domingo, 26 de julio de 2026
A 60 años de ´La noche de los bastones largos´: "A la universidad se la ponía, y se la quiso hacer ver por primera vez desde el estado, como enemiga del pueblo argentino" (Mario Rapaport, 2025)
El 29 de julio del año 1966 una brutal represión a la comunidad educativa de la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Buenos Aires marcó para siempre un antes y un después en el imaginario colectivo. La sagrada autonomía del sistema universitario había sido quebrada por el decreto ley N 16.912 de intervención y una represión en simultáneo del gobierno del dictador Juan Carlos Onganía. Desde Refugio Latinoamericano, recordaron al cumplirse 50 años, los lineamientos de la primera etapa de la "Revolución Argentina" y lo sucedido ése día, donde se hizo añicos la educación argentina, sin medias tintas, a golpes de bastón a docentes, científicos y pensadores de la Universidad de Buenos Aires , pilar por sus logros en el mundo,
Pafticipantes y víctimas de la Noche de los Bastones Largos, recordaron los sucesos: "Al grito de ´salgan comunistas de mierda, judios hijos de puta´ la guardia de infantería de la policía federal estrenaba sus bastones largos de madera en la “manzana de las luces”, cuna de la intelectualidad de la ciudad de Buenos Aires, contra el cuerpo de estudiantes, docentes y no docentes de una de las facultades de la UBA. Una noche sangrienta producto de la violencia de estado promovida por la dictadura del Gral. Onganía quebró por primera vez la autonomía universitaria, no solo por el simple pero no menos grave acto de intromisión a una facultad sino por la intervención formal del sistema universitario nacional en general, hecho nunca antes promovido desde el estado argentino.La redada denominada “Operación Escarmiento” fue un tiro en el pie de un gobierno ilegítimo e ilegal al cerrar de la peor manera la época “dorada” del sistema superior universitario (en un contexto en paralelo de sociedad “imperfecta” por tener al peronismo proscripto). Una doble fila de la policía munidos de bastones de madera “largos” de reciente incorporación, desalojaron y castigaron físicamente a quienes se encontraban realizando una toma pacífica en reclamo por el avance contra la autonomía de las universidades nacionales; mientras los hacían salir para llevárselos detenidos en los camiones celulares. Un mes después de haber derrocado al gobierno constitucional de Ilia, el dictador Onganía decidía mediante un decreto intervenir las 8 universidades nacionales argentinas. El decreto Ley del Poder Ejecutivo con fecha de sanción el día 29 de julio de 1966, bajo el número 16.912, y publicado en el boletín oficial el 1 de agosto del mismo año afirmaba qué “corresponderá al Ministerio de Educación y Justicia el ejercicio de las atribuciones reservadas por los estatutos de las Universidades a los Consejos Superiores o Directivos. Funciones de los Rectores o Presidentes de las mismas y de los Decanos de las Facultades. No podrán realizar actividades políticas los centros o agrupaciones estudiantiles”.
Un éxodo, una diáspora de investigadores y docentes entendida como la primera “fuga de cerebros” del país inició el primer ciclo de exilio de intelectuales del sistema público educativo nacional de formación superior. Alrededor de 1348 personas renunciaron, fueron cesanteadas o migraron forzosamente hacia el exterior por razones políticas. El preludio de la posterior construcción del enemigo interno de la dictadura genocida de 1976 ya estaba en marcha. A la “universidad” se la ponía, y se la quiso hacer ver por primera vez desde el estado, como enemiga del pueblo argentino.
El ámbito universitario fue el primer frente de tormenta que puso al desnudo las intenciones gubernamentales. Interpretando que la “politización” de las universidades constituía un terreno propicio para la “infiltración marxista”, el gobierno —a fines de julio— decidió eliminar la autonomía de esas casas de estudio. A manera de respuesta, numerosos profesores de la UBA presentaron sus renuncias y se exiliaron antes de que el gobierno decidiera sus cesantías. Los centros estudiantiles fueron desalojados mediante la violencia, y la reacción de los jóvenes derivó en enfrentamientos con la policía, que asaltó la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA durante la denominada “noche de los bastones largos”, en la que fueron golpeados y arrestados profesores y alumnos.
Pablo Jacovkis, matemático, que fue decano de la Facultad durante dos períodos consecutivos y director del Instituto del Cálculo, en 1966 era docente auxiliar y terminó su carrera de grado en la Facultad “post bastones”. Fue el segundo en dar su testimonio en la jornada dedicada a conmemorar los 50 años de uno de los días más aciagos para la educación cienntífica argentina. Eligió referirse al contexto de la época, marcado por la dictadura de Juan Carlos Onganía, y a las consecuencias inmediatas de La Noche de los Bastones Largos. Jacovkis comenzó sosteniendo que, en aquellos años, “a la sociedad argentina la democracia le importaba poco” y que “fue necesaria otra dictadura comenzada diez años después y muchísimo más siniestra para que la democracia vuelva a ser una buena palabra en nuestro país”. Ese marco, para Jacovkis, permitía advertir que para la educación y para la Universidad iba a ir todo mal. Y recordó, además, que la Universidad tenía enemigos en su interior. “La Facultad de Derecho era el cuartel general de la derecha más rancia y troglodita de la Universidad de Buenos Aires”.Después del golpe de Estado, “la situación era esquizofrénica”, dijo Jacovkis recordando su propia experiencia, en este caso, como estudiante de matemática.
“Las clases habían terminado y mis compañeros y yo preparábamos nuestros exámenes sin saber si el ataque a la Universidad se produciría antes o después de tal fecha de examen; es decir, si alcanzaríamos a dar los exámenes o no”. Cerrando su discurso, Jacovkis indicó que “el golpe del 66 provocó un retroceso, parálisis e inmovilidad en las universidades que congeló no solamente muchas áreas científicas -probablemente Computación fue la más afectada porque, por ser la más joven, era la que menos masa crítica tenía- sino que retrasó casi dos décadas la discusión sobre una gran cantidad de temas de política universitaria, algunos de los cuales todavía no han sido encarados”.
La química Silvia Braslavsky, quien desarrolló la mayor parte de su carrera en el Instituto Max Planck en Alemania, después de recorrer varios países, tras su renuncia a Exactas, y que en 1966 era docente auxiliar y estudiante de doctorado. “Muchos de nosotros no queríamos renunciar y teníamos, tal vez por nuestra formación política, la convicción de que había que luchar desde adentro”, comenzó diciendo Braslavsky, en relación con las renuncias presentadas en forma masiva tras los bastonazos. “Pero también nuestra inserción en esos grupos de trabajo, en esa mística científica que se había creado en la Facultad, nos hacía respetar las decisiones mayoritarias”, agregó. Asimismo, Braslavsky rescató la decisión de varios de los profesores renunciantes, de propiciar la reubicación inmediata de los más jóvenes, pensando, más que nada, en las posibilidades de regreso y de continuidad del proyecto científico nacional. “Ocurrieron los éxodos o, llamémoslos, traslados, de los grupos de trabajo. Quisiera rescatar esa idea de mantener los grupos en Latinoamérica. Si no hubiera existido esa idea, ese esfuerzo colectivo, habría habido una dispersión a los países industrializados mucho mayor. Y yo pienso en la pérdida, que fue terrible… Cada vez me asombro más de las capacidades que se perdieron. Pero si no hubiera habido alguna cosa organizada, la dispersión habría sido mucho peor”, reflexionó.
Por su parte, el historiador y economista, Mario Rapaport, rememoró las consecuencias de la trágica jornada del 29 de Julio de 2026:" Un éxodo, una diáspora de investigadores y docentes entendida como la primera “fuga de cerebros” del país inició el primer ciclo de exilio de intelectuales del sistema público educativo nacional de formación superior. Alrededor de 1348 personas renunciaron, fueron cesanteadas o migraron forzosamente hacia el exterior por razones políticas. El preludio de la posterior construcción del enemigo interno de la dictadura genocida de 1976 ya estaba en marcha. A la “universidad” se la ponía, y se la quiso hacer ver por primera vez desde el estado, como enemiga del pueblo argentino.
La noche de los bastones largos y el exilio de los intelectuales.
Fuentes:
Giner, Hernán:" La noche de los bastones largos y el exilio de los intelectuales. Entrevista a Mario Rapoport, Refugio Latinoamericano, 29 de Julio de 2025.
Recuerdos de aquella nochehttps://exactas.uba.ar/2 de septiembre de 2016
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