europeo de sangre. El proceso de deshumanización inspira una reflexión inagotable sobre la conciencia y la dignidad de las personas, recordándonos que lo peor siempre es posible. A pesar de la promesa tantas veces expresada de "nunca más", nuestras advertencias fueron en vano. Tras las masacres de Camboya, es África la que más ha rendido homenaje a las locuras del genocidio durante los últimos 15 años. Tras Rwanda, se trata de Darfur y su dramático número de víctimas: 200.000 muertos y casi 2 millones de refugiados. Es hora de encontrar soluciones para que las resoluciones y los principios de las Naciones Unidas por fin se respeten en todas las situaciones de conflicto. Pasando de ayer a hoy, no puedo evitar discutir con aquellos que ahora dicen que el Holocausto nunca sucedió, que niegan la realidad de la Shoah y piden la destrucción de Israel. Ahora sabemos hasta qué punto es realmente preocupante un Irán con armas nucleares y cuán urgente resulta que este país vuelva al seno de la comunidad internacional respetando las leyes establecidas por las Naciones Unidas y el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares del cual es signatario2. En el núcleo del Islam radical se realizan llamamientos sumamente inquietantes a la destrucción de Israel, la tierra ancestral de los judíos que se ha convertido en una tierra de refugio para muchos supervivientes de la Shoah. Al decir que la Shoah es una mentira perpetuada por los judíos para justificar la creación de Israel, estas personas faltan a la verdad para justificar su voluntad de destruir este Estado. Esta negación del Holocausto, utilizada únicamente con fines políticos, les permite justificar sus esfuerzos por poner fin al Estado de Israel. Esta nueva negación encuentra una resonancia considerable en espíritus fanáticos e ignorantes. En la actualidad las nuevas tecnologías de comunicaciones, entre otros medios, se usan para difundir estas ideas, especialmente entre los jóvenes, algunos de los cuales llegan a estar convencidos de que la Shoah nunca sucedió a pesar de todas las pruebas que indican lo contrario. Esperemos que la divulgación y la publicidad sobre el registro histórico que contienen los archivos de Arolsen los convenzan, si desean creer en los archivos. Asimismo, esperemos que la creación de un Estado palestino junto a un Estado israelí, cada uno viviendo en paz dentro de sus fronteras según los términos de una negociación justa, ponga fin a las campañas llevadas a cabo contra la existencia de Israel. Ante la cuestión de la conmemoración de la Shoah y la existencia del Estado de Israel, la comunidad internacional y los distintos Estados deben asumir su responsabilidad. También deben adoptar las medidas necesarias para luchar contra otros genocidios, los cuales deben identificarse y a cuyas víctimas se debe escuchar. Se debe juzgar y castigar a quienes han cometido o cometen crímenes masivos. Más allá de los Estados y las instituciones, sigue existiendo la parte de responsabilidad que recae sobre cada uno de nosotros. Esto se le recordaba a la población francesa en la ceremonia celebrada el 18 de enero de 2007 en el Panteón de París, cuando el Presidente Jacques Chirac, siguiendo mi sugerencia, rindió homenaje a los "justos de Francia". Los "justos" son millones de personas no judías a las que rinde homenaje Yad Vashem, la Dirección de Conmemoración de los Mártires y Héroes del Holocausto, por haber salvado a judíos de la deportación durante la segunda guerra mundial. En Francia, se deportó a 76.000 judíos. Pero las otras tres cuartas partes de judíos que se salvaron deben su salvación en parte al millar de justos que los ayudaron y encarnaron el honor de nuestro país. Los "justos" nos demostraron que siempre habrá hombres y mujeres, de todos los orígenes y en todos los países, capaces de lo mejor. Basándome en el ejemplo de los "justos", me gustaría creer que la fortaleza moral y la conciencia individual pueden vencer. En conclusión, y alegrándome de que la resolución 61/255, aprobada en enero de 2007 y que condena la negación del Holocausto, fuera aprobada de forma tan abrumadora por la Asamblea General de las Naciones Unidas, deseo sinceramente que este día, creado por las Naciones Unidas, nos inspire a todos a respetarnos los unos a los otros y a rechazar la violencia, el antisemitismo, el racismo y el odio, así como todas las demás formas de discriminación. La Shoah es "nuestro" recuerdo, pero también es "vuestro" legado. Fuentes: Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Simone Veil. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/v/veil.htm el 21 de noviembre de 2020. Programa de divulgación sobre el Holocausto y las Naciones Unidas. Serie Documentos de debate, Naciones Unidas Nueva York, 2010.

domingo, 10 de enero de 2021

Pandemia Verano 2021:la dicotomía jóvenes-adultos es falsa y que lo importante es apostar a los comportamientos solidarios y constructivos, más allá de la edad y de la pertenencia social de cada uno (Daniel Feierstein)

El crecimiento de la curva de contagios generó críticas a la “irresponsabilidad” de los jóvenes, lo que motivó una nota de José Natanson advirtiendo sobre el riesgo de cargar las tintas sobre este sector como el culpable exclusivo del rebrote. En respuesta, el sociólogo Daniel Feierstein sostiene en este artículo que la dicotomía jóvenes-adultos es falsa y que lo importante es apostar a los comportamientos solidarios y constructivos, más allá de la edad y de la pertenencia social de cada uno. (Mariel Reiser/Unsplash) «Hacerse responsable es reconocer que esto extraño que aparece de noche es algo que me pertenece» Silvia Bleichmar (1) «El comienzo de la elaboración crítica es la conciencia de lo que realmente se es, o sea, un ‘conócete a ti mismo’ como producto del proceso histórico desarrollado hasta ahora, el cual ha dejado en ti mismo una infinidad de huellas recibidas sin beneficio de inventario. Hay que empezar por hacer ese inventario» Antonio Gramsci (2) La cuestión de la irresponsabilidad en las respuestas ante una crisis se ha transformado en un debate sobre las actitudes de los jóvenes, planteado entre otros por José Natanson en una nota en el Dipló (3). Pero resulta un foco, a mi modo de ver, errado. Mostrar una fiesta electrónica en la playa al tiempo que se olvidan las marchas anticuarentena, el velorio de Maradona o las manifestaciones verdes y celestes, entre muchos eventos multigeneracionales que han obviado las normas de cuidado, esconde un problema detrás de otro. Me gustaría llevar el debate a otro campo: no el de los jóvenes versus los adultos, sino el debate sobre nuestra relación con las normas en la construcción de nuestra identidad… seamos jóvenes o adultos. Toda organización social, ya desde la historia más antigua, se ha basado en la construcción de normas, sean o no codificadas. Para funcionar como sociedad, pero para el caso para fundar un club, un partido político, una organización vecinal y hasta un grupo de amigos, se necesita establecer qué es lo que está permitido, qué es lo que está prohibido, qué es lo aconsejable o lo desaconsejado, qué actitudes excluyen del lazo social de apoyo de los demás al amenazarlo. Ser parte de una comunidad no solo es recibir sino también dar, y esto requiere determinados comportamientos. Es cierto que en algunos casos participamos de la creación de esas normas y en otros nos vienen heredadas de tradiciones previas. Así, a veces las normas dan cuenta de los problemas presentes y otras ya son obsoletas y es necesario cambiarlas. A veces construyen funcionamientos igualitarios y otras definen modos profundamente desiguales u opresivos. Pero ningún agrupamiento colectivo puede funcionar sin normas y comportamientos pautados. Históricamente, aquellas formas obsoletas, desiguales o represivas han sido enfrentadas colectivamente por grupos que también crearon sus propios sistemas de normas contrahegemónicas e intentaron dar explicaciones acerca de por qué las normas existentes eran o son opresivas, desiguales, alienantes u obsoletas, y por qué otro conjunto de normas resultaban más favorables a la vida en común o a grupos específicos como aquellos que más sufren. No es lo mismo el revolucionario que intenta transformar la realidad que quien solo busca legitimar su falta de disposición a asumir los compromisos que requiere el lazo social, aunque a los dos se los llame –incorrectamente– “rebeldes”. Una pandemia nueva desatada por un virus desconocido llevó a la necesidad de implementar nuevos comportamientos en todo el mundo: evitar reunirnos en lugares cerrados, circular con barbijos, espaciar los encuentros sociales, limitar el número de miembros de los mismos, autoaislarnos antes de ver a una persona más vulnerable ante el virus, entre otras cosas. Algunas de estas conductas pueden o deben ser regladas por el poder público (el desplazamiento entre jurisdicciones y dentro de jurisdicciones, el funcionamiento o cierre de determinadas actividades económicas y sus protocolos, la prohibición de encuentros masivos, el uso del espacio público), en tanto que otras responden más al compromiso social y a la responsabilidad ciudadana y son difíciles de controlar (autoaislarnos previamente, limitar el número de encuentros, registrar contactos, crear “burbujas”, entre otras). Los cuestionamientos posibles ¿Cuáles son las críticas a estas nuevas normas? La primera plantea que estas conductas resultan exageradas en relación a los riesgos de la pandemia y que el daño es mayor al beneficio. Pero los argumentos para intentar probarlo han sido pobres y fueron arrasados por la realidad. Veamos algunos ejemplos: se decía que los muertos eran pocos y que no justificaban semejante esfuerzo (y así llegamos en 9 meses a perder al uno por mil de la población argentina, y seguimos contando); se afirmaba que las consecuencias eran iguales a las de una gripe (para constatar que ni los muertos ni las secuelas lo son); se decía que conseguiríamos la inmunidad de rebaño con el 10 o 15 por ciento de contagiados (cuando, superado ese umbral o duplicado en muchos lugares del país y del mundo, no se consiguió ninguna inmunidad); se sostenía que el virus afecta solo a las personas mayores (cuando se registra un porcentaje de secuelas graves en población de cualquier edad); y se sostenía que las mutaciones volverían al virus menos letal (cuando muestran una letalidad similar y una contagiosidad superior). El segundo cuestionamiento plantea que esas conductas son muy exageradas porque “no se pueden cumplir”. Lo sorprendente es que el planteo no surge de quienes realmente tienen problemas estructurales para cumplirlas (por no tener apoyos económicos, no poder desarrollar sus tareas sin vínculo social masivo o por vivir en condiciones de hacinamiento, entre otros obstáculos concretos). La crítica proviene de necesidades menos vinculadas a la supervivencia (como el aburrimiento, la necesidad de esparcimiento, la búsqueda del yo y la experimentación, la angustia), es decir cuestiones que muchos sectores sociales en nuestro país tienen negadas durante toda su vida o jamás se pudieron permitir. Si países, provincias o ciudades han logrado situaciones de cuasi supresión del virus, la hipótesis de la “insostenibilidad” del cuidado se cae. En particular porque la supresión del virus permite (como en el período abril-agosto en gran parte de nuestro país) recuperar un estado bastante parecido a la normalidad gracias al esfuerzo realizado en unas pocas semanas. El tercer cuestionamiento resulta el más conservador: supone que la cooperación desafía a la naturaleza humana porque somos egoístas y solo nos guiamos por el interés individual. No hay que mirar otras sociedades para encontrar el error del planteo. Los análisis de movilidad y de las curvas de evolución de la pandemia nos muestran que hemos tenido todos los comportamientos posibles en la propia sociedad argentina: sectores de la población que nunca se cuidaron, sectores que se han cuidado siempre y otros que han oscilado en distintos momentos, así como muchos que se cuidaron hasta octubre y luego se han relajado. Una de las hipótesis del actual crecimiento de casos es precisamente este relajamiento de sectores importantes que hasta hace poco tiempo atrás se venían cuidando. No se trata, por lo tanto, de una lógica binaria. Hay grados de cuidado, y la mayor parte de la población se ubica en algún lugar de esa curva de manera dinámica. Lo que se requiere para reducir la tasa de propagación a un R menor a 1 es simplemente desplazar ese gradiente un poco más hacia el lado del cuidado. La pregunta es qué discursos y políticas colaboran con ello y cuáles lo obstaculizan. Facilitarle excusas a quien oscila para inclinarse por el descuido parece la peor estrategia. Valorar y reconocer a quien puede mejorar sus cuidados incide en un sentido positivo. La disputa por el sentido no es solo racional Pero las normas no se cumplen por su mera existencia. Así como requieren un aparato de control, también necesitan una legitimación social, que valore tanto su importancia como su necesidad. Dicha legitimación va construyendo la sanción social de quien no las respeta, usualmente tan o más efectiva que la sanción estatal. Un caso muy claro es cómo se ha logrado limitar el uso del tabaco en lugares cerrados. Un caso fallido el intento de aumentar el cumplimiento de las normas de tránsito. La batalla por el sentido se libra en tres planos articulados: cognitivo, emocional y ético-moral. Qué información aceptamos, qué emociones juegan con mayor fuerza y a qué modelo de comunidad apostamos. En relación al primero, resulta muy clara la necesidad de luchar contra la infodemia, contra la circulación de información falsa, teorías conspirativas, rumores, campañas, etc. Pero mi percepción es que hoy la disputa en la sociedad argentina no se da solo ni fundamentalmente en ese plano, sino en los otros dos. En el emocional, se enfrenta la posibilidad de entregarnos al negacionismo y la naturalización o la de sentirse interpelados por el dolor del otro (enfermos graves, personas vulnerables, médicos, enfermeros, trabajadores sociales, militantes, voluntarios en las campañas de vacunación, cajeros de supermercado, docentes, fuerzas de seguridad, cada uno de los que ponen el hombro en el día a día). Podemos dejarnos dominar por el hastío, el cansancio o la impotencia. O, por el contrario, hacerle también un lugar a la vergüenza, como interpelación hacia nuestra propia práctica en la búsqueda de hacernos mejores, de aprender de las flaquezas, de reparar el daño que hacemos con cada uno de nuestros descuidos o debilidades. En el plano ético-moral confrontan dos modelos de representación de la sociedad que somos, pero sobre todo de la sociedad que queremos ser. Esa sociedad incluye jóvenes de un tipo y de otro, adultos de un tipo y de otro y una enorme mayoría que no sabe, que duda, que puede ser tanto una cosa como la otra, porque todos portamos al egoísmo y a la solidaridad como posibilidades de nuestra estructura emocional y moral, que no se saldan igual en todo momento ni en todo lugar ni ante cualquier evento. Me pregunto por qué los medios muestran más la fiesta clandestina que la campaña de vacunación, o gente corriendo sin sentido en la playa de Pinamar y no la organización de cuidados en un barrio popular. En las marchas masivas anticuarentena hay más adultos que jóvenes. En las organizaciones de voluntariado, más jóvenes que adultos. Creo, por lo tanto, que no es momento para falsas dicotomías sino para asumir las contradicciones de fondo, que no nos dividen entre jóvenes y adultos sino entre darle espacio a lo mejor que existe en cada uno de nosotros o entregarnos a las peores versiones de quienes podemos ser. Somos capaces tanto de una cosa como de la otra. En definitiva, como en todo conflicto social, se juega en la cabeza y el corazón de cada uno la apuesta por el tipo de mundo en el que queremos vivir. Daniel Feierstein , es sociologo , investigador del CONICET y profesor UNTREF/UBA. 1. Vergüenza, culpa y pudor, Paidós, 2016 2. Antología, Siglo XXI, 2004 3. https://www.eldiplo.org/notas-web/que-hacer-con-los-jovenes-irresponsables/ Fuente: Por Feierstein, D.(2021) "Apostar a nuestra mejor versión", El Diplo , Buenos Aires.

sábado, 9 de enero de 2021

Si no cambiamos nuestra relación con la tecnología digital, la especie humana será consumida por una crisis de salud mental” ( Dra. Camila Mozzini-Alister, educadora en redes sociales)

El docudrama El Dilema de las Redes Sociales, de Netflix, plantea que las redes sociales nos alejan de conexiones profundas, generando adicciones enfermizas con el propósito consciente de generar ganancia. Camila Mozzini-Alister es una académica brasileña residente en Queensland, Australia. Autora de libros publicados tanto en Brasil como en Australia, así como de cientos de artículos académicos, la investigadora de la Universidad de la Sunshine Coast compartió con Nueva Sion su visión filosófica sobre estos temas, a los que considera enlazados con necesidades y deseos profundos y muchas veces subconscientes de validación social, poder, y ‘omnipresencia’. -Tenés un interés en los modos en los que las plataformas sociales y los dispositivos tecnológicos como los smarphones generan adicción. ¿Nos podés contar más sobre esto? -Desafortunadamente, nuestras tecnologías actuales están diseñadas para ser adictivas; es decir, están diseñadas para manipular químicamente la liberación de una hormona llamada dopamina que es responsable de las sensaciones de placer y recompensa en nuestros cuerpos. De hecho, drogas como la cocaína y el LSD están asociadas con el ciclo de liberación de dopamina. Particularmente en el caso de las redes sociales y los teléfonos inteligentes, veo seis razones principales por las que son tan adictivas. Primero, nuestras pantallas táctiles son pantallas capacitivas, es decir, cuando las tocamos, literalmente recibimos un nano choque que ingresa al sistema nervioso y crea una relación simbiótica entre el cuerpo y el dispositivo. En segundo lugar, la estructura del suministro de noticias de Facebook está diseñada para atraparnos en la adicción. Creada en 2006, se trata de una estructura circular programada algorítmicamente para hacernos correr como hámsteres dentro de una ruleta: cuanto más ‘escroleamos’, más publicaciones se actualizan en tiempo real para que todos puedan tener sus segundos de fama en los titulares de este periódico digital. No por casualidad, tanta gente pierde horas de sus días en Facebook … Sin embargo, esta fabricación de adicción no se detiene aquí. Entra en nuestras partes blandas, las relacionadas con nuestras necesidades y deseos vitales almacenados en un nivel subconsciente profundo. La tercera razón es el deseo de poder. Sí, nos sentimos poderosos con un smartphone vinculado a aplicaciones de redes sociales. ¿Por qué? Porque con un mínimo gesto de las yemas de los dedos, podemos acceder simultáneamente a personas de todo el planeta. Ya sea en Japón, Estados Unidos, Sudáfrica, Bulgaria o Perú… Inconscientemente sentimos como si pudiéramos hacer del mundo entero una miniatura accesible en la palma de nuestras propias manos. La cuarta razón va aun más allá en nuestro subconsciente: es la pulsión sexual que se establece con las imágenes de las redes sociales. Como seres humanos, todos estamos hechos de cuatro instintos básicos de supervivencia: miedo, hambre, sueño y sexo. Nuestra pulsión sexual se sustenta en el último instinto, pero no necesariamente se reduce a él ya que se relaciona con una economía de lo que llamamos «libido» o la energía sexual psíquica. Laura Marks, reconocida estudiosa de la función háptica de la imagen, define el erotismo como nuestra capacidad para oscilar entre lo cercano y lo lejano, entre el control y la renuncia, entre ser un dador y un receptor. Deslizándose, desplazándose, ampliando y reduciendo imágenes propias y ajenas, hoy en día no solo creamos un vínculo energético debido al nanoshock de la pantalla sirviente que obedece a todos los comandos de nuestros dedos, sino que también manipulamos y controlamos imágenes de perfiles propios y ajenos, lo cual Vito Acconci (1940-2017) tan bien señaló como una forma de drenar nuestra libido. La quinta razón es otra muy básica: nuestra necesidad de validación social. La validación social es la necesidad innata de aprobación por parte de nuestros compañeros o de la comunidad a la que pertenecemos. Como mamíferos, siempre ha existido y siempre existirá. Sin embargo, con el auge de las redes sociales, nuestro sentido de comunidad se ha expandido a la comunidad de perfiles virtuales repartidos por todo el mundo en tiempo real. Por lo tanto, cuanto mayor sea el número de seguidores, amigos, me gusta, comentarios, etiquetas y mensajes directos, más alimentamos esta necesidad humana con montones y montones de dopamina. Finalmente, la última y aún más subconsciente razón por la que las aplicaciones combinadas de smartphones/redes sociales son tan adictivas es lo que yo llamo un «deseo de omnipresencia», que es una distorsión del deseo espiritual innato de nuestra mente de ser ilimitado en el deseo antropotécnico de estar aquí, allí y en todas partes al mismo tiempo, más allá de las limitaciones físicas del cuerpo. -¿Cómo ves el futuro si nuestro escenario actual (personas pegadas a sus pantallas las 24 horas del día; la realidad virtual reemplazando las conexiones de la vida real; cámaras de eco; la difusión de información errónea) continúa su marcha? -Si el escenario actual continúa su marcha, veremos oleadas de ataques de pánico en todas partes; desigualdades sociales cada vez mayores; una destrucción ambiental aguda y fuertes movimientos de negación de la realidad en pro de “realidades artificiales.” La especie humana será consumida por una enorme crisis de salud mental. Esto se debe a que a través de la tecnología, estamos entrando en capas cada vez más profundas de la mente y trayendo a la superficie traumas infantiles subconscientes. Pero toda crisis puede ser tanto un infortunio como una gran oportunidad. Tal vez pueda ser nuestro renacimiento como animales espirituales. Tiendo a ser una persona optimista. Creo que superaremos este momento histórico. Pero no veo que eso sea posible sin la ruptura total del sistema neoliberal y sus mecanismos de hipercontrol altamente sofisticados. Creo en nuestra capacidad de usar el caos a nuestro favor, pero también creo en el poder de las catástrofes para enseñarnos cómo hacerlo. Hasta que no nos veamos como parte de la naturaleza, no seremos capaces de romper con el modo de pensar del “Antropoceno”. Creo en los jóvenes y en los niños que vienen a este mundo. Y también creo en las muchas personas que, como yo, están dispuestas a trabajar educando sobre las redes sociales, alentando a las nuevas generaciones a desarrollar nuevas formas de pensar, usar y subvertir la tecnología a nuestro favor. Yo creo en el amor en cuanto micro-política superadora de las fuerzas de la vanidad. -¿Deberíamos buscar la reforma de plataformas tales como Facebook? ¿Se pueden reinventar? -Para reimaginar las redes sociales, debemos preguntarnos: ¿Qué tipo de conexión realmente satisface nuestras necesidades? Una vez más, creo que los niños son nuestro modelo más preciso. Deberíamos preguntarles a los niños y niñas de todo el mundo: ¿qué es una “red social” para ustedes? ¿Cuándo te sientes conectado? Si pudieras imaginar alguna tecnología de conexión con los demas, ¿cómo sería? Desafortunadamente, nuestra imaginación «adulta» a menudo ya está colonizada por imágenes neoliberales y lucrativas. Necesitamos dejar que los niños vuelvan a imaginar. Y también dar credibilidad a su imaginación, es decir, darles espacios reales para materializar sus inventos en el mundo concreto. Porque si seguimos con las redes sociales en su estado actual, nos van a destruir: primero, por el uso criminal de la privacidad de nuestros datos en mecanismos de predicción del comportamiento de usuarios con objetivos comerciales y políticos y sus consecuentes niveles cada vez mayores de polarización, información errónea y fragmentación social; segundo, por el tremendo riesgo de automatizar la sutileza de nuestros procesos mentales en cuanto meros procesos electrónicos, visto que el propio Facebook ya está trabajando en dispositivos capaces de decodificar nuestros pensamientos y escribir 100 palabras por minuto directamente desde la fuente: el cerebro. Por eso, creo que primero es necesario empezar con una reforma urgente, global, en torno de las políticas de privacidad de datos y, junto a eso, trabajar para ponerles límites a lo que las empresas “big tech” nos hacen creer que es nuestro “progreso”, cuando en verdad se trata del fin de nuestra libertad de imaginar. -¿Cuál es, en tu opinión, la fuerza impulsora más profunda detrás de nuestra adicción a las plataformas sociales y los smartphones? -Esa es la pregunta principal de mi libro “Cuerpos de luz: ¿Tienen límites las redes sociales?”, que pronto publicará Palgrave Macmillan en inglés. Después de un Máster en Psicología Social e Institucional en el que investigué meticulosamente la relación entre las redes sociales y el uso de nuestros rastros digitales, me vi en un dilema: «¿por qué todavía sigo en Facebook?» Interrogándome obsesivamente al respecto, me di cuenta de que lo que está en juego es algo que va más allá de nuestra racionalidad y pensamiento lógico. Como mencioné anteriormente, existe algo que llamé un “deseo de omnipresencia”, que es el incontrolable deseo de estar aquí y allá y en todo lugar al mismo tiempo. Según la ciencia experiencial de los yoguis tántricos, todos tenemos un deseo espiritual innato de ilimitación, que es el deseo imparable de nuestras mentes de expandirse para no tener ninguna forma de límite. Bueno, nuestro actual deseo de omnipresencia es una distorsión de este deseo mental de ilimitación en la búsqueda de ser más que el cuerpo. Desafortunadamente, el modelo de cuerpo adoptado como fuerza impulsora actual de nuestros adelantos tecnológicos es, como ha dicho el brillante filósofo argentino Fabián Ludueña Romandini en su metáfora, el cuerpo resucitado de Cristo. Después de más de quince años utilizando las redes sociales y siendo subjectivados por ellas, subconscientemente comenzamos a ver el significado de nuestra existencia ya no como “seres humanos” si no como “ángeles” a imagen y semejanza de nuestros perfiles virtuales. Queremos ser como nuestros perfiles de las redes sociales y convertirnos en seres que puedan traspasar cualquier muro, que no experimenten pausas ni demoras, que no caigan debido a los efectos de la gravedad, pero, sobre todo, que tengan la capacidad de sentir sin verse afectados, tal y como el cuerpo del Cristo resucitado. Los perfiles no tienen los instintos del miedo, el hambre, el sueño y el sexo, responsables de todo tipo de emociones incómodas como la ira, la desesperación, la envidia, la crueldad, el miedo o la tristeza consideradas como “emociones negativas” en la positividad tóxica de las redes sociales. Buscamos desesperadamente no experimentar la soledad del sentir. Porque sentir dolor, desilusión, frustración, nos obliga a afrontar el dolor del trauma. Es la cúspide de nuestra vanidad este deseo de ser omnipresentes, omniscientes y omnipotentes como si fuéramos Dios mismo. Somos seres humanos. Ángeles no. Dioses no. Demonios tampoco. Somos falibles, duales, divinos y carnales, espirituales y animales al mismo tiempo. Estamos entre el cielo y la tierra, vagabundos en el paraíso que inconsecuentemente nos atrevemos a destruir por el estúpido error de pensar que podemos construirlo mejor que el Creador mismo. Por lo tanto, al suprimir nuestra propia animalidad tratando de ser algo que no somos, ángeles omnipresentes, en realidad corremos el riesgo de nuestra propia extinción. -¿Cómo debemos gestionar nuestro uso de internet? ¿Tenés algún consejo práctico que puedas compartir para mantenernos cuerdos? ¿O creés que la gente debería simplemente desactivar sus cuentas de redes sociales y limitar su interacción con la tecnología tanto como sea posible? -Debemos administrar nuestro uso de internet tal y como administramos cualquier otra cosa en nuestras vidas: con equilibrio. Dormir con el teléfono al lado de la cama, despertarnos y abrir inmediatamente las redes sociales, permanecer en el teléfono hasta altas horas de la noche y llenar cualquier tiempo libre que tengamos con el dispositivo no es una forma equilibrada de usar internet. Necesitamos volver a aprender a vivir en el espacio-tiempo fuera de línea. Es un espacio lento y demanda movimiento físico. Tenemos que preparar la comida, limpiar después de cocinar, darnos una ducha, usar nuestro medio de transporte para ir al trabajo, caminar, hacer ejercicios, volver a casa y hacer todo el ritual de cocinar nuevamente, limpiar la casa… Estamos restándole importancia a todas estas cosas básicas de nuestra rutina diaria, considerándolas como algo “menor”, para poder permanecer más tiempo con nuestros teléfonos, tabletas y computadoras. Es importante darles valor a las pequeñas y mundanas cosas de la vida. Es importante poder percibir lo que nuestro cuerpo necesita en cuanto a comida, descanso, placer y movimiento. Nuestros perfiles no comen, duermen, tienen sexo, ni temen. Pero nosotros sí. Algunos ajustes prácticos sencillos pueden ayudar, por ejemplo: apagar el teléfono dos horas antes de irnos a dormir, comprar el antiguo despertador analógico para despertarnos, reinstalar el teléfono fijo, desactivar las notificaciones de las redes sociales, practicar mindfulness, leer un libro, tomar sol, poner las manos y los pies en el césped… Pero el verdadero cambio sólo se producirá cuando decidamos transformar nuestro deseo de omnipresencia en auténtico deseo de presencia. Cuando descubramos que solo seremos ilimitados en los límites de nuestro propio cuerpo y del cuerpo de nuestro planeta. Cuando renunciemos a la necesidad de controlar y saberlo todo para simplemente ser. Cuando nos demos cuenta de que, entre el momento en que sentimos el impulso de conectarnos digitalmente y el acto de hacerlo, existe un pequeño espacio de libertad que podemos usar para tomar decisiones nuevas, sin precedentes y desautomatizadas. El cambio real tiene que venir desde adentro, cambiando el deseo mismo. Por eso, no se trata de estar a favor o en contra de las tecnologías, o verlas como nuestra salvación o nuestra perdición. Se trata apenas de ponerles límites, como todo en la vida. Yo prefiero trabajar por un mundo de películas como «El Planeta Libre» (1996) que de películas como «Ready Player One» (2018). Y deseo que, en esta jornada, la eterna pregunta de Espinosa sea capaz de darnos un horizonte que todavía nos encante: “Al final, ¿qué puede un cuerpo?” Sobre Camila Mozzini-Alister Camila Mozzini-Alister trabaja como educadora de redes sociales, artista escénica en D.I.V.E. Theatre Collective e investigadora adjunta en la Universidad de la Sunshine Coast (USC), Australia. Tiene un Doctorado en Comunicación de la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ-Brasil) y un Doctorado en Artes: Producción e Investigación de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV-España), con un Máster de Investigación en Psicología Social e Institucional de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS-Brasil) y una Licenciatura en Periodismo de la misma institución. Sus intereses de investigación se sitúan en la interfaz entre cuerpo, filosofía de la mente, redes sociales, mediación digital, meditación tántrica, deseo de omnipresencia, afecto, migración y educación. A lo largo de su carrera, trabajó como Educadora de Arte en las Fundaciones Iberê Camargo y Bienal del Mercosur, así como Educadora Social en la Casa de la Juventud Mathias Velho, donde enseñó Periodismo Ciudadano a los jóvenes de la comunidad. Coeditó los libros “Estudios del cuerpo: Encuentros con el arte y la educación” (Estudos do Corpo: Encontros com Arte e Educação) en asociación con Wagner Ferraz; y “Fenomenologías de la gracia: El cuerpo, encarnación y futuros transformadores” (Phenomenologies of Grace: The Body, Embodiment, and Transformative Futures), con Marcus Bussey. En 2019, publicó su primer libro titulado “Impresiones de un cuerpo conectado: cómo la publicidad nos incita a la conexión digital” (Impressões de um corpo conectado: como a publicidade está nos incitando à conexão digital). Camila toma la escritura como un campo de experimentación poética y el cuerpo como nuestro primer y último sustrato creativo. Dunstan, Inés ( 2020), Si no cambiamos nuestra relación con la tecnología digital, la especie humana será consumida por una crisis de salud mental. Entrevista Dra. Camila Mozzini-Alister, educadora en redes sociales. Nueva Sión, Buenos Aires.