miércoles, 23 de septiembre de 2026

Elena Roger regresará al San Martín en 2027 con el éxito de Invasiones I

La aclamada ópera rock, que une historia, teatro y el universo musical de Charly García, volverá a presentarse el año próximo. Las entradas ya se encuentran a la venta. Tras agotar localidades en sus más de 80 funciones desde su estreno y convertirse en el fenómeno teatral indiscutido de la cartelera porteña con más de 82 mil espectadores, la ópera rock Invasiones I: No bombardeen Buenos Aires tendrá una segunda temporada en 2027. Las entradas ya se encuentran a la venta en www.complejoteatral.gob.ar. Esta ambiciosa puesta en escena que une historia, rock y teatro ofrece una mirada contemporánea sobre la primera invasión inglesa de 1806. La trama de Invasiones I: No bombardeen Buenos Aires sigue a Cassandra –interpretada por Elena Roger–, una joven que encuentra refugio entre los "faroleros", personajes que funcionan como un coro griego para representar la influencia de las sociedades secretas en la época. Con más de treinta artistas en escena seleccionados en audiciones abiertas y una banda en vivo, la obra cuenta además con la valiosa curaduría histórica de Felipe Pigna y se destaca por una narrativa construida a través del universo musical de Charly García, con arreglos de Murci Bouscayrol y coreografía de Elizabeth de Chapeaurouge. Desde su estreno el 18 de abril en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, el espectáculo ha cosechado hitos impresionantes: Se realizaron 88 funciones con localidades totalmente agotadas y un total de 82.280 espectadores disfrutaron de la obra. Dos meses antes del cierre de la temporada ya no quedaban entradas a la venta. El espectáculo fue ovacionado todas las noches, logrando que un público de todas las edades permaneciera en la sala cantando las canciones de Charly García. El mismísimo Charly asistió a una de las funciones y manifestó su admiración por la producción. Esta producción conjunta del Complejo Teatral de Buenos Aires y Club Media, junto con Carlos Mentasti y Alephmedia, consolida al Teatro San Martín como un espacio central para la innovación artística y las producciones de gran formato. Fuente:Departamento de Prensa CTBA

martes, 15 de septiembre de 2026

A 50 años de la Noche de los Lápices: esos chicos vuelven a aparecer en la memoria colectiva cada 16 de septiembre ( Gabriel Báñez)

“La noche de los lápices”, el crimen a la adolescencia y la investigación que se comprometió a contar la historia de una generación Pasaron 50años del 16 de septiembre de 1976, el día en que grupos de tareas de la policía bonaerense y del Ejército secuestraron a estudiantes de entre 16 y 18 años que reclamaban por el boleto estudiantil en La Plata. El relato crucial de uno de los sobrevivientes para que la obra escrita por los periodistas María Seoane y Héctor Ruiz Núñez revelara el horror de la última dictadura militar “A los chicos, siempre. Y a todos los adolescentes que, como ellos, se sienten comprometidos con la solidaridad y la justicia, y no consideran una utopía proponer un mundo donde sea más digno vivir”. La dedicatoria de los periodistas María Seoane y Héctor Ruiz Núñez encabezó la sexta edición de un libro que se convirtió rápidamente en best seller, uno de los pocos de investigación periodística en conseguirlo en la historia. La noche de los lápices fue editado por primera vez el 25 de julio de 1986 y se agotó mes a mes hasta llegar a su sexta, en septiembre de 1986, justo cuando se había cumplido el décimo aniversario del “acontecimiento que sacudió a la sociedad argentina”, como lo llamó la dupla periodística. Eran tiempos urgentes. En el prólogo se contó la cocina de la investigación, cargada de adrenalina y urgencia política en la primavera democrática. “Durante los días y meses de trabajo para este libro, los hemos acompañado. Conocimos a sus familias, compañeros y amigos. Participamos de sus sueños y juegos. Compartimos su despertar político, la pasión por la justicia y la sensibilidad social que los impulsó a la lucha. Los vimos manifestarse por el boleto estudiantil secundario y enseñar a leer a los más pequeños en las villas miseria”, escribieron Seoane y Ruiz Núñez, que desde un comienzo dieron cuenta de cómo los “chicos”, muchos de ellos dirigentes estudiantiles destacados, fueron perseguidos primeramente por el terrorismo de ultraderecha, la Triple A y las bandas del CNU, gestadas en el gobierno de Isabel Perón bajo el amparo de los ministros de Educación del régimen. “Los vimos, con impotencia, marchar solos hacia la tragedia desde el 24 de marzo de 1976 cuando los militares sediciosos comenzaron a instrumentar su secuestro, tortura y exterminio, como un requisito previo para la implantación de la Doctrina de la Seguridad Nacional en la cultura. Vimos cómo se acuñaba La noche de los lápices en las oficinas de inteligencia de la dictadura, con el apoyo de algunos educadores, para truncar un proyecto “peligroso de ser humano y a la vez producir un escarmiento ejemplar para otros jóvenes”, escribieron luego, mientras proporcionaban a los lectores los datos duros de los protagonistas: Francisco López Muntaner, 16 años, secuestrado el 16.9.76 y desaparecido; María Claudia Falcone, 16 años, secuestrada el 16.9.76, desaparecida; Claudio de Acha, 17 años, secuestrado el 16.9.76, desaparecido; Horacio Ángel Úngaro, 17 años, secuestrado el 16.9.76, desaparecido; Daniel Alberto Racero, 18 años, secuestrado el 16.9.76, desaparecido; María Clara Ciocchini, 18 años, secuestrada el 16.9.76, desaparecida; y Pablo Alejandro Díaz, 18 años, secuestrado el 21.9.76, reaparecido. La Noche de los Lapices Daniel Racero, Horacio Ungaro, Claudio de Acha, Francisco López Muntaner, María Clara Ciocchini y María Claudia Falcone, los seis estudiantes desaparecidos en "La noche de los lápices" En la lista faltaban otros sobrevivientes, que por desavenencias y desencuentros con los autores no fueron mencionadas aunque sí aparecieron en otras partes del libro: Gustavo Calotti, Patricia Miranda y Emilce Moler. Esta última, con el tiempo, escribió su propia versión en el libro La larga noche de los lápices. Allí dice: “Casi todos teníamos militancia política, la mayoría en la Unión Estudiantil Secundaria (UES), y un año antes, en la primavera de 1975, habíamos participado en una marcha para pedir por el Boleto Estudiantil Secundario, entre muchísimas otras actividades políticas. Más tarde, en 1976, ya bajo la dictadura, seguimos militando y organizamos algunos actos de oposición”. No fueron ni los primeros ni los últimos estudiantes secundarios secuestrados en la ciudad de La Plata. Moler insistía en que fueron secuestrados porque eran militantes políticos. No había contexto más propicio para la salida del libro de Seoane y Ruiz Núñez que el veredicto del Juicio a las Juntas, ocurrido el 9 de diciembre de 1985, donde los casos de “La noche los lápices” se habían incluido en el expediente. Anteriormente, el Informe “Nunca Más” de la CONDEP ya había mencionado el hecho. El abanico del libro parte de cómo Ramón Camps y sus hombres de la policía de la provincia de Buenos Aires violaron los domicilios de los jóvenes, los arrastraron desnudos, los encerraron en campos de concentración, los torturaron y negaron a sus padres que estuvieran detenidos. Los periodistas supieron de la complicidad en sus secuestros y tormentos de la jerarquía de la Iglesia Católica, al menos por silencio, y del ocultamiento de la prensa sobre estos episodios, con lo que se contribuyó a la ejecución del plan represivo. Padres, hermanos y amigos partieron al exilio. En el medio, los familiares reclamaron con desesperación, cosechando respuestas mentirosas de funcionarios militares y policiales. En la investigación Seoane y Ruiz Núñez armaron un relato coral, reconstruyendo las vidas breves de los chicos. “Transparentes, los vimos tomarse las manos, darse aliento y amarse en el Pozo de Banfield. Vimos a sus carceleros burlarse de la solidaridad y la ternura. Escuchamos el llanto de los bebés que ayudaron a nacer durante el cautiverio. Presenciamos la escena de Pablo despidiéndose de los otros chicos que quedaban prisioneros, sabiendo -porque conocíamos el futuro- que sería un adiós definitivo”, remarcaron sobre Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes y protagonista esencial de la historia, que había cumplido 22 años cuando salió de la Unidad 9 de La Plata. Díaz había pasado cuatro años de su vida alternando entre centros clandestinos de detención y prisiones. Algo que no pudieron hacer los compañeros y compañeras, de quienes se despidió en diciembre de 1976 en el centro clandestino de detención conocido como Pozo de Banfield. Se cree que los asesinaron entre esa fecha y febrero de 1977, y sus cuerpos siguen desaparecidos. El testimonio de Pablo Díaz en el Juicio a las Juntas marcó un antes y un después. Así lo cuentan Seoane y Ruiz Núñez en el libro: “9 de mayo, 1985. Sala de Audiencias del Palacio de Justicia, frente a la Plaza Lavalle, a las 16:35 del tercer jueves del juicio público a las ex-cúpulas militares. Dentro del recinto de diez metros por veinte había 323 personas entre público, invitados y periodistas nacionales y extranjeros. Ninguno de los reos. Sobre el estrado delantero y de espaldas al vitreaux con la inscripción ‘Afianzar la Justicia’, estaban sentados los seis jueces de la Cámara Federal: León Carlos Arslanian, Jorge Valerga Aráoz, Jorge Edwin Torlasco, Andrés D’Alessio, Guillermo Ledesma y Ricardo Gil Lavedra. Los ventiladores no dejaban de funcionar sobre las bandejas inferiores, mientras las cámaras de la televisión oficial registraban los gestos sin sonido de una historia que comenzaría a ser contada. En el costado izquierdo, frente a los jueces, el fiscal Julio César Strassera con su adjunto Luis Gabriel Moreno Ocampo. En el centro, el testigo: Pablo Alejandro Díaz, de 27 años”. María Seone La noche de los lápices La noche de los lápices fue editado por primera vez el 25 de julio de 1986. Se convirtió rápidamente en best seller, uno de los pocos de investigación periodística en conseguirlo en la historia Para María Seoane, que había regresado del exilio y en México había ejercido el periodismo, el testimonio de Díaz fue el hilo del ovillo. Luego se reunió en La Plata con Nelva Alicia Méndez de Falcone, Madre de Plaza de Mayo, quien había sido secuestrada y torturada con su marido, y que hasta sus últimos días de vida luchó por encontrar a su hija María Claudia Falcone. Nelva fue un sostén clave para la investigación periodística, con familiares devastados por sus hijos desaparecidos. “A muchas madres las abatió lo que ocurrió con sus hijos, porque ¿quién iba a pensar que iba a existir la figura de ‘desaparición forzada’? Sólo mentes enfermas, mesiánicas. Si hubo una guerra, como ellos decían, los chicos hubiesen merecido un juicio o una detención vigilada, porque eran menores de edad... Claro, eso suponiendo que hubieran sido ‘subversivos’, algo que sólo cabía en la mente de los torturadores”, le dijo en aquel entonces a Seoane, que convocó al experimentado periodista Héctor Ruiz Núñez, notable pluma política de la revista Humor, para reconstruir los hechos. Habían aparecido otros libros que estaban calando hondo en la prensa argentina: Preso sin nombre, celda sin número, de Jacobo Timerman, publicado en 1981 en Estados Unidos y rápidamente esparcido por el mundo, y Recuerdos de la muerte, de Miguel Bonasso, editado en 1984. El peso de lo testimonial pegó el salto con La noche de los lápices: nadie salía de su asombro por la crueldad ejercida sobre los adolescentes. En una entrevista con Télam, María Seoane -fallecida en 2023- contó cierta vez que esa fue “la primera historia que quiso contar” cuando volvió del exilio en 1984. Además, sostuvo que la historia, escrita en conjunto con Héctor Ruiz Núñez -fallecido en 2012-, fue relatada desde “el compromiso de contar la historia de una generación” que abrazó la militancia en los años ‘70. Una “generación caracterizada por la generosidad, solidaridad de lucha y conciencia política”, había dicho Ruiz Núñez. Ambos escribieron después varios libros, fueron premiados y hoy son reconocidos como maestros del periodismo. En la memoria quedó sobrevolando la multitudinaria presentación del libro en el Centro Cultural San Martín. “Hubo mucha gente ese día, la verdad que no me esperaba esa repercusión”, recordó Seoane sobre el evento, donde sobre el final Fito Páez cantó Yo vengo a ofrecer mi corazón. El libro La noche de los lápices salió a la venta poco después que se proyectara la película La historia oficial, ganadora del Óscar y de gran conmoción en la audiencia. El cineasta Héctor Olivera sintió que tenía que filmar La noche de los lápices cuando la investigación periodística estaba en su parte final. Luego leyó el libro, vio que tocaba una fibra especial en la sociedad, y lo adaptó sin pensarlo. Él junto a Daniel Kon escribió el guion. El 4 de septiembre de 1986, a sala llena, se estrenó en el cine San Martín de la ciudad de La Plata. Tanto el libro como la película, en sus presentaciones, convivieron con un clima denso y peligroso: los militares estaban al acecho, en total impunidad. Hubo chantajes de bombas, atentados, amenazas a familiares. Más allá de todo golpe bajo, la película exhibía por dentro, y por primera vez, el infierno de los centros clandestinos de detención por dentro. El pública salía llorando de las salas con una mezcla rara de sensaciones. La novedad aportada por la investigación de los periodistas fue que la represión a los adolescentes-estudiantes secundarios estaba directamente asociada a su lucha por el Boleto Escolar Secundario. Como analizó la historiadora Sandra Raggio: “La noche de los lápices no fue algo que sucedió, sino una trama narrativa conformada por una serie de episodios seleccionados y enlazados entre sí para construir una interpretación sobre el pasado del que se pretendía dar cuenta (una serie de secuestros en un lapso preciso, un grupo de víctimas con características comunes -edad, situación educativa, lugar de residencia, historia previa- y un mismo móvil represivo). Es decir, un modo de narrar determinados hechos, reunidos bajo un nombre que los singulariza en acontecimiento. Ya en el nombre está inscripta la trama. ‘La noche’, además de ser una metáfora muy usada para hablar del período de la dictadura, refiere a una en particular: la del 16 de septiembre. Los ‘lápices’ aluden a los protagonistas, las víctimas: todos ellos, estudiantes secundarios”. El libro y la película tuvieron una altísima recepción, el libro fue editado más de diez veces y el filme sigue siendo visto por un extenso público aún a casi cuarenta años de su estreno. Su visionado en las escuelas, además, es una suerte de ritual reiterado cada 16 de septiembre. Raggio otorgó una capa de sentido crítico sobre el contexto en el que surgieron ambos artefactos culturales. “¿Qué ‘guerra justa’ se libra contra adolescentes desarmados que sólo peleaban por el boleto escolar? Lo que esta historia revela es la cara feroz de la violencia represiva frente a la extrema vulnerabilidad de las víctimas. Sin embargo, no hay hechos sin relato, y todo acto de narrar lo que se pone en juego son significados. Así, La noche de los lápices, por la forma en que ha sido contada, es uno de los mejores ejemplos de una narrativa más amplia, a la que se ha denominado el ´mito de la inocencia´ o ´la víctima inocente´ cuya característica más notable es el haber ocluido en la narración de los desaparecidos su pertenencia política y sobre todo su adscripción a las organizaciones armadas revolucionarias”. Pasaron 38 años. La noche de los lápices, emblema de relato del horror en el despertar democrático, forma parte de un gran corpus sobre la dictadura militar y sus representaciones, alimentado en las últimas décadas con libros, películas, nuevas voces y memorias que salieron a confrontarla por sus debilidades y posibles tergiversaciones. Nadie duda, sin embargo, del impacto de una historia que hasta allí nunca se había contado. Las palabras de Seoane y Ruiz Núñez en el epílogo parecen resonar como si no hubiera pasado el tiempo: “Hoy, soñamos con los jóvenes que conocerán a nuestros chicos y los levantarán como bandera. También sabemos que quien lea estas páginas no permanecerá indiferente. Del impacto emocional por la revelación de la perversidad que asesinó a la adolescencia, podrá o no recuperarse. Nosotros, ya lo hemos incorporado a nuestras vidas y jamás nos recuperaremos. Es nuestra fatalidad y nuestro privilegio”. Esos chicos que desaparecen, como se titulaba una gran novela del escritor Gabriel Báñez, esos chicos que vuelven a aparecer en la memoria colectiva cada 16 de septiembre. Fuente:Mannarino, Juan Manuel:" “La noche de los lápices”, el crimen a la adolescencia y la investigación que se comprometió a contar la historia de una generación", INFOBAE, 16 de Septiembre de 2024.

martes, 1 de septiembre de 2026

Fútbol argentino relata relata cómo el deporte de caballeros llegó al país y se instaló y potreros para alcanzar su apoteosis de la mano (divina) de Diego Armando Maradona

¡Es un sentimiento, no podemos parar! Osvaldo Bayer, gran cultor de nuestra pasión número uno, escribe Osvaldo Soriano sobre " En Fútbol argentino", recientemente reeditado por Siglo XXI editores. Nos regala un recuento vibrante y ágil de todas sus facetas. Relata cómo el deporte de caballeros llegó al país y se instaló en patios y potreros (pasando a estadios, titulares de diarios y nuestras charlas cotidianas) para alcanzar su apoteosis de la mano (divina) de Diego Armando Maradona, describía en la pub,licación original de 1990. Agregaba el autor de "Cuarteles de Invierno" y " Una sombra ya pronto serás": "Fútbol argentino rememora a los cracks de todas las épocas mientras hace un admirable y picante balance de resultados, caídas y triunfos tanto locales como internacionales. Pero este libro no sería este libro ni Bayer sería Bayer si la cosa quedara allí. Párrafo a párrafo, propone mucho más, desmenuzando las gambetas que hacen que la pelota reluzca, se manche o no doble hacia donde nuestros corazones desearían. Clubes nacidos de gremios y movimientos políticos, negocios y negociados, semilleros vaciados por los grandes enriquecidos, jugadores de excepción o de exportación, huelgas y carnereadas, dictaduras y mundiales ominosos, goles reivindicatorios a los ingleses dan fulgor y sombras a estas páginas, a las que se suman magistralmente las voces de los protagonistas" Finalmente, Soriano traía un pemsamiento de Abert Camus que decía:"El fútbol le había enseñado todo lo que creía saber sobre la vida. Aunque parezca exagerado, en un rectángulo de césped los hombres escenifican siempre el imprevisible drama de la vida". Aquí Bayer habla de eso y de unas cuantas cosas más. Sobre el autor: Osvaldo Bayer nació en la provincia de Santa Fe en 1927. Fue periodista, escritor, traductor y guionista de cine, comprometido con las ideas libertarias y antifascistas. Opositor acérrimo del autoritarismo, debió partir al destierro, como tantos otros, durante la dictadura militar argentina de 1976. Una anécdota de su juventud muestra el carácter rebelde que lo acompañaría el resto de su vida: al desafiar a las autoridades del servicio militar obligatorio, el joven Bayer fue condenado a barrer oficinas de oficiales y calabozos por dieciocho meses. Estudió Historia en la Universidad de Hamburgo, militó en el socialismo libertario y trabajó como periodista en Noticias Gráficas, Esquel, La Chispa, Clarín y La Protesta. Fue el primer traductor de Bertolt Brecht al castellano. En 1994 fue nombrado titular de la Cátedra Libre de Derechos Humanos en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, mientras se sucedían doctorados honoris causa, ciudadanías ilustres y otras distinciones. El anarquismo fue una de sus pasiones y dedicó gran parte de su vida a estudiarlo, lo que resultaría en una gran cantidad de artículos periodísticos y sus más geniales libros. Le gustaba una frase que decía que si los anarquistas no existieran, habría que inventarlos. Siguió escribiendo hasta su muerte, en 2018. Fuente

Lionel Messi anunció su retiro de la Selección Argentina:" Siempre dejé todo"

El capitán argentino confirmó que deja la Albiceleste después de 20 años. Aseguró que la decisión fue dolorosa y que quedó más convencido tras el fallecimiento de su padre. “Ahora voy a ser uno más de ustedes, alentando y bancando siempre desde afuera”, expresó. Lionel Messi anunció oficialmente su retiro de la Selección Argentina. A través de un extenso mensaje, el capitán confirmó una decisión que, según explicó, venía meditando desde la final del Mundial 2026. Después de este tiempo que pasó desde la final, pensándolo mucho, quiero comunicarles a todos que me retiro de la Selección”, comenzó Messi. El futbolista reconoció que se trata de una determinación que le genera un profundo dolor, pero entiende que llegó el momento de cerrar una etapa. “Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”, afirmó el capitán, que destacó todo lo que entregó por la camiseta argentina a lo largo de las últimas dos décadas. Messi también recordó su recorrido con la Albiceleste, desde los primeros años hasta la etapa más gloriosa, en la que consiguió la Copa América 2021, la Finalissima 2022 y los Mundiales de 2022 y 2026. “Siempre dejé todo, no solo los últimos años que se ganó todo, antes también”, sostuvo. Lionel Andrés Messi Lionel Andrés Messi en Qatar 2022 Exequiel Zeballos se va de Boca: su nuevo destino y la estratégica clausura que puso Riquelme En su despedida, Messi tuvo palabras especiales para su familia, entrenadores, compañeros y dirigentes que lo acompañaron durante su carrera. También dejó una frase que resume su vínculo con la Selección: “Amo, amé y amaré siempre estar en la Selección”. El rosarino reveló además que el mensaje había sido escrito el 21 de julio, dos días después de la final del Mundial, pero que decidió publicarlo ahora. El fallecimiento de su padre terminó de reforzar una decisión que ya estaba tomada. “Hoy, después de lo de mi papá, estoy más convencido que antes”, escribió Messi al final del comunicado. De esta manera, el capitán pone punto final a una historia de 20 años con la camiseta argentina. Se despide como uno de los grandes protagonistas de la época más exitosa de la Selección y con la tranquilidad, según sus propias palabras, de haber cumplido el sueño de regalarle alegrías a todo un país. “Ahora voy a ser uno más de ustedes, alentando y bancando siempre desde afuera”, concluyó. “Gracias Dios por hacerme argentino. ¡Vamos Argentina!”. Fuente: Lionel Messi anunció su retiro de la Selección Argentina: “Me vacié, ya no tengo más para dar”, Diario Perfil, 31 de Agosto de 2026

sábado, 29 de agosto de 2026

Las Leonas campeonas del mundo tras vencer a Países Bajos y conquistar su tercera estrella

Las Leonas siguen demostrando su capacidad. Como desde hace más de 25 años se mantienen en los primeros puestos, esta vez derrotaron a Países Bajos con penales australianos y logran su tercer Mundial de hockey césped, en la final disputada en el estadio Wagener de Amstelveen, en territorio neerlandés. El equipo dirigido por Fernando Ferrara tuvo que remontar un partido exigente ante las actuales campeonas, pero encontró la igualdad en el último cuarto y llevó la definición a los penales australianos. Allí apareció la figura de Cristina Cosentino, clave para sostener a Argentina durante el encuentro y determinante en la definición desde los 23 metros. ¿Quiénes fueron las figuras de Las Leonas en la final? Cristina Cosentino, María José Granatto y Sofía Cairó fueron las grandes protagonistas de la consagración argentina. La arquera resultó fundamental tanto durante el partido como en los penales, mientras que Granatto marcó el empate y Cairó tuvo la responsabilidad de cerrar la serie. Granatto apareció en el momento más importante. En el último período, la delantera capturó un rebote tras la salida de un córner corto y convirtió el 1-1 que le permitió a Argentina recuperar la ilusión de quedarse con el título. Con el empate consumado, todo se trasladó a los penales australianos. Allí, Cosentino volvió a demostrar su jerarquía y Cairó se encargó de ejecutar el último penal para sellar el 3-1 definitivo. La celebración fue todavía más especial porque Argentina consiguió el título en rodejo ajeno, en el estadio Wagener de Amstelveen, una de las casas históricas del hockey neerlandés. ¿Cuántos Mundiales ganaron Las Leonas? Argentina conquistó su tercer Mundial de hockey sobre césped femenino, después de los títulos obtenidos en Perth 2002 y Rosario 2010. Además, las tres consagraciones mundialistas fueron ante el mismo rival: Países Bajos. La final de Amstelveen volvió a escribir una página dorada para Las Leonas y permitió que Argentina quedara en soledad en el segundo puesto del historial de títulos mundiales, detrás de Países Bajos, que acumula nueve consagraciones. Las neerlandesas habían llegado a esta definición como las campeonas de los últimos tres Mundiales de manera consecutiva. Sin embargo, Argentina logró cortar esa hegemonía y quedarse con el trofeo en una definición inolvidable. Fuente: Las Leonas campeonas del mundo tras vencer a Países Bajos y conquistar su tercera estrella Diario Los Andes ( Mendoaza) 29 de Agosto ce 2026

viernes, 14 de agosto de 2026

El legado de San Martín es su prédica de cómo se funden en una sola persona la coherencia entre pensamiento, palabra y acción (Prof. Juan Marcelo Calabria, 2024)

José Francisco de San Martín es más que un héroe nacional; es un modelo de coherencia y ejemplaridad. A más de 200 años de su existencia, su vida y su obra siguen siendo una fuente de inspiración, no solo para los argentinos y americanos, sino para todos aquellos que creen en la posibilidad de un mundo más justo, libre y progresista. En la rica historia de América y el mundo pocos nombres resuenan con tanta fuerza y r como el de José Francisco de San Martín. El Libertador de América, no solo fue un estratega militar de primer orden, cuya acción logró cambiar el destino de un continente, sino también un hombre cuya vida estuvo marcada por una coherencia inquebrantable entre su pensamiento, su palabra y su acción. Fue además de un militar ilustrado, con una sólida formación intelectual e lo llevó a ser líder de pensamiento visionario profundamente influenciado por las ideas de la Ilustración, que abogaban por la libertad, la razón y el progreso, a la luz de La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa de 1789. Para San Martín, la palabra no era un compromiso sagrado. Sus proclamas y discursos públicos, como así también sus cartas y escritos privados reflejan una claridad y una firmeza que inspiraban confianza y respeto. En sus cartas, se puede ver a un hombre que no solo hablaba de libertad y justicia, con un fuerte apego a la ilustración y formación, sino que también vivía esos valores y los transmitía con el ejemplo. Su famosa frase “Seamos libres, que lo demás no importa nada” encapsula su compromiso inquebrantable con la causa de la independencia. Al igual que su convicción irrenunciable por la educación, que aseguraba que: “…la ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia y hace felices a los pueblos; ese que ha sido la cuna de las ciencias ha sufrido el ominoso destino que le decretaron los tiranos para tener en cadenas los brillantes ingenios de ese país; yo deseo que todos se ilustren en los sagrados libros que forman la escuela de los hombres libres”. San Martín no solo predicaba la libertad e independencia, sino que utilizó todo el poder a su alcance para conseguirla. Pero más allá de sus hazañas militares, San Martín demostró una integridad moral que lo distinguía del resto de los dirigentes, incluso de su tiempo. Rechazó honores, premios y títulos, ejerciendo el poder con probidad, y una vez cumplida su misión se despidió, prefiriendo retirarse a una vida privada en Europa, lejos de las intrigas, las luchas de poder, y el enfrentamiento entre hermanos que derramaba sangre americana; barbarie que no comprendía y “que le llegaba al corazón”. El legado de San Martín no se limita a sus grandes epopeyas militares y políticas. Su vida es un ejemplo de cómo la coherencia entre pensamiento, palabra y acción puede llevar a una existencia como el mismo la definió, en clara referencia a la sencillez, honradez, libertad y tranquilidad tanto de ideas como de espíritu- San Martín nos recuerda la importancia de vivir de acuerdo con los principios que se predican al hacer de su existencia un ejemplo para sí mismo, para su familia y para los demás, pues así como fue en su vida pública, lo fue también en su vida privada. En conclusión, San Martín es más que un héroe nacional; es un modelo de coherencia y ejemplaridad. Su legado perdura no solo en los libros de historia, sino en el corazón de todos aquellos que buscan vivir con integridad y propósito. Que su vida nos inspire a ser mejores, a luchar por nuestros ideales y a vivir con la misma coherencia y dignidad que él demostró en cada paso de su camino, en cada palabra que dejó escrita y en su legado de principios y virtudes. Fuente: Calabria, Juan Marcelo: “El legado de José Francisco de San Martín: un faro de coherencia y virtudes cívicas”. Diario Los Andes, Mendoza, Argentina, 17 de agosto de 2024

domingo, 26 de julio de 2026

A 60 años de ´La noche de los bastones largos´: "A la universidad se la ponía, y se la quiso hacer ver por primera vez desde el estado como enemiga del pueblo argentino" (Mario Rapaport, 2025)

El 29 de julio del año 1966 una brutal represión a la comunidad educativa de la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Buenos Aires marcó para siempre un antes y un después en el imaginario colectivo. La sagrada autonomía del sistema universitario había sido quebrada por el decreto ley N 16.912 de intervención y una represión en simultáneo del gobierno del dictador Juan Carlos Onganía. Desde Refugio Latinoamericano, recordaron al cumplirse 50 años, los lineamientos de la primera etapa de la "Revolución Argentina" y lo sucedido ése día, donde se hizo añicos la educación argentina, sin medias tintas, a golpes de bastón a docentes, científicos y pensadores de la Universidad de Buenos Aires , pilar por sus logros en el mundo, Pafticipantes y víctimas de la Noche de los Bastones Largos, recordaron los sucesos: "Al grito de ´salgan comunistas de mierda, judios hijos de puta´ la guardia de infantería de la policía federal estrenaba sus bastones largos de madera en la “manzana de las luces”, cuna de la intelectualidad de la ciudad de Buenos Aires, contra el cuerpo de estudiantes, docentes y no docentes de una de las facultades de la UBA. Una noche sangrienta producto de la violencia de estado promovida por la dictadura del Gral. Onganía quebró por primera vez la autonomía universitaria, no solo por el simple pero no menos grave acto de intromisión a una facultad sino por la intervención formal del sistema universitario nacional en general, hecho nunca antes promovido desde el estado argentino.La redada denominada “Operación Escarmiento” fue un tiro en el pie de un gobierno ilegítimo e ilegal al cerrar de la peor manera la época “dorada” del sistema superior universitario (en un contexto en paralelo de sociedad “imperfecta” por tener al peronismo proscripto). Una doble fila de la policía munidos de bastones de madera “largos” de reciente incorporación, desalojaron y castigaron físicamente a quienes se encontraban realizando una toma pacífica en reclamo por el avance contra la autonomía de las universidades nacionales; mientras los hacían salir para llevárselos detenidos en los camiones celulares. Un mes después de haber derrocado al gobierno constitucional de Ilia, el dictador Onganía decidía mediante un decreto intervenir las 8 universidades nacionales argentinas. El decreto Ley del Poder Ejecutivo con fecha de sanción el día 29 de julio de 1966, bajo el número 16.912, y publicado en el boletín oficial el 1 de agosto del mismo año afirmaba qué “corresponderá al Ministerio de Educación y Justicia el ejercicio de las atribuciones reservadas por los estatutos de las Universidades a los Consejos Superiores o Directivos. Funciones de los Rectores o Presidentes de las mismas y de los Decanos de las Facultades. No podrán realizar actividades políticas los centros o agrupaciones estudiantiles”. Un éxodo, una diáspora de investigadores y docentes entendida como la primera “fuga de cerebros” del país inició el primer ciclo de exilio de intelectuales del sistema público educativo nacional de formación superior. Alrededor de 1348 personas renunciaron, fueron cesanteadas o migraron forzosamente hacia el exterior por razones políticas. El preludio de la posterior construcción del enemigo interno de la dictadura genocida de 1976 ya estaba en marcha. A la “universidad” se la ponía, y se la quiso hacer ver por primera vez desde el estado, como enemiga del pueblo argentino. El ámbito universitario fue el primer frente de tormenta que puso al desnudo las intenciones gubernamentales. Interpretando que la “politización” de las universidades constituía un terreno propicio para la “infiltración marxista”, el gobierno —a fines de julio— decidió eliminar la autonomía de esas casas de estudio. A manera de respuesta, numerosos profesores de la UBA presentaron sus renuncias y se exiliaron antes de que el gobierno decidiera sus cesantías. Los centros estudiantiles fueron desalojados mediante la violencia, y la reacción de los jóvenes derivó en enfrentamientos con la policía, que asaltó la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA durante la denominada “noche de los bastones largos”, en la que fueron golpeados y arrestados profesores y alumnos. Pablo Jacovkis, matemático, que fue decano de la Facultad durante dos períodos consecutivos y director del Instituto del Cálculo, en 1966 era docente auxiliar y terminó su carrera de grado en la Facultad “post bastones”. Fue el segundo en dar su testimonio en la jornada dedicada a conmemorar los 50 años de uno de los días más aciagos para la educación cienntífica argentina. Eligió referirse al contexto de la época, marcado por la dictadura de Juan Carlos Onganía, y a las consecuencias inmediatas de La Noche de los Bastones Largos. Jacovkis comenzó sosteniendo que, en aquellos años, “a la sociedad argentina la democracia le importaba poco” y que “fue necesaria otra dictadura comenzada diez años después y muchísimo más siniestra para que la democracia vuelva a ser una buena palabra en nuestro país”. Ese marco, para Jacovkis, permitía advertir que para la educación y para la Universidad iba a ir todo mal. Y recordó, además, que la Universidad tenía enemigos en su interior. “La Facultad de Derecho era el cuartel general de la derecha más rancia y troglodita de la Universidad de Buenos Aires”.Después del golpe de Estado, “la situación era esquizofrénica”, dijo Jacovkis recordando su propia experiencia, en este caso, como estudiante de matemática. “Las clases habían terminado y mis compañeros y yo preparábamos nuestros exámenes sin saber si el ataque a la Universidad se produciría antes o después de tal fecha de examen; es decir, si alcanzaríamos a dar los exámenes o no”. Cerrando su discurso, Jacovkis indicó que “el golpe del 66 provocó un retroceso, parálisis e inmovilidad en las universidades que congeló no solamente muchas áreas científicas -probablemente Computación fue la más afectada porque, por ser la más joven, era la que menos masa crítica tenía- sino que retrasó casi dos décadas la discusión sobre una gran cantidad de temas de política universitaria, algunos de los cuales todavía no han sido encarados”. La química Silvia Braslavsky, quien desarrolló la mayor parte de su carrera en el Instituto Max Planck en Alemania, después de recorrer varios países, tras su renuncia a Exactas, y que en 1966 era docente auxiliar y estudiante de doctorado. “Muchos de nosotros no queríamos renunciar y teníamos, tal vez por nuestra formación política, la convicción de que había que luchar desde adentro”, comenzó diciendo Braslavsky, en relación con las renuncias presentadas en forma masiva tras los bastonazos. “Pero también nuestra inserción en esos grupos de trabajo, en esa mística científica que se había creado en la Facultad, nos hacía respetar las decisiones mayoritarias”, agregó. Asimismo, Braslavsky rescató la decisión de varios de los profesores renunciantes, de propiciar la reubicación inmediata de los más jóvenes, pensando, más que nada, en las posibilidades de regreso y de continuidad del proyecto científico nacional. “Ocurrieron los éxodos o, llamémoslos, traslados, de los grupos de trabajo. Quisiera rescatar esa idea de mantener los grupos en Latinoamérica. Si no hubiera existido esa idea, ese esfuerzo colectivo, habría habido una dispersión a los países industrializados mucho mayor. Y yo pienso en la pérdida, que fue terrible… Cada vez me asombro más de las capacidades que se perdieron. Pero si no hubiera habido alguna cosa organizada, la dispersión habría sido mucho peor”, reflexionó. Por su parte, el historiador y economista, Mario Rapaport, rememoró las consecuencias de la trágica jornada del 29 de Julio de 2026:" Un éxodo, una diáspora de investigadores y docentes entendida como la primera “fuga de cerebros” del país inició el primer ciclo de exilio de intelectuales del sistema público educativo nacional de formación superior. Alrededor de 1348 personas renunciaron, fueron cesanteadas o migraron forzosamente hacia el exterior por razones políticas. El preludio de la posterior construcción del enemigo interno de la dictadura genocida de 1976 ya estaba en marcha. A la “universidad” se la ponía, y se la quiso hacer ver por primera vez desde el estado, como enemiga del pueblo argentino. La noche de los bastones largos y el exilio de los intelectuales. Fuentes: Giner, Hernán:" La noche de los bastones largos y el exilio de los intelectuales. Entrevista a Mario Rapoport, Refugio Latinoamericano, 29 de Julio de 2025. Recuerdos de aquella nochehttps://exactas.uba.ar/2 de septiembre de 2016