viernes, 24 de julio de 2026
El fútbol que nos deja un Mundial en Estados Unidos:FIFA se va con ingresos records y la consolidación de un mercado con capacidad de imponer condiciones (Marcelo Gantman,2026)
El fútbol que nos deja un Mundial en Estados Unidos
FIFA se va con ingresos records y la consolidación de un mercado con capacidad de imponer condiciones. La era de los algoritmos: un final de conversación envenenada entre vencedores y vencidos.
FIFA se va por un rato de Estados Unidos celebrando su éxito total. Según cálculos conservadores el Mundial 2026 tuvo ingresos por 13.000 millones de dólares y un récord de 6.810.966 hinchas en las canchas. La final entre España y Argentina tuvo 66.4 millones de espectadores promedio en la TV norteamericana. Es la mayor audiencia para un partido de fútbol y la segunda en términos absolutos detrás del Super Bowl de febrero pasado.
Fox y Telemundo facturaron 1.200 millones de dólares en venta de activos publicitarios. Las cifras son apabullantes en todos los sentidos y para lo que sea. Google tuvo búsquedas masivas en Euroa sobre el preparado de la ranch dressing. Cabo Verde es un destino turístico a minutos de quedar gentrificado y el consumo de cerveza aumento un 14 por ciento en las ciudades que fueron anfitrionas.
Hubo más partidos y más sedes. Los números también fueron positivos en la nueva línea de ingresos inaugurada por la FIFA en el Mundial: los mercados de predicciones. Se estima que movieron un volumen de 12.000 millones de dólares según los datos de Kalshi.
El Mundial confirma a Estados Unidos como un mercado consolidado para el fútbol. Su interés ya no se discute. Toda idea de que los estadounidenses ven en el fútbol un elemento ajeno a sus pasiones deportivas debe ser descartada por irreal y anacrónica. Podrán ir a buscar una hamburguesa y una cerveza mientras el juego sigue y el 2 se la pasa al 6 y el 6 se la pasa al 3, pero el fútbol ya lo asimilaron, lo entienden y ahora le aplican sus modos.
El asunto futuro es cómo esos modos seguirán su curso, en la medida que más inversores norteamericanos en clubes de Europa y otras partes del mundo, consoliden su avance hacia un fútbol más ligado al entretenimiento.
La MLS aprovechó el último coletazo del campeonato para promocionar el reinicio de la competencia con un recordatorio: Messi pertenece a acá. Lo que vaya a ser el futuro de Messi como futbolista tiene a la MLS como lugar garantizado. Como celebridad y estrella global que es, su influencia tiene dos camisetas: la de su club y la de la Selección Argentina. Así lo entendió Fanatics, que horas antes de la final del Mundial publicó un video apalancado en el concepto de no colgar la camiseta de Messi y en qué hay que hacer para lograr eso.
La inclusión de Ted Lasso en el show del entretiempo se justifica más como un guiño local a la liga y especialmente a Apple como tenedora de los derechos de la MLS. Tanto FIFA como YouTube -plataforma preferente- todavía tienen negocios por explorar con respecto al fútbol en cualquier territorio. Al mismo tiempo, el interés por el fútbol internacional sigue en expansión en Estados Unidos. El Mundial fue el ámbito en el que se renovaron y anunciaron acuerdos de transmisión de varias ligas y competencias futbolísticas. Se puede ver en el siguiente cuadro.
Desamericanización del fútbol: opiniones y argumentos
Lo que debería seguir es una desamericanización del fútbol, tal como lo definieron Sportico y The Athletic, dos medios que producen sus noticias con una mirada abarcativa de todas las ligas profesionales de Estados Unidos. En líneas generales, la innovación no les gustó. No es que sus opiniones tengan más valor. Lo que sí tienen es el conocimiento de cómo funciona la maquinaria de cada deporte en el centro del corazón del showbusiness, con su idiosincrasia y aquello que los hace reconocibles en el cruce entre épica deportiva y negocio.
Pasado el experimento, arriesgamos, la FIFA debería recalcular y darle al fútbol la singularidad que tiene como deporte. Devolverle su continuidad y dinámica al juego. Que la pausa de hidratación vuelva a ser el recurso sanitario acostumbrado. Mantener eso sí las nuevas reglas que hicieron del fútbol un campeonato de mayor tiempo de juego efectivo.
El fútbol reaccionó con anticuerpos robustos durante el campeonato. Y fue en los estadios mexicanos donde se oyeron los primeros silbidos a la pausa de hidratación. Una cultura defendiendo a otra.
El fútbol reaccionó con anticuerpos robustos durante el campeonato. Y fue en los estadios mexicanos donde se oyeron los primeros silbidos a la pausa de hidratación. El 14 de junio en Monterrey (Suecia 4, Túnez 0) y el 17 de junio en el Azteca (Colombia 3, Uzbekistán 1). El fútbol de siempre defendido por la cultura deportiva de los espectadores mexicanos, que a la vez tienen conocimiento de primera mano sobre usos y costumbres del deporte en Estados Unidos.
La reprobación definitiva cruzó las fronteras y el 20 de junio, en Houston, las hinchadas de Países Bajos y Suecia también hicieron oír su descontento. Mucho enojo fácilmente detectable y con una razón muy concreta para un fútbol que afirma poner al fanático en el centro de todo.
La noción de desamericanizar también tiene sentido en el tipo de narrativa audiovisual que tuvo el campeonato. Un estilo de transmisión plagado de interrupciones por las pausas de hidratación, el cameo constante hacia ricos y famosos y recurrentes pasajes de encadenamiento de expresiones de hinchas, niños que lloran por un gol en contra y menos detalle en las acciones de juego. Un scrolleo de primera pantalla hecho por otro.
Algunas cuestiones organizativas también hay que sentirlas en el alma para que tengan sentido. El show del entretiempo lució como un karaoke lavado del superbowl. La performance que agrupó a Madonna, BTS, Shakira, Justin Bieber, Ted Lasso, los Muppets y el mensaje ubicuo de Coldplay tuvo la pretensión de llegar a todos los públicos a la vez y satisfacer diferentes gustos generacionales con un poco de todo y mucho de nada.
La final del Mundial transformada en espectáculo cuando el deporte más global del planeta se resiste una y otra vez a esta clase de presentaciones. La gente en la cancha quiere el partido. La misma gente en un Fan fest puede ser más receptiva a otro tipo de estímulos.
El Mundial oficia como un hecho excepcional dentro del fútbol. Es el escenario más elevado y de más clara conexión con la historia, la identidad nacional y la emoción de este juego. Lo que sigue ahora es el fútbol recurrente con sus ligas domésticas y campeonatos internacionales. Cómo será a partir de ahora este juego es lo que más interesa. Si las innovaciones del Mundial quedarán pegadas en la piel o se irán así como llegaron
Una pronta luz en el tablero apareció cuando miraba un partido por la Sudamericana entre Universidad Central de Venezuela y Santos. Me lo encontré, sin plan alguno, tal vez con la inercia de seguir viendo fútbol como único hecho en mi vida durante 39 días de Mundial.
Los dos equipos fueron en cada tiempo a las pausas de rehidratación, un recordatorio de que CONMEBOL ya las había institucionalizado antes del Mundial. En este caso, sin el bombardeo de la tanda publicitaria. Si la interrupción se mantiene, pedimos que al menos podamos escuchar al coach cuando da sus indicaciones.
La pregunta legítima es si el camino del fútbol en el futuro será el que consolide la idea norteamericana de que el juego admite toda clase de pausas -incluso las narrativas-, interrupciones y shows asociados. O tal vez, ahora que vimos y experimentamos cómo es el fútbol según el molde del mercado de Estados Unidos, lo innovador será conservarlo como fue casi siempre. Sin alteraciones. Con dos tiempos de juego en lugar de cuatro. Si la FIFA hace esa lectura, un paso atrás significará un avance.
Cae el telón: mensajes hostiles y peleas contra fantasmas
Esta despedida del Mundial finalmente apunta a una de las consecuencias que tuvo el Mundial, en su última semana especialmente. Los algoritmos que potencian lo que irrita y lo que enoja hizo emerger comentarios donde el desprecio fue el contenido principal.
Parece que pasaron 5 años desde que la NFL hizo un posteo luego de una gran actuación de Messi donde el football reconocía al fútbol, pero fueron apenas 15 días: fue cuando Argentina remontó en octavos de final contra Egipto y ganó 3 a 2 en los 10 minutos finales.
Los cracks de NFL rendidos ante Messi. Las redes sociales luego amplificaron contenido hostil
El reconocimiento de la grandeza de un futbolista a los 39 años, como un viento que cambia de golpe, mutó a críticas despiadadas. Una campaña hostil y anárquica, con un patrón reconocible en sus mensajes y de rápido crecimiento gracias a los algoritmos potenciados.“Why everyone suddenly hates Messi: a propaganda breakdown” (Por qué de repente todos odian a Messi: un análisis propagandístico) fue un artículo muy citado en X que describe cómo se montan estas campañas para que tengan éxito.
Otros reportes con análisis de datos e identificación de clusters y tópicos específicos también detectaron núcleos conversacionales donde se identifican tendencias impulsadas contra Messi y la Argentina del Mundial. Algunos ejes del debate constituyen todo un absurdo, como lo señala el texto que sigue a continuación, perteneciente a un trabajo de análisis de temáticas y sentimientos en redes titulado Cien mil moscas. Discursos de odio contra la Argentina:
Messi ocupa un lugar central en esta narrativa. Su trayectoria, premios y hasta la cobertura mediática que recibe son presentados como pruebas de un sistema diseñado para consagrarlo. De ese modo, la sospecha no queda limitada a una jugada o a un partido particular, sino que se extiende a toda la historia reciente de la selección: Argentina no gana porque juega mejor, sino porque hace trampa, juega sucio, compra árbitros o recibe un trato preferencial. Aunque esta conversación conserva los códigos de la rivalidad deportiva, en sus formulaciones más extremas deja de cuestionar resultados concretos y convierte la trampa en un atributo de los argentinos en general.
El trabajo conecta el camino de Argentina en el Mundial, la figura de Messi como villano y tramposo, con afirmaciones sobre racismo en la Argentina, posicionamientos políticos internacionales y otros temas que apuntan a la confusión y las noticias falsas como fuente de indignación. En algunos casos, celebridades, escritores y artistas adhirieron con likes a esas proclamas. Algunos luego admitieron haberlo hecho sin haber leído.
En una línea para no abordar estas cuestiones solamente como una reacción exagerada por un argentinismo herido, es útil recordar que Messi padeció algo así cuando todavía estaba en el Barcelona y se descubrió una campaña en su contra financiada por facciones políticas que gobernaban al club en ese momento.
Fue el denominado Barçagate y que estalló a la par de la pandemia en 2020. Messi todavía no era campeón del mundo con Argentina y la Selección de Scaloni por entonces no era candidata a nada. Difamación de diseño contra Messi y otros personajes ligados club como Guardiola, Piqué y hasta ejecutivos de Mediapro, cocinada en las dark kitchens de agencias de marketing digital.
Sin victimizaciones ni miradas inocentes, este es un modo de acción que corre en paralelo a la influencia y el impacto positivo de causas en las redes sociales. Esto corresponde a su lado opaco, que lo tiene. Se monta una campaña de difamación, basada en la repetición de mensajes y clips que construyen un nuevo sentido común sobre el que luego, lo que se ve, es aceptado como la realidad misma.
El Mundial comenzó con cantidades industriales de videos tácticos que elogiaban el juego de la Argentina y finalizó con Messi convertido en tramposo y villano.
El arco narrativo es sorprendente: el Mundial comenzó con cantidades industriales de videos que elogiaban el estilo de juego asociativo y centralizado de la Argentina, con Messi como destino del pase final al que llegaba sin esforzarse, para finalmente convertirse en un tramposo y un villano.
Los algoritmos que premian los mensajes hostiles y la indignación generaron una pelea contra fantasmas en las redes que lleva más de 72 horas. Enojos por likes a publicaciones de perfiles falsos. Como signo inequívoco de estos tiempos, el Mundial desembocó en comentarios, reacciones y descalificaciones que no ahorraron expresiones de desprecio y racismo. Mbappé y los suyos pueden dar fe de lo mismo.
Los comentarios en las tertulias españolas que circularon por redes abundaron más en el comportamiento de los argentinos que en la celebración propia. Cada quién festeja como quiere. Nada que decir. Pero sí queda mucho para pensar en las motivaciones para que eso suceda. ¿Influencia para seguir la corriente de lo que se supone esperan las audiencias o creencia verdadera?
El abuso social media puede que sea un síntoma de debates fallidos enloquecidos por algoritmos. Y que cuando miremos por la ventana el mundo real luzca amable y gentil. Pero el fútbol que une al mundo, en su punto de encuentro que son las redes, se despide hasta 2030 con el zumbido de una conversación envenenada que deja sabores amargos.
España es un justo y merecido campeón. Fin de una discusión que no admite matices.
Gatman, Marcelo. "El fútbol que nos deja un Mundial en Estados Unidos", Big Data Sports , Buenos Aires, 23 de Julio de 2026
FIFAPhy según datos oficiales de FIFA
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