Perlitas de la Historia
jueves, 8 de octubre de 2026
El Buenos Aires Lawn Tennis Club, celebran cien años de existencia
La Tribuna Central Horacio Billoch Caride y su cancha Guillermo Vilas, el emblemático estadio del Buenos Aires Lawn Tennis Club, cumplen un siglo de vida.
Hay historias que ocupan cientos de páginas entre las tapas de un libro, pero hay construcciones que guardan miles de ellas entre sus muros, en sus pasillos o que circulan suavemente sobre el suelo moviendo las hojas del mismo modo que una brisa, como sucede en el estadio del Buenos Aires Lawn Tennis Club, escenario donde crecieron y se hicieron grandes algunas de las figuras más importantes de la historia del tenis argentino y mundial, en donde se desarrollaron históricas jornadas de Copa Davis, del Campeonato del Río de la Plata y, desde 2001, del ATP 250 Argentina Open.
El homenaje de la televisión de Brasil a Lionel Messi que hizo furor: “¿No te puedes quedar un poquito más?
Te puede interesar:
El homenaje de la televisión de Brasil a Lionel Messi que hizo furor: “¿No te puedes quedar un poquito más?
Desde las hojas del Libro de Actas del Buenos Aires Lawn Tennis emerge que el 26 de octubre de 1925 la Comisión Directiva del club decidió avanzar con la construcción de un estadio que pudiera recibir a la creciente cantidad de espectadores que seguían las competencias. La obra comenzó en mayo del año siguiente, con planos realizados por el ingeniero Alberto Dumas y el arquitecto Carlos Dumas, socios de la institución. Ambos donaron los planos, sus honorarios y la dirección de la obra.
PUBLICIDAD
El proyecto se financió con el aporte de los propios socios del club, a través de un bono destinado a reunir los fondos necesarios y el resultado fue una empresa enorme para aquella Buenos Aires. La Tribuna Central, así llamada la construcción en el tenis, tenía inicialmente capacidad para 3.000 espectadores y fue construida sobre una estructura de cemento armado, con tribunas y dependencias debajo de las gradas. En ese momento se convirtió en uno de los grandes estadios de tenis de Sudamérica y, por sus características, en una construcción pionera para la ciudad. Hasta el diseño tenía una preocupación particular: se dejó una distancia de diez metros entre las líneas de fondo y laterales y las tribunas para retrasar todo lo posible la aparición de sombras sobre la cancha. La idea original, incluso, contemplaba una estructura similar a la de Forest Hills, en Nueva York, en donde se disputaba el Abierto de los Estados Unidos, hoy conocido como el US Open.
El impensado discurso de uno de los periodistas más críticos de Messi tras su despedida de la selección argentina
Te puede interesar:
El impensado discurso de uno de los periodistas más críticos de Messi tras su despedida de la selección argentina
En un principio se había pensado en un diseño en forma de herradura, pero finalmente se decidió cerrar también el sector oeste, porque se consideró que era el lugar de mayor privilegio para observar los partidos.
PUBLICIDAD
Así, para el 9 de octubre de 1926 ya estaba todo en condiciones y el público ocupó sus tribunas por primera vez para presenciar las jornadas finales de la Copa Mitre, entre la Argentina y Brasil. La obra todavía no había tenido su inauguración formal, pero el estadio ya comenzaba a cumplir con aquello para lo que había sido construido: reunir a miles de personas alrededor de una cancha de tenis y darle el marco necesario a las grandes presentaciones.
El video que hace furor en la Fórmula 1: el peculiar saludo de Colapinto que sorprendió a Max Verstappen
Te puede interesar:
El video que hace furor en la Fórmula 1: el peculiar saludo de Colapinto que sorprendió a Max Verstappen
Un año más tarde, en noviembre de 1927, llegarían al país dos de Los Mosqueteros franceses, Jacques Brugnon y Jean Borotra, junto a Christian Boussus, que integraban el equipo de Copa Davis, que había conquistado, por primera vez, la Ensaladera de Plata. Durante la presentación oficial, estuvo presente el presidente de la Nación, Marcelo T. de Alvear.
PUBLICIDAD
El estadio porteño, el primero de hormigón en la ciudad de Buenos Aires, no fue simplemente una construcción importante para el deporte argentino, apareció en una época en la que las grandes capitales del tenis comenzaban a levantar sus propios templos y se anticipó en dos años al que la Federación francesa construiría en el Bois de Boulogne, de París, para que su equipo defendiera la Copa Davis, en 1928, ante el de los Estados Unidos. A partir de ese momento nacía el Stade Roland Garros.
La primera modificación al estadio del Buenos Aires fue la ampliación de 1953, cuando el arquitecto Mario Roberto Álvarez proyectó una obra que prácticamente duplicó su capacidad. Aquella ampliación terminó de darle la dimensión que conserva, con capacidad actual para 5.027 espectadores, aunque durante décadas fue capaz de recibir a públicos todavía mayores según las características de cada competencia. En ese momento las gradas de hormigón ya tenían asientos de madera para el público, que fueron cambiadas por butacas plásticas más confortables en el segundo lustro de este siglo, con motivo de una modernización de sus instalaciones, algo que ha venido sucediendo en los últimos años, también, en búsqueda de mejoras para los jugadores y mayor confort.
PUBLICIDAD
Pero el estadio comenzó a construir su propia historia sobre el polvo de ladrillo y bajo las gradas de cemento. En medio de esas paredes construidas como depósito, se proyectaron pequeños albergues que sirvieron de habitaciones para jugadores que llegaban desde el interior del país o del extranjero, como el paraguayo Víctor Pecci. Así, Guillermo Vilas supo tanto lo que se sentía dormir debajo de esas frías escalinatas como, también, del calor que de ellas surgía en cada una de sus presentaciones.
El escenario moderado de tenis hasta comienzos de los ’70 vivió la explosión de la popularidad de este deporte con la aparición del Gran Willy y las tribunas fueron escasas y desbordadas, por lo que debieron anexarse tribunas tubulares, del lado del río, ya que en el sector opuesto se encontraba la pileta del club, ya desplazada hace años.
PUBLICIDAD
El tenis encontró su lugar emblemático en esa Tribuna Central y, desde 1933, se transformó en la sede para que Argentina jugara de local las series de Copa Davis. Y se convirtió en bastión, en escenario de grandes hazañas, de emotivas alegrías y dolorosas derrotas.
En los albores del tenis profesional se volvió el templo al que la gente llegaba para venerar a Guillermo Vilas y el tenis argentino comenzó a darle el nombre de La Catedral. En esa época dorada arribaron grandes nombres del tenis mundial: Roy Emerson, Rod Laver, Bjorn Borg, John McEnroe, Ivan Lendl y Manolo Orantes, entre otros.
PUBLICIDAD
Después, vinieron los tiempos de disfrutar de la exquisita Gabriela Sabatini, José Luis Clerc, a La Legión, con David Nalbandian, Guillermo Coria, Gastón Gaudio y tantos otros, como Ricardo Cano, Martín Jaite, Javier Frana, Alberto Mancini y Diego Schwartzman, mezclando épocas. También, este estadio, disfrutó de la primera y última aparición ante el gran público argentino de Juan Martín del Potro.
En esa Tribuna Central, Guillermo Vilas consiguió su primer título profesional, ante Bjon Borg, se hizo fuerte en Copa Davis, ganando 29 de los 38 partidos que disputó, y fue el responsable de la instalación de tribunas tubulares para albergar a más gente.
PUBLICIDAD
Guillermo Vilas
Guillermo Vilas
Por todo esto, a partir de 2016, la cancha del estadio recibió el nombre del tenista más importante de la Argentina, de quien popularizó y masificó este deporte en el país: Guillermo Vilas quien, además, en su juventud representó al Buenos Aires en los Interclubes nacionales.
El tenis mundial de este siglo conoce el legado de este estadio. El brasileño Guga Kuerten se trepó al N°1 del mundo ganando el primer Argentina Open, en 2001, y también pasaron otros 12 líderes del ranking de ATP y el próximo: Bjorn Borg, John McEnroe, Ilie Nastase, Mats Wilander, Ivan Lendl, Andre Agassi, Marcelo Ríos, Carlos Moyá, Marat Safin, Juan Carlos Ferrero, Rafael Nadal, Carlos Alcaraz y Alexander Zverev.
No es solamente una lista de campeones. Es la dimensión de un escenario que durante cien años permitió que generaciones diferentes del tenis se cruzaran sobre la misma cancha, con distintas raquetas, distintas pelotas y distintas maneras de entender el juego.
El nombre que lleva actualmente la Tribuna Central también pertenece a esa historia. Horacio Billoch Caride fue presidente del Buenos Aires Lawn Tennis Club durante 35 años, desde 1968, y presidió la Asociación Argentina de Tenis en dos períodos. Fue jugador, dirigente y juez de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, pero su vínculo con el club trascendió ampliamente esos cargos. El estadio lleva su nombre, porque durante buena parte de su vida estuvo ligado a la institución y porque su figura quedó asociada a una etapa fundamental de la historia del tenis argentino.
Por eso, cuando se habla del centenario de la Tribuna Central, no se habla solamente de una estructura que sobrevivió un siglo. Se habla de un escenario que vio pasar buena parte de la historia del tenis argentino, que vivió la transformación de este deporte, que estuvo allí, cuando el tenis todavía buscaba su lugar, cuando Vilas lo convirtió en una pasión popular, cuando la Copa Davis llenaba las tribunas y cuando Gaby Sabatini hizo que millones de argentinos siguieran sus partidos y llegaran otras figuras como Steffi Graf, Martina Navratilova y Billie Jean King.
Este 8 de octubre no se recuerda una obra de cemento armado levantada en Palermo en 1926, mirando hacia atrás se comprende que sobre ese polvo de ladrillo no se construyó sólo una estructura, sino buena parte de la memoria del tenis argentino.
En sus vestuarios, aún se guardan los rumores de aquella reacción de Jaite, cuando Agassi agarró la pelota con la mano para darle un punto, de la charla por la lesión de Borg, los comentarios de Diego Maradona en su visita a los torneos, de las diferencias entre Vilas y Clerc y de los sueños de los jóvenes que durmieron sus sueños de éxito en los dormitorios bajo sus tribunas.
No es de extrañar, entonces, que tal vez no sea la brisa la que mueva las hojas caídas de los árboles que circundan el estadio, sino alguna de esas tantas historias de estos 100 años que guarda la cancha Guillermo Vilas y que quiere ser contada.
La Catedral del tenis argentino cumple 100 años, euique Cano, Infobae, 8 de Octubre de 2026
.
Seguir sin Messi
El adiós a la Selección Argentina fue una conversación abierta con la multitud. Un mensaje colectivo y personalizado. Una noche con Messi tras 20 años de conexión emocional de toda una generación.
Dos décadas sin pausa en la elite del fútbol, y ahí va Messi, a los 39, en un partido sin nada para ganar o perder, corriendo una pelota para que no se pierda por el fondo de la cancha. La grandeza incomparable de un futbolista ahora iluminada en ese sprint para dejar la pelota justito clavada en el corner; como cuando hacemos esas carreras absurdas contra otro en la vereda, sin que ese otro se entere. La satisfacción de vencer motivada por el desafío interno.
Espíritu amateur dirán algunos. Fiereza competitiva hasta el último suspiro dirán otros. Mil formas de llamarlo. Es una nueva síntesis de Messi y su compromiso con el fútbol como juego, arte y espectáculo.
La noche del adiós de Messi a la Selección Argentina obliga a apagar las imperfecciones del acontecimiento y otros detalles que pasamos por alto con total intención. La idea es quedarnos con Messi y su conexión emocional con la multitud. Diez minutos de discurso que se explican solos.
Messi llegó a la Selección como un chico callado y se va suelto y locuaz. Le puso nueva firma a una pieza narrativa que tomó cuerpo en el andar, y se convirtió en un match momentum incorporado a los hitos de los que consiguen cambiar el curso de la historia de aquello que hacen.
Para seguir con este newsletter, primero hay que leer lo que se vio. Esto es lo que Messi dijo:
Bueno, la verdad es difícil decir algo hoy. Hay muchas, muchas emociones, se me cruzan muchas cosas. Obviamente lo primero que pienso es en mi viejo.
No me queda más que agradecer. Como le dije en la carta de despedida, fue un orgullo muy grande para mí defender esta camiseta durante todo estos más de 20 años. Hasta en los peores momentos que lo hemos pasado y lo he tenido, nunca dejé de luchar, de pelear, de dar el máximo, de querer estar siempre.
El no venir más va a ser un dolor muy grande, te juro que le juro que me gustaría venir toda la vida, porque jugar en la Selección Argentina es lo más lindo que te puede pasar, lo más lindo que te puede pasar.
Como dije, si bien quiero estar toda la vida acá, siento que es el momento. El último Mundial ya fue demasiado todo lo que me tocó vivir. Tuvimos el sueño de cumplir el sueño mío y el de todo el país de volver a ser campeones del mundo.
El último Mundial estuvimos muy, muy cerquita. Y la realidad es que no pasó nada raro como se dice. Dimos todo. El partido con Inglaterra fue un desgaste muy grande para nosotros a nivel de pierna, a nivel emocional fue un desgaste muy grande. Y la realidad es que llegamos con lo justo, que peleamos como lo hicimos siempre, como lo hicimos con esta camiseta con todos los compañeros que me tocó pasar y compartir.
No solo con ellos y con los que estuvieron en la época que nos tocó ganar, sino que antes también lo hicimos, pero lamentablemente no pudimos ser campeones. También estuvimos muy cerquita, pero no tengan duda que todos los compañeros que tuve al lado siempre dejaron todo por esta camiseta, siempre.
Bueno, agradecer a mis compañeros obviamente por este tiempo que me tocó compartir con este grupo, que fue mucho, que me hicieron cumplir el sueño de chiquito, que me hicieron ser campeones del mundo, campeones de América, Finalissima y todo lo que jugamos. Fue un orgullo enorme para mí compartir la cancha y fuera de la cancha con todos ellos. Era salir a competir y competirle a cualquiera porque sabía que tenía guerreros al lado que se dejaban la vida.
No sé, seguramente me olvido de muchas cosas que me gustaría decirles, pero es un momento muy difícil para mí. Voy a extrañar muchísimo jugar acá. Tuve la suerte de ir por todo el país porque me tocó jugar por todos lados, y siempre recibí un cariño enorme de todos, de mi inicio hasta el final. Y nada, soy un agradecido por todo lo que me tocó vivir.
Agradezco todo este tiempo que siempre fui donde fui, siempre la cancha llena, sea el partido que sea, Mundiales, Copa América, estaban en todos lados haciendo un esfuerzo enorme porque sabemos lo difícil que es estar en la cancha, viajar a Mundiales, viajar a Copa América. Y ustedes lo hacen siempre, siempre somos locales en todos lados y eso nosotros lo sentimos.
En este lugar me tocó vivir uno de los días más felices de mi carrera, que fue cuando volvimos a jugar el primer partido después del Mundial. El haber vivido lo que viví ese día no se me va a olvidar nunca más, fue lo más lindo que me pasó, fue hermoso. Hasta el día de hoy veo videos y me emociono. La verdad que ese día va a quedar en la historia mía, de todos ellos, de todos nosotros, de mi familia. Fue algo espectacular, así que muchísimas gracias.
Hoy nuevamente acá, seguramente me toca vivir el día más triste de mi carrera, que es donde le digo adiós a la Selección, adiós a todos ustedes. Lo voy a extrañar, voy a extrañar defender los colores de la Selección. Pero ahora voy a estar de ese lado con todos ustedes, bancando a todos estos chicos y a todos los que vengan, siempre, siempre unidos.
Quedó más demostrado que cuando nosotros nos juntamos y estamos unidos somos más fuertes que cualquiera y superamos cualquier cosa. Van a venir momentos duros seguro, porque no es normal lo que se hizo todo este tiempo. Y en esos momentos duros tenemos que estar nosotros acompañando más que nunca, como le digo siempre a ellos, o le dije la última vez o la última charla: para conseguir objetivos grandes hay que hacer un grupo fuerte, hay que hacer un grupo unido, porque hay gente que quiere ver mal a la Selección, entonces no hay que darle el gusto.
En los momentos duros, los momentos difíciles, es cuando realmente se ve el grupo y cuando se puede salir de momentos o situaciones difíciles. Cuando no hay un grupo fuerte es muy difícil conseguirlo, y ya les digo que nosotros éramos un grupo extraordinario, por eso conseguimos todo lo que conseguimos.
Bueno, sé que la verdad estoy hablando más que nunca. La verdad que no me quiero ir de acá, no quiero dejar la cancha. Solo decirles que los quiero, los voy a extrañar, y soy un agradecido a Dios, como dije, de ser argentino, orgulloso de ser argentino y de haber cumplido el sueño con todos ustedes.
Muchas gracias, los quiero.
El discurso de Messi fue un recordatorio emotivo de que todo, pero todo, siempre es obra de los jugadores. En el repaso mental de todos sus momentos con la Selección, incluyó a los que fueron campeones y los que no.
Messi avisó que cometería olvidos. No hubo menciones a los cuerpos técnicos y mucho menos a los que pueden estar cerca, prácticamente encima, pero quedan del otro lado de la línea de cal. De todos modos, los casi 10 minutos de la charla abierta con la multitud -Messi le habló a la gente: a todos a la vez y a cada uno en especial- no pueden ser evaluados por lo que faltó sino por la profundidad de las palabras que expresaron sentimientos.
Si se repasan esos párrafos, aunque hay menciones explícitas a conquistas, se pueden recordar situaciones particulares que no fueron dichas de manera directa, pero logramos ver la película de Messi en la Selección en su relato: se trata de su propia vida, pero esa experiencia fue colectiva y especialmente generacional.
No pretendo acá hacer un análisis de discurso sino articular ideas desde mi propia emoción en la despedida, y poder dejar claro que Messi en la noche del martes jugó con las palabras y los significado de una manera fabulosa. Fue directo y habló con tachones como en la carta que reveló el anuncio original. Probablemente advertido de ciertas omisiones hubo un mensaje complementario en sus redes sociales.
***
El partido contra Benin fue un amistoso de verdad gestionado ante FIFA para ser clase A, pero tuvo el clima y la pompa de los partidos despedida, cargado de excesos y de superposición de mini tributos dentro del homenaje general.
El comentado asunto de los drones que privilegiaron el mensaje publicitario por encima del momento mágico, casi místico con Messi mirando hacia el cielo, oficia como otro recordatorio: el buen marketing deportivo es el que entiende que hay momentos que no se comercializan ni se patrocinan. Acá no hubo una masterclass de exposición de marca, ni métricas acumuladas que validen el movimiento: fue un estropicio reputacional que lanzó esquirlas en varias direcciones. Probablemente una advertencia para futuras activaciones.
Un Messi diestro. Drones y logos desafortunados. Marketing de tiro en el pie.
Porque el episodio además tiene mucho de sagrado: Messi transformó cada gol suyo en un gesto único y repetido, con los brazos en alto y la mirada al cielo en recuerdo de su abuela; probablemente ahora también lo haga con su padre. Ese ritual grita que cuando Messi mira al cielo, el sentido de esa acción tiene una profundidad que no admite interferencias.
El asunto fue tema de conversación hasta en la TV de Estados Unidos y material de ironía en clubes que también recurrieron a drones para otras despedidas. Fútbol de hoy: pasa en un lugar y rebota en todas partes. La repercusión es infinita si Messi está de por medio.
Argentina nunca tuvo problemas con la producción y el recambio de futbolistas: lo que cambia es como se reconfigura un equipo basado en cracks únicos.
Es de imaginar que cuando Messi se retire definitivamente del fútbol habrá otra despedida más global, producida a la altura del acontecimiento, con futbolistas que se ubican por debajo en la escala de la fama y el reconocimiento, para darle el adiós definitivo y habilitar el paso trascendental: que Messi se ubique por encima del propio fútbol. Será más que una leyenda, embajador o el casillero en el que lo quieran ubicar. Es lo que va a pasar una vez que abandone para siempre el campo de juego.
La Selección transitará una etapa de renovación que ya comenzó y que podrá mostrar crudamente cierta orfandad. Argentina nunca tuvo problemas con la producción y recambio de futbolistas: lo que cambia es como se reconfigura un equipo, cuando durante años y años se construyó en torno a cracks únicos que rompieron moldes, como Messi y Maradona.
Messi: un crack único con su propio cielo
Esa es la parte traumática con la que tuvieron que lidiar algunos entrenadores. Si todo termina como parece, la misión le caerá al propio Lionel Scaloni.
Seguir sin Messi. Es lo que viene. Una frase simple como para escribir en el cielo con drones. De un impacto brutal para esta nueva era del fútbol que acaba de comenzar.
Gantman, Marcelo. Big data sports,8 de Octubre de 2025
martes, 6 de octubre de 2026
Se despide Messi de la selección, adios mago, gracias por todo lo que nos diste
Se despide Messi de la selección, se va uno de los más grandes jugadores de la historia ( no voy a entrar a compararlo con Maradona, porque es una polémica sinsentido)
Fui de los que lo criticó hasta el Mundial 2023, jamás puse en duda su capacidad, su habilidad y magia, pero la crítica era por su rendimiento en la selección, donde no jugaban para él y él no sobresalía como lo hacía en el Barcelona donde era genio y figura con la asistencia de grandes jugadores, ni tampoco en las selecciones juveniles. Con la asunción de Scaloni, la vida de Messi en la cancha cambió, el liderazgo que no solía tener "de pronto" lo adquirió, supo ponerse el equipo al hombre y fue "el hombre" que con la cinta de capitán brilló como nunca en el mundial de Qatar , se mostró, "contagió " a sus compañeros y amalgamaron una selección increíble que levantó la tercera copa para Argentina.
El mundial 2026 lo encontró brillando de nuevo, con un equipo que sin jugar bien, logró para infartos de muchos hinchas, llegar a la final donde cayó dándole poca oposición a España, ganador de la 23 edición de la Copa del Mundo.
Además de todo lo dicho, hay que hacer una mención especial a su padre Jorge Messi, que partió el 8 de Agosto y que fue su gran soporte en lo deportivo y en lo económico. Su partida le generó una tristeza que junto a otros motivos generaron la renuncia a la celeste y blanca queda solamente decirle gracias Lio por todo lo brindado, que siga jugando y divirtiéndose en el Inter de Miami, donde por la calidad es amo y señor del equipo.
Foto: Cortesía Yahoo Noticias
martes, 29 de septiembre de 2026
A 30 años del "Nucazo" de Hugo Guerra
Hace 30 años, Hugo Romeo Guerra, entraba en la historia del Boca- River , en un clásico jugado en la Bombonera, Hugo Guerra inmortalizó el término "nucazo".
Fue un partido vibrante, los comentaristas comenzaban a ensayar las opiniones del final, "sesudos" análisis nos contaban los secretos de un superclásico destinado a ser un empate redondo. De cómo la excelsa pegada de "Tito" Pompei abría el partido en el arco "De la 12". De cómo
Marcelo Salas vulneraba el arco de Navarro Montoya y lo hacía estirarse como un elaśtico, sin poder impedir el empate parcial.
De cómo el pueblo Xeneize volvía a la vida con el gol de Gabriel Cedrés y regresaba al letargo del empate, con aquel gol de Juan Pablo Sorín.
Pero a veces las historias nos regalan una sorpresa, un tiro del final, un acto de injusticia o un castigo inesperado. Hernán Díaz le cometió una falta inocente a Gabriel que le dio una vida más Boca.
Allí fue Hugo Romeo Guerra. Mauricio Pineda tiro un centro a la "olla", todos miraban la pelota mientras el "uruguayo" elevándose en el aire empezaba a "inventar" la pirueta eterna.
Guerra fue uno de los tantos delanteros Uruguayos que desembarcaron en la década del 90 en el fútbol argentino. Grandote, fornido, de buen salto, tuvo su primera demostración de fuerza en Gimnasia y Esgrima de la Plata. Al llegar Carlos Bilardo como el primer entrenador de la presidencia de Mauricio Macri. , buscó a revitalizar y renovar un plantel que no había logrado conseguir cosas importantes. No importaba cuánto había que gastar, el club de la ribera debía renacer y volver a los lugares preponderantes desde lo deportivo. Todas las necesidades de Bilardo fueron cumplidas, llegaron muchos, se fueron otros tantos, y en esa renovación total, llegó Hugo Romeo Guerra.
La torsión digna de un faquir estaba en construcción, la mirada en la pelota, el golpe seco en la nuca y el silencio total antes de la explosión. Gol del grandote que lo festejó cómo si fuera el primero o el último de su carrera, como se festejan los goles que se presumen inolvidables. Enfrente estaba River Plate que estrenaba su título de Campeón de la Copa Libertadores miraba incrédulo lo sucedido, más aún Ramón Díaz en el banco de suplentes, recitando todas las palabrotas habidas y por haber.
Después de ese gol, las notas, las tapas y las marquesinas, pero la carrera de Hugo fue mermando en sus éxitos. Al año volvió a Huracán y luego peregrinó por diferentes clubes con dispares rendimientos.
Más allá de eso, nadie puede quitarle el doble mérito que forjó en su paso por Boca Juniors: Convertir el gol del triunfo en un clásico ya en el ocaso del partido e inventar un término que lo recuerde. "El nucazo de Guerra" es eterno, el primer jugador que encaró de nuca al gol.
Por Bomarito,P.Encaró de nuca al gol, El Gráfico , 29 de Septiembre de 2022
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Elena Roger regresará al San Martín en 2027 con el éxito de Invasiones I
La aclamada ópera rock, que une historia, teatro y el universo musical de Charly García, volverá a presentarse el año próximo. Las entradas ya se encuentran a la venta.
Tras agotar localidades en sus más de 80 funciones desde su estreno y convertirse en el fenómeno teatral indiscutido de la cartelera porteña con más de 82 mil espectadores, la ópera rock Invasiones I: No bombardeen Buenos Aires tendrá una segunda temporada en 2027. Las entradas ya se encuentran a la venta en www.complejoteatral.gob.ar.
Esta ambiciosa puesta en escena que une historia, rock y teatro ofrece una mirada contemporánea sobre la primera invasión inglesa de 1806.
La trama de Invasiones I: No bombardeen Buenos Aires sigue a Cassandra –interpretada por Elena Roger–, una joven que encuentra refugio entre los "faroleros", personajes que funcionan como un coro griego para representar la influencia de las sociedades secretas en la época.
Con más de treinta artistas en escena seleccionados en audiciones abiertas y una banda en vivo, la obra cuenta además con la valiosa curaduría histórica de Felipe Pigna y se destaca por una narrativa construida a través del universo musical de Charly García, con arreglos de Murci Bouscayrol y coreografía de Elizabeth de Chapeaurouge.
Desde su estreno el 18 de abril en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, el espectáculo ha cosechado hitos impresionantes:
Se realizaron 88 funciones con localidades totalmente agotadas y un total de 82.280 espectadores disfrutaron de la obra.
Dos meses antes del cierre de la temporada ya no quedaban entradas a la venta.
El espectáculo fue ovacionado todas las noches, logrando que un público de todas las edades permaneciera en la sala cantando las canciones de Charly García.
El mismísimo Charly asistió a una de las funciones y manifestó su admiración por la producción.
Esta producción conjunta del Complejo Teatral de Buenos Aires y Club Media, junto con Carlos Mentasti y Alephmedia, consolida al Teatro San Martín como un espacio central para la innovación artística y las producciones de gran formato.
Fuente:Departamento de Prensa CTBA
martes, 15 de septiembre de 2026
A 50 años de la Noche de los Lápices: esos chicos vuelven a aparecer en la memoria colectiva cada 16 de septiembre ( Gabriel Báñez)
“La noche de los lápices”, el crimen a la adolescencia y la investigación que se comprometió a contar la historia de una generación
Pasaron 50años del 16 de septiembre de 1976, el día en que grupos de tareas de la policía bonaerense y del Ejército secuestraron a estudiantes de entre 16 y 18 años que reclamaban por el boleto estudiantil en La Plata. El relato crucial de uno de los sobrevivientes para que la obra escrita por los periodistas María Seoane y Héctor Ruiz Núñez revelara el horror de la última dictadura militar
“A los chicos, siempre. Y a todos los adolescentes que, como ellos, se sienten comprometidos con la solidaridad y la justicia, y no consideran una utopía proponer un mundo donde sea más digno vivir”. La dedicatoria de los periodistas María Seoane y Héctor Ruiz Núñez encabezó la sexta edición de un libro que se convirtió rápidamente en best seller, uno de los pocos de investigación periodística en conseguirlo en la historia. La noche de los lápices fue editado por primera vez el 25 de julio de 1986 y se agotó mes a mes hasta llegar a su sexta, en septiembre de 1986, justo cuando se había cumplido el décimo aniversario del “acontecimiento que sacudió a la sociedad argentina”, como lo llamó la dupla periodística.
Eran tiempos urgentes. En el prólogo se contó la cocina de la investigación, cargada de adrenalina y urgencia política en la primavera democrática. “Durante los días y meses de trabajo para este libro, los hemos acompañado. Conocimos a sus familias, compañeros y amigos. Participamos de sus sueños y juegos. Compartimos su despertar político, la pasión por la justicia y la sensibilidad social que los impulsó a la lucha. Los vimos manifestarse por el boleto estudiantil secundario y enseñar a leer a los más pequeños en las villas miseria”, escribieron Seoane y Ruiz Núñez, que desde un comienzo dieron cuenta de cómo los “chicos”, muchos de ellos dirigentes estudiantiles destacados, fueron perseguidos primeramente por el terrorismo de ultraderecha, la Triple A y las bandas del CNU, gestadas en el gobierno de Isabel Perón bajo el amparo de los ministros de Educación del régimen.
“Los vimos, con impotencia, marchar solos hacia la tragedia desde el 24 de marzo de 1976 cuando los militares sediciosos comenzaron a instrumentar su secuestro, tortura y exterminio, como un requisito previo para la implantación de la Doctrina de la Seguridad Nacional en la cultura. Vimos cómo se acuñaba La noche de los lápices en las oficinas de inteligencia de la dictadura, con el apoyo de algunos educadores, para truncar un proyecto “peligroso de ser humano y a la vez producir un escarmiento ejemplar para otros jóvenes”, escribieron luego, mientras proporcionaban a los lectores los datos duros de los protagonistas: Francisco López Muntaner, 16 años, secuestrado el 16.9.76 y desaparecido; María Claudia Falcone, 16 años, secuestrada el 16.9.76, desaparecida; Claudio de Acha, 17 años, secuestrado el 16.9.76, desaparecido; Horacio Ángel Úngaro, 17 años, secuestrado el 16.9.76, desaparecido; Daniel Alberto Racero, 18 años, secuestrado el 16.9.76, desaparecido; María Clara Ciocchini, 18 años, secuestrada el 16.9.76, desaparecida; y Pablo Alejandro Díaz, 18 años, secuestrado el 21.9.76, reaparecido.
La Noche de los Lapices
Daniel Racero, Horacio Ungaro, Claudio de Acha, Francisco López Muntaner, María Clara Ciocchini y María Claudia Falcone, los seis estudiantes desaparecidos en "La noche de los lápices"
En la lista faltaban otros sobrevivientes, que por desavenencias y desencuentros con los autores no fueron mencionadas aunque sí aparecieron en otras partes del libro: Gustavo Calotti, Patricia Miranda y Emilce Moler. Esta última, con el tiempo, escribió su propia versión en el libro La larga noche de los lápices. Allí dice: “Casi todos teníamos militancia política, la mayoría en la Unión Estudiantil Secundaria (UES), y un año antes, en la primavera de 1975, habíamos participado en una marcha para pedir por el Boleto Estudiantil Secundario, entre muchísimas otras actividades políticas. Más tarde, en 1976, ya bajo la dictadura, seguimos militando y organizamos algunos actos de oposición”. No fueron ni los primeros ni los últimos estudiantes secundarios secuestrados en la ciudad de La Plata. Moler insistía en que fueron secuestrados porque eran militantes políticos.
No había contexto más propicio para la salida del libro de Seoane y Ruiz Núñez que el veredicto del Juicio a las Juntas, ocurrido el 9 de diciembre de 1985, donde los casos de “La noche los lápices” se habían incluido en el expediente. Anteriormente, el Informe “Nunca Más” de la CONDEP ya había mencionado el hecho. El abanico del libro parte de cómo Ramón Camps y sus hombres de la policía de la provincia de Buenos Aires violaron los domicilios de los jóvenes, los arrastraron desnudos, los encerraron en campos de concentración, los torturaron y negaron a sus padres que estuvieran detenidos. Los periodistas supieron de la complicidad en sus secuestros y tormentos de la jerarquía de la Iglesia Católica, al menos por silencio, y del ocultamiento de la prensa sobre estos episodios, con lo que se contribuyó a la ejecución del plan represivo.
Padres, hermanos y amigos partieron al exilio. En el medio, los familiares reclamaron con desesperación, cosechando respuestas mentirosas de funcionarios militares y policiales. En la investigación Seoane y Ruiz Núñez armaron un relato coral, reconstruyendo las vidas breves de los chicos. “Transparentes, los vimos tomarse las manos, darse aliento y amarse en el Pozo de Banfield. Vimos a sus carceleros burlarse de la solidaridad y la ternura. Escuchamos el llanto de los bebés que ayudaron a nacer durante el cautiverio. Presenciamos la escena de Pablo despidiéndose de los otros chicos que quedaban prisioneros, sabiendo -porque conocíamos el futuro- que sería un adiós definitivo”, remarcaron sobre Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes y protagonista esencial de la historia, que había cumplido 22 años cuando salió de la Unidad 9 de La Plata. Díaz había pasado cuatro años de su vida alternando entre centros clandestinos de detención y prisiones. Algo que no pudieron hacer los compañeros y compañeras, de quienes se despidió en diciembre de 1976 en el centro clandestino de detención conocido como Pozo de Banfield. Se cree que los asesinaron entre esa fecha y febrero de 1977, y sus cuerpos siguen desaparecidos.
El testimonio de Pablo Díaz en el Juicio a las Juntas marcó un antes y un después. Así lo cuentan Seoane y Ruiz Núñez en el libro: “9 de mayo, 1985. Sala de Audiencias del Palacio de Justicia, frente a la Plaza Lavalle, a las 16:35 del tercer jueves del juicio público a las ex-cúpulas militares. Dentro del recinto de diez metros por veinte había 323 personas entre público, invitados y periodistas nacionales y extranjeros. Ninguno de los reos. Sobre el estrado delantero y de espaldas al vitreaux con la inscripción ‘Afianzar la Justicia’, estaban sentados los seis jueces de la Cámara Federal: León Carlos Arslanian, Jorge Valerga Aráoz, Jorge Edwin Torlasco, Andrés D’Alessio, Guillermo Ledesma y Ricardo Gil Lavedra. Los ventiladores no dejaban de funcionar sobre las bandejas inferiores, mientras las cámaras de la televisión oficial registraban los gestos sin sonido de una historia que comenzaría a ser contada. En el costado izquierdo, frente a los jueces, el fiscal Julio César Strassera con su adjunto Luis Gabriel Moreno Ocampo. En el centro, el testigo: Pablo Alejandro Díaz, de 27 años”.
María Seone La noche de los lápices
La noche de los lápices fue editado por primera vez el 25 de julio de 1986. Se convirtió rápidamente en best seller, uno de los pocos de investigación periodística en conseguirlo en la historia
Para María Seoane, que había regresado del exilio y en México había ejercido el periodismo, el testimonio de Díaz fue el hilo del ovillo. Luego se reunió en La Plata con Nelva Alicia Méndez de Falcone, Madre de Plaza de Mayo, quien había sido secuestrada y torturada con su marido, y que hasta sus últimos días de vida luchó por encontrar a su hija María Claudia Falcone. Nelva fue un sostén clave para la investigación periodística, con familiares devastados por sus hijos desaparecidos. “A muchas madres las abatió lo que ocurrió con sus hijos, porque ¿quién iba a pensar que iba a existir la figura de ‘desaparición forzada’? Sólo mentes enfermas, mesiánicas. Si hubo una guerra, como ellos decían, los chicos hubiesen merecido un juicio o una detención vigilada, porque eran menores de edad... Claro, eso suponiendo que hubieran sido ‘subversivos’, algo que sólo cabía en la mente de los torturadores”, le dijo en aquel entonces a Seoane, que convocó al experimentado periodista Héctor Ruiz Núñez, notable pluma política de la revista Humor, para reconstruir los hechos. Habían aparecido otros libros que estaban calando hondo en la prensa argentina: Preso sin nombre, celda sin número, de Jacobo Timerman, publicado en 1981 en Estados Unidos y rápidamente esparcido por el mundo, y Recuerdos de la muerte, de Miguel Bonasso, editado en 1984. El peso de lo testimonial pegó el salto con La noche de los lápices: nadie salía de su asombro por la crueldad ejercida sobre los adolescentes.
En una entrevista con Télam, María Seoane -fallecida en 2023- contó cierta vez que esa fue “la primera historia que quiso contar” cuando volvió del exilio en 1984. Además, sostuvo que la historia, escrita en conjunto con Héctor Ruiz Núñez -fallecido en 2012-, fue relatada desde “el compromiso de contar la historia de una generación” que abrazó la militancia en los años ‘70. Una “generación caracterizada por la generosidad, solidaridad de lucha y conciencia política”, había dicho Ruiz Núñez. Ambos escribieron después varios libros, fueron premiados y hoy son reconocidos como maestros del periodismo. En la memoria quedó sobrevolando la multitudinaria presentación del libro en el Centro Cultural San Martín. “Hubo mucha gente ese día, la verdad que no me esperaba esa repercusión”, recordó Seoane sobre el evento, donde sobre el final Fito Páez cantó Yo vengo a ofrecer mi corazón.
El libro La noche de los lápices salió a la venta poco después que se proyectara la película La historia oficial, ganadora del Óscar y de gran conmoción en la audiencia. El cineasta Héctor Olivera sintió que tenía que filmar La noche de los lápices cuando la investigación periodística estaba en su parte final. Luego leyó el libro, vio que tocaba una fibra especial en la sociedad, y lo adaptó sin pensarlo. Él junto a Daniel Kon escribió el guion. El 4 de septiembre de 1986, a sala llena, se estrenó en el cine San Martín de la ciudad de La Plata. Tanto el libro como la película, en sus presentaciones, convivieron con un clima denso y peligroso: los militares estaban al acecho, en total impunidad. Hubo chantajes de bombas, atentados, amenazas a familiares. Más allá de todo golpe bajo, la película exhibía por dentro, y por primera vez, el infierno de los centros clandestinos de detención por dentro. El pública salía llorando de las salas con una mezcla rara de sensaciones.
La novedad aportada por la investigación de los periodistas fue que la represión a los adolescentes-estudiantes secundarios estaba directamente asociada a su lucha por el Boleto Escolar Secundario. Como analizó la historiadora Sandra Raggio: “La noche de los lápices no fue algo que sucedió, sino una trama narrativa conformada por una serie de episodios seleccionados y enlazados entre sí para construir una interpretación sobre el pasado del que se pretendía dar cuenta (una serie de secuestros en un lapso preciso, un grupo de víctimas con características comunes -edad, situación educativa, lugar de residencia, historia previa- y un mismo móvil represivo). Es decir, un modo de narrar determinados hechos, reunidos bajo un nombre que los singulariza en acontecimiento. Ya en el nombre está inscripta la trama. ‘La noche’, además de ser una metáfora muy usada para hablar del período de la dictadura, refiere a una en particular: la del 16 de septiembre. Los ‘lápices’ aluden a los protagonistas, las víctimas: todos ellos, estudiantes secundarios”.
El libro y la película tuvieron una altísima recepción, el libro fue editado más de diez veces y el filme sigue siendo visto por un extenso público aún a casi cuarenta años de su estreno. Su visionado en las escuelas, además, es una suerte de ritual reiterado cada 16 de septiembre. Raggio otorgó una capa de sentido crítico sobre el contexto en el que surgieron ambos artefactos culturales. “¿Qué ‘guerra justa’ se libra contra adolescentes desarmados que sólo peleaban por el boleto escolar? Lo que esta historia revela es la cara feroz de la violencia represiva frente a la extrema vulnerabilidad de las víctimas. Sin embargo, no hay hechos sin relato, y todo acto de narrar lo que se pone en juego son significados. Así, La noche de los lápices, por la forma en que ha sido contada, es uno de los mejores ejemplos de una narrativa más amplia, a la que se ha denominado el ´mito de la inocencia´ o ´la víctima inocente´ cuya característica más notable es el haber ocluido en la narración de los desaparecidos su pertenencia política y sobre todo su adscripción a las organizaciones armadas revolucionarias”.
Pasaron 38 años. La noche de los lápices, emblema de relato del horror en el despertar democrático, forma parte de un gran corpus sobre la dictadura militar y sus representaciones, alimentado en las últimas décadas con libros, películas, nuevas voces y memorias que salieron a confrontarla por sus debilidades y posibles tergiversaciones. Nadie duda, sin embargo, del impacto de una historia que hasta allí nunca se había contado. Las palabras de Seoane y Ruiz Núñez en el epílogo parecen resonar como si no hubiera pasado el tiempo: “Hoy, soñamos con los jóvenes que conocerán a nuestros chicos y los levantarán como bandera. También sabemos que quien lea estas páginas no permanecerá indiferente. Del impacto emocional por la revelación de la perversidad que asesinó a la adolescencia, podrá o no recuperarse. Nosotros, ya lo hemos incorporado a nuestras vidas y jamás nos recuperaremos. Es nuestra fatalidad y nuestro privilegio”.
Esos chicos que desaparecen, como se titulaba una gran novela del escritor Gabriel Báñez, esos chicos que vuelven a aparecer en la memoria colectiva cada 16 de septiembre.
Fuente:Mannarino, Juan Manuel:" “La noche de los lápices”, el crimen a la adolescencia y la investigación que se comprometió a contar la historia de una generación", INFOBAE, 16 de Septiembre de 2024.
martes, 1 de septiembre de 2026
Fútbol argentino relata relata cómo el deporte de caballeros llegó al país y se instaló y potreros para alcanzar su apoteosis de la mano (divina) de Diego Armando Maradona
¡Es un sentimiento, no podemos parar! Osvaldo Bayer, gran cultor de nuestra pasión número uno, escribe Osvaldo Soriano sobre " En Fútbol argentino", recientemente reeditado por Siglo XXI editores. Nos regala un recuento vibrante y ágil de todas sus facetas. Relata cómo el deporte de caballeros llegó al país y se instaló en patios y potreros (pasando a estadios, titulares de diarios y nuestras charlas cotidianas) para alcanzar su apoteosis de la mano (divina) de Diego Armando Maradona, describía en la pub,licación original de 1990.
Agregaba el autor de "Cuarteles de Invierno" y " Una sombra ya pronto serás": "Fútbol argentino rememora a los cracks de todas las épocas mientras hace un admirable y picante balance de resultados, caídas y triunfos tanto locales como internacionales. Pero este libro no sería este libro ni Bayer sería Bayer si la cosa quedara allí. Párrafo a párrafo, propone mucho más, desmenuzando las gambetas que hacen que la pelota reluzca, se manche o no doble hacia donde nuestros corazones desearían. Clubes nacidos de gremios y movimientos políticos, negocios y negociados, semilleros vaciados por los grandes enriquecidos, jugadores de excepción o de exportación, huelgas y carnereadas, dictaduras y mundiales ominosos, goles reivindicatorios a los ingleses dan fulgor y sombras a estas páginas, a las que se suman magistralmente las voces de los protagonistas"
Finalmente, Soriano traía un pemsamiento de Abert Camus que decía:"El fútbol le había enseñado todo lo que creía saber sobre la vida. Aunque parezca exagerado, en un rectángulo de césped los hombres escenifican siempre el imprevisible drama de la vida". Aquí Bayer habla de eso y de unas cuantas cosas más.
Sobre el autor: Osvaldo Bayer nació en la provincia de Santa Fe en 1927. Fue periodista, escritor, traductor y guionista de cine, comprometido con las ideas libertarias y antifascistas. Opositor acérrimo del autoritarismo, debió partir al destierro, como tantos otros, durante la dictadura militar argentina de 1976. Una anécdota de su juventud muestra el carácter rebelde que lo acompañaría el resto de su vida: al desafiar a las autoridades del servicio militar obligatorio, el joven Bayer fue condenado a barrer oficinas de oficiales y calabozos por dieciocho meses. Estudió Historia en la Universidad de Hamburgo, militó en el socialismo libertario y trabajó como periodista en Noticias Gráficas, Esquel, La Chispa, Clarín y La Protesta. Fue el primer traductor de Bertolt Brecht al castellano. En 1994 fue nombrado titular de la Cátedra Libre de Derechos Humanos en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, mientras se sucedían doctorados honoris causa, ciudadanías ilustres y otras distinciones. El anarquismo fue una de sus pasiones y dedicó gran parte de su vida a estudiarlo, lo que resultaría en una gran cantidad de artículos periodísticos y sus más geniales libros. Le gustaba una frase que decía que si los anarquistas no existieran, habría que inventarlos. Siguió escribiendo hasta su muerte, en 2018.
Fuente
Suscribirse a:
Entradas (Atom)