domingo, 6 de febrero de 2022

Día Internacional de la Mujer: El derrotero de Julieta Lanteri en la lucha por los derechos políticos de las mujeres sigue inspirando a las nuevas generaciones ( Araceli Bellotta, 2021)

Nacida en Italia, se recibió de médica después de muchos obstáculos. Organizó el primer Congreso Femenino Internacional, fundó el Partido Feminista Nacional y fue la primera sufragista. Su derrotero en la lucha por los derechos políticos de las mujeres sigue inspirando a las nuevas generaciones. El 26 de noviembre de 1911, una mujer votó por primera vez en las elecciones de renovación del Concejo Deliberante de la Capital Federal y se adelantó cuarenta años al ejercicio de este derecho para las mujeres argentinas, que sufragaron por primera vez en elecciones nacionales en noviembre de 1951. Fue la doctora Julieta Lanteri Renshaw, una pionera del feminismo nacional que dejó una huella imborrable en la lucha por los derechos femeninos. Julieta Lanteri había nacido en Cuneo, Italia, el 22 de marzo de 1873. A los seis años llegó a la Argentina junto con su familia, que se instaló en la ciudad de Buenos Aires, en la casa que su padre, Antonio Lanteri, había heredado de su primera esposa, en la avenida Santa Fe entre Cerrito y Libertad. Durante cinco años vivieron en la Capital Federal, hasta que en 1884 se mudaron a La Plata, ciudad recientemente fundada como capital de la provincia de Buenos Aires Julieta Lanteri quería ser médica y, por los diarios, se había enterado de las penurias que sufrió Cecilia Grierson cuando intentó ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Le habían dicho que no podían recibirla como alumna regular hasta que aprobara los cursos de latín que en la Escuela Normal, donde asistían las mujeres, no se dictaban. Sólo se impartían en el Nacional, donde ellas por tradición tenían vedado el ingreso. Por esta razón, en 1894, cuando Julieta ya tenía 21 años, rindió como alumna libre los tres primeros años en el Colegio Nacional de La Plata, al que ingresó como regular en ese mismo año. Al siguiente, cursó el quinto año y se recibió con 7,52 puntos de promedio.En 1896, solicitó el ingreso a la Facultad de Medicina de la UBA y un año después aprobó el curso preparatorio e inició su carrera. En 1904, pidió practicar obstetricia en la Escuela de Parteras como alumna interna. Fue aceptada, pero sin ninguna remuneración. Para entonces, otras mujeres habían emprendido la lucha por el ingreso a la Universidad y también por el ejercicio de sus profesiones. En este punto hay que recordar que, en esa época, las mujeres eran consideradas por el Código Civil como “incapaces y menores”. No tenían derechos civiles. De la tutela de los padres pasaban a la de los maridos cuando contraían matrimonio y eso significaba que necesitaban el permiso de ellos para la mayoría de las decisiones que tomaban en sus vidas. No les fue fácil ejercer sus profesiones una vez recibidas. Por esta razón, en 1904, se agruparon en la Asociación Universitarias Argentinas, para compartir sus dificultades y ayudarse unas a otras una vez que obtenían el título universitario. Allí se reunieron, además de Julieta, Cecilia Grierson, la primera médica recibida en el país; Sara Justo, pionera en la Odontología; Elvira y Ernestina López, egresadas de la Facultad de Filosofía y Letras, y Elvira Rawson de Dellepiane, la segunda graduada de Medicina. Las contadoras públicas, por ejemplo, tuvieron que soportar un fallo del procurador general de la Nación, el doctor Escobar, quien sostuvo que aunque consideraba “digna de alabanza a la mujer que por medio del estudio perseverante domina las limitaciones impuestas por su propia naturaleza y se entrega al trabajo que honra y eleva”, las aspirantes a contador público debían justificar la ciudadanía en ejercicio de la potestad política. Y agregó: “No siendo considerados ciudadanos sino los varones adultos de dieciocho años en adelante, lo expuesto basta para demostrar que la prescripción legal citada impide que la mujer opte al título de contador público y juzga innecesario entrar en otros razonamientos”. A las médicas se les sumaba la complicación de que sólo podían atender a otras mujeres. ¿Qué hombre iba a permitir que una dama, que no fuera su esposa o su amante, lo viera desnudo y mucho menos que tocara su cuerpo?. El 11 de abril de 1907, a los 34 años, Julieta Lanteri aprobó su tesis doctoral bajo el título “Contribución al estudio del deciduoma maligno”, con la calificación de 8 puntos, y recibió el grado de doctor en Medicina y Cirugía. Su diploma contó con el aval de profesores como Luis Agote, Gregorio Aráoz Alfaro, Telémaco Susini, Carlos Malbrán, Enrique Bazterrica, José Penna, José María Ramos Mejía, Pedro Lagleyze, Ángel Gallardo, Ángel Centeno y Miguel Puiggari, s próceres de la medicina argentina que dan nombre hoy a los principales hospitales y clínicas del país. De esta manera, Julieta se convirtió en la sexta médica graduada en el país y en la primera italiana en alcanzar un título universitario en la Argentina. Pese a semejante logro, tenía en claro que no sería fácil ejercer la medicina. Por eso, procuró un nombramiento en la Asistencia Pública de Buenos Aires, en el área en que se administraba la vacuna contra la viruela, tarea que no le interesaba a ningún médico varón porque era tan insignificante que solían abastecerla con los alumnos más avanzados. A pesar de sus excelentes calificaciones y su especial interés por las enfermedades neurológicas, se resignó a comenzar su carrera con un trabajo ingrato. Ella mismo lo describió en el periódico La Semana Médica: “Muerde el freno el pueblo criollo para ir a vacunarse, para recibir gratis el homenaje de la ciencia; patea y vocifera e insulta a la infeliz mujer, al generoso joven, que por un miserable sueldo trabajan seis horas consecutivas al día, pobres practicantes de vacuna, que esperan nerviosos y sumisos que el niño deje de llorar y que la madre tienda el brazo al lancetazo rabioso”. En 1909, fue Julieta Lanteri quien propuso en la Asociación de Universitarias Argentinas la organización de un Congreso Femenino Internacional para las celebraciones del Centenario de la Revolución de Mayo, que se llevarían a cabo el año siguiente. La idea fue aceptada y ella fue designada secretaria general del encuentro. Fijaron como fecha del 18 al 23 de mayo de 1910, y establecieron sus bases y programa. Formaron comités de propaganda en las provincias, en América y en Europa, que debían ocuparse de promoverlo, no sólo para la asistencia sino también para el envío de las ponencias que se presentarían en las secciones de Sociología, Derecho, Educación, Ciencias, Letras y Artes e Industrias. Y en aquellos históricos festejos hubo dos congresos femeninos. Uno, el oficial y patriarcal; el otro, internacional y feminista. En el primero, organizado por el Consejo Nacional de Mujeres, mostraron en una exposición las labores femeninas que se realizaban en el país y sostuvieron en la inauguración que no reclamarían el derecho al voto porque eso era cuestión exclusiva de los hombres cultos y morales, y porque “la acción de este Congreso es pacificadora, educadora y controladora”. En el otro, el que había propuesto Julieta Lanteri, declararon que “la mujer argentina tiene el derecho de reclamar un sitio honroso para sus educacionistas, sus redactoras de periódicos, sus médicas, sus artistas y para sus trabajadoras, que en el laboratorio, en el taller o en el seno de las asociaciones filantrópicas hacen obra fundamentalmente feminista, mal que pese a algunas oírse así calificadas, porque entendemos que trabajan por levantar el nivel material y moral de su sexo, y eso y no otra cosa es el feminismo”. En este Congreso Internacional, Julieta además sorprendió con una ponencia sobre la prostitución, en tiempos en que Buenos Aires estaba considerada como “el burdel de Sudamérica” por la cantidad de mujeres inmigrantes que eran traídas al país engañadas por diversas redes de trata y luego esclavizadas en los burdeles. Por primera vez, el feminismo local abordaba el tema e iniciaba el largo debate que todavía continúa. Al concluir, formuló “un voto de amor y de profunda simpatía por las mujeres que en este momento de la vida humana no están en el sendero de la razón y del deber, pues no las considero responsables de su extravío sino las víctimas de la falta de previsión y de amor que muestran las leyes y las costumbres, creadas por la preponderancia del pensamiento masculino en la orientación de los destinos del pueblo”. Durante esas jornadas de 1910, las feministas argentinas abordaron también la cuestión de los derechos civiles y la igualdad con los varones, el divorcio absoluto, el abuso del alcohol y el reconocimiento de la paternidad de los hijos. Finalizado el Congreso, el 6 de junio de 1910, Julieta Lanteri contrajo matrimonio con Alberto Renshaw. También en esta ocasión, optaba por un camino extraño para las mujeres de su condición. El joven, de nacionalidad estadounidense, era catorce años menor que ella y además era un ignoto. Sus compañeras de militancia feminista estaban casadas con hombres mayores y de apellidos notables. Cuando le preguntaban su adscripción política, Julieta Lanteri se declaraba librepensadora y con esa orientación también actuó a la hora de casarse. No le salió bien: un año después ya estaba separada. En agosto de 1910, la Comisión de Enseñanza de la Facultad de Medicina le denegó su pedido de adscripción a la cátedra de Enfermedades Mentales con el argumento de que era italiana. Fue entonces que Julieta inició el trámite para obtener la ciudadanía argentina, que le fue otorgada un año después. Pese a que obtuvo sus papeles, no fue admitida en la cátedra, pero se le abrió un camino que a ninguna mujer se le había ocurrido hasta entonces. Con la carta de ciudadanía en la mano, y apelando a que el documento decía que debían reconocerle “todas las prerrogativas que le corresponden” como “ciudadano argentino”, se presentó para inscribirse en el padrón municipal. Esgrimió la Ley 5.098, del 29 de julio de 1907, que disponía que se renovara el padrón de la Capital Federal cada cuatro años, y que en su artículo séptimo establecía que “las comisiones empadronadoras inscribirán en el registro a los ciudadanos mayores de edad que sepan leer y escribir, que se presenten personalmente a solicitar la inscripción y que hayan pagado en el año impuestos municipales por valor de cien pesos como mínimo o contribución directa, o patente comercial o industrial por igual suma, o ejerzan alguna profesión liberal dentro de municipio y se hallen domiciliados en él desde un año antes de la inscripción”. Ella cumplía con todos los requisitos y logró su boleta de inscripción con el número 80 del padrón municipal correspondiente a la Sección Segunda, mesa número 1. El 23 de noviembre de 1911, se presentó en el atrio de la iglesia de San Juan, ante la mirada atónita de los varones que formaban fila para votar. Luego de emitir su voto, el presidente de la mesa, el doctor e historiador Adolfo Saldías, le manifestó su satisfacción por haber firmado la boleta de la primera sufragista latinoamericana, que votó en Buenos Aires cuatro décadas antes que el resto de las mujeres argentinas. Saldías exageró, o no sabía que en la provincia de San Juan las mujeres votaban en elecciones municipales desde la década de 1860. Pero en Buenos Aires, ninguna mujer había sufragado hasta Julieta. No pudo repetir la experiencia a nivel nacional, porque en las siguientes elecciones regía la Ley Sáenz Peña, del voto secreto y obligatorio. Cuando quiso inscribirse, le dijeron que los padrones se confeccionaban a partir de los listados del servicio militar obligatorio, que las mujeres no hacían, y aunque fue hasta un cuartel de Palermo para pedir la posibilidad de cumplir con esa obligación, no la dejaron. Entonces se le ocurrió otra idea. La ley decía que las mujeres no podían votar, pero nada refería al hecho de ser elegidas. Apelando al principio constitucional que sostiene que nadie puede ser privado de lo que la ley no prohíbe, convocó a un grupo de compañeras y seguidoras y anunció que para las elecciones nacionales de 1919, se presentaría como candidata a diputada nacional por la ciudad de Buenos Aires con una nueva agrupación: el Partido Feminista Nacional. Así se constituyó el nuevo partido, con Julieta Lanteri como secretaria general, Petronila O’Donnell de Joseph como tesorera y, como vocales, Haydeé Joseph O’Donnell, María Luisa Boggio, María Franconi de Bado, Sara Soto y Lara Benatti. Su proclamación oficial se realizó en el Salón Augusteo, en la calle Sarmiento 1367, en un acto colmado por un público mayoritariamente femenino, pero con una asistencia considerable de varones que sorprendió a las mismas organizadoras. La única oradora fue Julieta, que inició su discurso diciendo que su candidatura “es una afirmación de mi conciencia que me dice que cumplo con mi deber, una afirmación de mi independencia que satisface mi espíritu y no se somete a falsas cadenas de esclavitud moral e intelectual, y una afirmación de mi sexo, del cual estoy orgullosa y para el cual quiero luchar”. Después dijo que se iba a referir a “los puntos que son singulares y pertenecen al programa femenino de la plataforma electoral”. Y comenzó con la propuesta del reconocimiento de la madre como funcionaria de Estado. Sostuvo que debían ser remuneradas por el Estado y lo hizo en tiempos en que regía la Ley 5.291, aprobada en 1907, que decía que las obreras podían dejar de concurrir a las fábricas hasta los treinta días subsiguientes al parto. No existía ninguna licencia previa ni retribución alguna. Apeló al ejemplo de Francia, donde el Estado pagaba a las madres por cada hijo que daban a luz, “sin exceptuar a las madres pudientes”. También se refirió a otros puntos, como la protección del niño huérfano, la abolición de la venta y fabricación de bebidas alcohólicas y la derogación de la prostitución reglamentada. Respecto de la legislación laboral, propuso un horario máximo de seis horas para las mujeres; ampliación de la reglamentación del trabajo de la mujer y el niño; jubilación y pensión para todo empleado y obrero; pensiones para la vejez y el todavía vigente “salario igual en tareas equivalentes para los dos sexos”. En educación y justicia, se comprometió a propiciar la educación mixta de artes y oficios agrícolas y del hogar, colonias para niños débiles, ciegos y sordos; el reemplazo de los reformatorios por colonias para niños díscolos y delincuentes; la anulación de las cárceles de mujeres por la implantación de institutos de trabajos industriales, y la abolición de la pena de muerte, que entonces regía en el país. También incluyó el sufragio universal para los dos sexos, y la igualdad civil para los hijos legítimos y los conceptuados no legítimos, derecho que fue incluido por el gobierno de Juan Domingo Perón en la Constitución de 1949, luego derogada por el gobierno de facto que lo derrocó en 1955, y que recién fue consagrado por el gobierno de Raúl Alfonsín luego del regreso a la democracia en 1983. La ciudad de Buenos Aires amaneció empapelada con un afiche con el rostro de Julieta Lanteri y la leyenda: “En el Congreso una banca me espera, llevadme a ella”. Sabía que no lograría esa banca, pero de esa manera agitaba la opinión pública sobre la necesidad de otorgar el derecho al voto para las mujeres. El 18 de marzo de 1919, en la Plaza de Flores, realizó un acto callejero, el primero que una mujer protagonizaba en el país y en el que reunió a unas dos mil personas. Contó, además, con un comité independiente, un comité popular y una agrupación de jóvenes de La Boca, otra de Barracas, dos comités femeninos, La Unión Feminista Nacional de la doctora Alicia Moreau, la Asociación Pro Derechos de la Mujer de Elvira Rawson de Dellepiane y quince locales repartidos en distintos puntos de la ciudad. En esas elecciones de 1919, ganaron los socialistas con 56 mil votos, seguidos por la Unión Cívica Radical con 54 mil. Julieta obtuvo 1.730 sufragios, todos de varones, y entre ellos el del escritor Manuel Gálvez, que en su libro Recuerdos de la vida literaria sostuvo que “como no quería votar por los conservadores ni por los radicales”, lo hizo por “la intrépida doctora Lanteri”.Repitió su hazaña, siempre como candidata a diputada nacional, en las elecciones de 1922, 1924, 1926 y 1930, y en algunas llegó a superar los tres mil votos. Después del golpe de Estado de 1930, con el general José Félix Uriburu, el nacionalismo autoritario irrumpió en la vida nacional y otra vez regresó el fraude en los actos electorales. La UCR fue proscripta y la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras y Coronel Díaz, donde Leopoldo Lugones (hijo) estrenó la picana eléctrica para conseguir confesiones, se llenó de radicales, socialistas, sindicalistas, anarquistas y comunistas. Alfredo Palacios, Mario Bravo, el general Enrique Mosconi, Nicolás Repetto, Américo Ghioldi y Enrique Dickman fueron algunos de los dirigentes alojados en sus sótanos. El mismo presidente constitucional Hipólito Yrigoyen fue encarcelado en la isla Martín García. La Legión Cívica Argentina, una organización paramilitar creada por el mismo Uriburu, se sumó a la cruzada de “recuperar los valores nacionales” y de perseguir a todos los que atentaban en contra de la patria y la familia con ideologías foráneas que nada tenían que ver con la argentinidad. Las feministas no quedaron al margen de la persecución. Si bien la doctora Julieta Lanteri no abandonó su militancia, no eran tiempos de reclamar el voto para las mujeres. Estaba tapada de deudas que devenían de los procesos judiciales que debió enfrentar cada vez que quiso avanzar en el ejercicio de sus derechos y el del resto de las mujeres, además del sostenimiento de sus campañas políticas. Se recluyó en su consultorio de Sarmiento 848, donde se dedicó al tratamiento de la calvicie. El 20 de febrero de 1932, tras elecciones fraudulentas, asumió la presidencia el general Agustín P. Justo. En cuanto Uriburu abandonó el gobierno, los diarios comenzaron a denunciar las arbitrariedades de la dictadura. El socialista Alfredo Palacios encabezó un movimiento que se propuso llevar a los torturadores hasta los tribunales. La respuesta de las huestes de Uriburu no tardó en llegar. El mismo día de la asunción de Justo, atacaron a Palacios, que debió refugiarse en una librería de Viamonte y Callao. En Morón, asesinaron al dirigente radical Valentín Vergara. En La Plata, dispersaron una manifestación a balazos. Julieta Lanteri decidió desempolvar el Partido Feminista Nacional para volver a la lucha y para eso necesitaba dinero. El 22 de febrero de 1932, firmó un pagaré a favor de Filomena Corrade por 710 pesos moneda nacional. Al día siguiente volvería a convocar a las afiliadas. Pero no la dejaron. El 23 de febrero de 1932, a las tres de la tarde, un auto particular que nunca se pudo identificar la atropelló en Diagonal Norte y Suipacha y le fracturó el cráneo. Los diarios informaron lo ocurrido y todos coincidieron en calificar el hecho como un accidente. Una sola voz se atrevió a sembrar la duda y fue la de Adelia Di Carlo, periodista y compañera de militancia feminista, quien en su necrológica en Caras y Caretas aseguró que Julieta Lanteri hacía tiempo que temía un ataque. Fueron infructuosos los esfuerzos por encontrar el expediente de la causa abierta luego del “accidente”, y el libro de actas donde la policía asentó el hecho, justo en la página que corresponde al supuesto accidente, aparece como si se le hubiese derramado un vaso de agua sobre la escritura. La doctora Julieta Lanteri resistió un día y medio y falleció en la mañana del 25 de febrero de 1932. Faltaba un mes para que cumpliera 59 años, de los cuales más de la mitad los había invertido en bregar por los derechos de las mujeres argentinas. Durante muchos años permaneció olvidada, pero hoy su nombre es una bandera de esa lucha que aún continúa. Fuente: Bellotta, Araceli ( 2021).,Julieta Lanteri, pionera del voto, Caras y Caretas, Buenos Aires, Argentina

martes, 1 de febrero de 2022

Osvaldo Soriano: romance intelectual con la pelota

Romance intelectual con la pelota "El goleador es siempre el mejor poeta del año", escribió Pier Paolo Pasolini, en la cumbre del romance entre la literatura y el fútbol. Camus había dicho que el fútbol le enseñó todo lo que sabía y el desprecio de los intelectuales por esa pasión se había superado cuando estalló una nueva polémica: ya no fútbol vs. cultura, o civilización vs. barbarie, sino literatura versus oportunismo editorial y venta. Además, cómo el fútbol devora la cultura general. Por Hernán Brienza Jorge Luis Borges fue el encargado de marcar la divisoria de aguas. Con lapidaria ironía, reformuló el "civilización y barbarie" sarmientino y sentenció en más de una entrevista periodística que el fútbol era "una cosa estúpida de ingleses... Un deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos". La frase hendía el cuchillo en el corazón de la patria futbolera y convocaba al escándalo. Pero más allá de la humorada —"una forma perversa de razonamiento; un cinismo que invalida todas las letras del mundo: Así, el Quijote no es otra cosa que un conjunto de letras negras sobre papel blanco", como lo definiría para Ñ Alejandro Dolina— el anatema borgeano selló la relación entre quienes practicaban el deporte de la literatura y los habilidosos en el arte del fútbol. Durante décadas —salvo excepciones— ambos mundos sucedieron en dimensiones paralelas. En forma esquemática podría resumirse de la siguiente manera: los escritores desdeñaban el fútbol y los futboleros huían de la literatura. La división también se experimentaba entre lectores e hinchas en una remake del divorcio original entre pueblo e ilustración aventado por Domingo Faustino Sarmiento. Pero la segunda mitad del siglo XX sería testigo de una plebeyización de la literatura —el periodismo fue gran artífice de este proceso— y decenas de literatos se volcarían a una producción mestiza gracias a la cual el fútbol ya no quedaría en "orsai" literario. Finalmente, a mediados de los noventa, la pelota ganó la batalla y hoy —a horas del mundial de Alemania— se asiste a lo que algunos denominan la futbolización del universo y de la que no puede escapar ni siquiera el apocado e íntimo mundo de las letras. La mala relación entre fútbol y literatura se inició en 1880 cuando el escritor británico Rudyard Kipling (1865-1936) despreció a ese deporte y a "las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan". Y prácticamente desde esa fecha el desencuentro se hizo sostenido. Sin embargo, el recorrido de una buena biblioteca demostrará que no faltaron las gratas excepciones: en los años 20, el peruano Juan Parra del Riego y el argentino Bernardo Canal Feijóo escribieron "Penúltimo poema del fútbol" y Horacio Quiroga publicó "Suicidio en la cancha", un cuento sobre el caso real de un jugador de Nacional que se pegó un tiró en el círculo central de la cancha. De aquellos tiempos es el primer relato totalmente ficcional sobre fútbol en el Río de la Plata: la novela del francés Henri de Montherlant Los once ante la puerta dorada. En 1923, nada menos que en su meláncolico libro Crepusculario, Pablo Neruda escribió el poema "Los jugadores", y 12 años después, "Colección nocturna", incluido en Residencia en la tierra. Durante el primer medio siglo hubo escasos coqueteos de la literatura con el fútbol —una aguafuerte de Roberto Arlt sobre el Seleccionado Nacional y poco más—; quien entró a saco lleno en el tema fue el uruguayo Mario Benedetti con su ya célebre cuento "Puntero izquierdo", escrito en 1955, y publicado en el libro Montevideanos. El llamado boom de la literatura latinoamericana se acercó al mundo del fútbol, no sólo desde la escritura sino también desde las tribunas. Tras un partido entre Junior y Millonarios, Gabriel García Márquez declaró: "No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago públicamente a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo, ahora, es convertir a alguien". Y el salvoconducto del futuro Premio Nobel dio resultados. Aunque, en realidad, ya por aquella época había salido del placard un gran número de escritores que se reconocían como hinchas de fútbol: el poeta gaditano Rafael Alberti —quien escribió "Oda a Platko", dedicada al arquero húngaro del Barcelona—, Miguel Hernández, Miguel Delibes, Manuel Vázquez Montalbán, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Jorge Amado, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sabato, Rubem Fonseca, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Rivadaneyro y Alfredo Bryce Echenique. Pero la literatura no sólo ha dado hinchas al mundo: también se ha enriquecido de ellos. Albert Camus, por ejemplo, aprendió cuando era arquero en Argelia que "la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Esto me ayudó mucho en la vida... Lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol". A la pelota se le debe, entonces, El mito de Sísifo, Los justos y La peste. A partir de los años 60 y 70 la lista de escritores que se animaron a escribir sobre fútbol se acrecentó considerablemente: el poeta brasileño Vinicius de Moraes escribió un célebre poema al puntero Garrincha, el español Camilo José Cela, sus Once cuentos de fútbol, el mexicano Juan Villoro, un texto sobre el maracanazo —el día que Uruguay le ganó a Brasil la Copa del Mundo en el estadio Maracaná— titulado El hombre que murió dos veces, Humberto Constantini, su relato "Inside izquierdo", y Leopoldo Marechal, elige la tribuna de un River-Boca para lanzar la batalla del protagonista de Megafón o la guerra. Mientras tanto, en Europa, el austríaco Peter Handke ponía la piedra basal con su novela La angustia del arquero frente al tiro penal —que poco habla de fútbol, es verdad— pero tiene una de las definiciones más bellas de ese instante crucial en un partido. Los años ochenta marcaron el fin de la separación entre el fútbol y las letras en la Argentina. Y eso ocurrió de la mano del periodismo gráfico: Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y Juan Sasturain se convirtieron en la delantera implacable que se abocaba a escribir sin tapujos ni complejos sobre fútbol, primero desde las crónicas de prensa y el humor y, finalmente, desde la literatura. Clásicos de esta etapa son los cuentos publicados en El mundo ha vivido equivocado, en el que el escritor rosarino incluyó los inolvidables relatos sobre fútbol como "Lo que se dice de un ídolo", "Memorias de un wing derecho", y "¡Qué lástima, Cattamarancio!". Osvaldo Soriano, por su parte, reunió en su libro Rebeldes, soñadores y fugitivos los memorables relatos como "El penal más largo del mundo" y "Maradona sí, Galtieri no". Y completa el trío de mosqueteros Juan Sasturain con la publicación de El día del arquero, que incluye el cuento "La poesía del chanfle al segundo palo". Al mismo tiempo, Alejandro Dolina coqueteaba con el fútbol desde sus Crónicas del Angel Gris que incluían "Apuntes de fútbol en Flores", una toma de posición respecto del tema: "En un partido de fútbol caben infinidad de novelescos episodios", sentencia la primera frase del cuento. Pero si bien se produjo la irrupción del fútbol como componente de lo popular en el espectro de las letras, la relación seguía siendo distante. La crítica de la revista Babel al libro de Soriano fue lapidaria: "No se puede escribir literatura con el banderín de San Lorenzo enfrente", como recuerda Sergio Olguín, autor del libro El equipo de los sueños, una novela que entrecruza la adolescencia en un barrio del sur del Gran Buenos Aires con la literatura griálica, el fútbol y la figura de Maradona. "Siempre hubo una negación temática en la literatura argentina, huyó de lo popular, que muchos autores entienden como populismo. El fútbol fue siempre marginado por la crítica pero no por los lectores. Estados Unidos no tuvo este problema. Paul Auster y Don DeLillio escribieron sobre béisbol y no escandalizaron a nadie", asegura el autor de Lanús. Casualmente, Olguín viajará a Alemania mientras se juegue el Mundial, invitado por la editorial Suhrkamp para representar a la literatura argentina en los debates sobre fútbol y literatura que se realizarán en las ciudades sede del torneo. Respecto de este desencuentro, Martín Caparrós, autor de Boquita, explicó a Ñ que "el anatema de Borges está relacionado con esa idea de los años setenta de que el fútbol es el opio de los pueblos, que engaña a millones de estúpidos a los que les pone, por delante de la lucha de clases, la lucha de cuadros. Esta posición se sintetiza perfectamente en Juan José Sebreli". En lo que podría caracterizarse con cierto sarcasmo como "sociología del centro al segundo palo" —la frase pertenece al presidente de River Plate, José María Aguilar— Sebreli sostuvo que "el acto de patear una pelota es ya de por sí esencialmente agresivo y crea un sentimiento de poder, amén de que la picardía de vencer al adversario basada en la trampa, la mentira, el disimulo, la zancadilla, tan alabada por todos los apologistas del fútbol como una forma de inteligencia natural y espontánea, no es sino una característica de la personalidad autoritaria". Sus libros Fútbol y masas y La era del fútbol le valieron al sociólogo la humorada de Sasturain, quien desde una reseña bibliográfica le espetó: "Sebreli, vos andá al arco". Liliana Heker dice: "No hay un desdén de la literatura hacia el fútbol, no se puede generalizar; Borges no deja de ser Borges incluso cuando desdeña al fútbol. Pero muchos escritores son hinchas apasionados, no hay un rechazo particular en el gremio. Yo tengo una relación apasionada desde muy chica. Para la literatura es un campo interminable, ya que el deporte pone en juego conflictos muy interesantes", dice Heker, autora del cuento "La música de los domingos". Claro que, desde los noventa, la relación entre fútbol y literatura se conjugó en un maridaje tan extraño y sospechoso como su anterior desencuentro. En un proceso de globalización del negocio del fútbol, la literatura acompañó ese devenir y también el mercado editorial. Hoy no se trata tanto de un acercamiento del arte a los sectores populares sino lisa y llanamente —con excepciones— de una operación de mercado. Primero fue el realismo político, luego la novela histórica y la literatura new age y actualmente el fútbol. "Es posible que se trate de una moda relativa —admite Olguín— pero la buena literatura no depende del tema que uno elija sino de una buena prosa, la construcción de personajes y una trama. La literatura futbolera es un gran negocio y alimenta al mercado pero seguramente pasará de moda". Quien anda a los rezongos contra la nueva moda de la literatura futbolística es, sorpresivamente, un hombre que gusta practicar ese deporte y que a mediados de la década del ochenta escribió sobre el tema. Arrepentido, según sus propias palabras, de haber escrito sobre esos tópicos por haber transitado el paño sensiblero y el cliché, Dolina protesta porque "en esta relación de maridaje pierde la literatura. En los últimos años se produjo una futbolización del universo, una invasión del área del pensamiento en la que se utilizan una cantera de metáforas banales tomadas del juego, en el periodismo y en la literatura. Un género no se basa en una temática, porque lo que ocurre es que nace un género acrisolado —salvo en el caso de los buenos escritores— que consiste simplemente en exaltar los estados de ánimo de quiénes ven fútbol o quienes lo juegan. La metáfora más recurrida se relaciona con la guerra y la pasión, como padecimiento, pero esos escritos suelen dejar una melancólica sensación de que se trata de sentimientos construidos. Se busca una épica que trascienda largamente una vida con ausencia de emociones. Existe cierta demagogia en la literatura que exalta la pasión deportiva, una necesidad de contacto popular. Esta demagogia consiste en el hecho de que en ese encuentro entre el gran arte y lo popular, no asciende lo popular sino que desciende el gran arte. La operación consiste en que si el pueblo no lee a Flaubert, que lean a Coelho. El fútbol es un hecho interesante cultural y antropológicamente pero no es el gran arte. Es un tema, pero no se puede convertir en una superstición, porque se transforma en una patología literaria. Resulta conveniente no entregarse a la tentación y, en todo caso, si hay que imitar a Gardel hay que hacerlo no en la pronunciación de la eme como ere sino en su afinación". Ante el torrente de publicaciones que anegó la industria cultural en los últimos años, una pregunta se hace evidente: ¿es obligatorio escribir sobre fútbol? Mempo Giardinelli cree que no. "Entre fútbol y literatura existe la misma relación que entre cocina y poesía, o filosofía y novela, o automovilismo e historia. No creo que haya nada esquemático, simplemente sucede que para mí la literatura es la vida por escrito. Y entonces puedo escribir lo que se me antoja. Nunca escribí sobre fútbol. Soy un narrador, y he escrito un par de cuentos de tema futbolero porque me pareció que podían ser narraciones eficaces. Mi relación con este deporte es como la de cualquier argentino: pasional, intensa, en lo posible festiva, pero no intelectual. Lo cual no impide que en determinado momento uno reflexione críticamente sobre las pasiones, intensidades, violencias y taras argentinas", dice el autor del clásico cuento "El hincha", escrito a principios de los ochenta. Ideas similares profesa Pablo Ramos: "En literatura no debería haber nada más que lo que el escritor cree que debería. La mayoría de los cuentos sobre fútbol que se escriben se acercan a lo tanguero, a lo humorístico y reflejan una parte muy romántica del deporte. La otra, el negocio, la trampa, la decadencia del deporte cuando se hace profesional, es poco común. La literatura debe incluirlo todo, porque cada cosa contiene su propia literatura. El fútbol es danza y es cuerda floja cuando se lo juega como Riquelme, o cuando un pibe como el Tuna Agüero, cansado de jugar en la Villa Corina (la misma de mi novela El origen de la tristeza, de ahí es él) se enfrenta a los grandes con 17 años y les pinta la cara. Lo patean, se levanta y les vuelve a pintar la cara. Y el fútbol es horrible cuando viene un Mundial y nos olvidamos del desempleo, de la contaminación de San Juan con cianuro... Cuando es olvido es un veneno, es el opio de los pueblos", sostiene el autor del cuento "Celeste y roja", en el que el protagonista muere envuelto en la bandera de Arsenal de Sarandi. Caparrós aporta un elemento original a esta controversia: "La literatura no tiene ninguna obligatoriedad respecto del fútbol. Existe una relación larga y fecunda de cierta narrativa desde hace 50 años. Hasta la televisión, había un 95 por ciento de aficionados deportivos que lo hacían desde el relato escrito o radial. Lo que constituye al fútbol en un hecho narrativo en sí mismo. Ahora el fútbol se ve, entonces, es muy complicado hacer un metarrelato, porque se trata de un relato en sí mismo. A mí el género de la literatura futbolística no me atrajo para desarrollarlo porque frente al relato del fútbol, lo demás es un metarrelato menor". Amagando entre el consumismo snob, la demagogia pop-fashion (condensada en los palcos de la Bombonera) y cierta autenticidad popular que transitan algunas experiencias literarias, la narrativa futbolera estalló en los últimos 15 años. En Europa, el ejemplo más claro es la novela Fiebre en las gradas, del británico Nick Hornby, en la que relata su vida como hincha. Por estas costas, poco después de que el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribiera Fútbol a sol y a sombra, la industria cultural parece haber encontrado una veta redituable: así, se sucedieron los libros de los ex futbolistas Jorge Valdano y Angel Cappa, y los libros periodísticos, émulos del Fútbol: dinámica de lo impensado, de Dante Panzeri. En el 2003 se produjo una nueva operación de acercamiento que consistió en la campaña "Cuando leés ganás siempre" y que consistió en la distribución gratuita de 50 mil cuentos todos los domingos. La última buena nueva fue el nacimiento de Ediciones al Arco, un legítimo emprendimiento para encausar la publicación de la literatura deportiva. Ni siquiera la poesía pudo quedarse afuera del fenómeno. Washington Cucurto ha utilizado como materia prima para sus obras el imaginario popular para homenajear a Enzo Francescoli o Diego Maradona y en su poema Entre hombres, dice: "El fútbol es un deporte de hombres dulces / el fútbol es un deporte de hombres que se quieren con locura". Fabián Casas, por su parte, escribió Cancha rayada, en el que describe el regreso de un estadio luego de una derrota. Consultado sobre qué lugar tiene el fútbol en su obra, Casas respondió: "Ser hincha de San Lorenzo tiñó mi personalidad. En términos heideggerianos soy-un-ser-para-la-Copa-Libertadores". Amalgamados, los dos géneros del arte caminan, finalmente, tomados de la mano. Quedan en el tintero algunas frases elegidas que definen con belleza irrefutable la belleza del fútbol. Javier Marías dijo que "el fútbol es la recuperación semanal de la infancia" y el intelectual comunista Antonio Gramsci lo definía como "el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre". Con cierto tono meloso, el checo Milan Kundera escribía que "tal vez los jugadores tengan la hermosura y la tragedia de las mariposas, que vuelan tan alto y tan bello pero que jamás pueden apreciar y admirarse en la belleza de su vuelo". Por último, el multifacético Pier Paolo Pasolini dejó la mejor definición que la literatura pudo hacer de este deporte que remite a los juegos circenses de la Roma antigua: "El fútbol es un sistema de signos, por lo tanto es un lenguaje. Hay momentos que son puramente poéticos: se trata de los momentos de gol. Cada gol es siempre una invención, es siempre una subversión del código: es una ineluctabilidad, fulguración, estupor, irreversibilidad. Igual que la palabra poética. El goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año. El fútbol que produce más goles es el más poético. Incluso el dribbling es de por sí poético (aunque no siempre como la acción del gol). En los hechos, el sueño de cada jugador (compartido por cada espectador) es partir de la mitad del campo, dribbliar a todos y marcar el gol. Si, dentro de los límites consentidos, se puede imaginar en el fútbol una cosa sublime, es ésa. Pero no sucede nunca. Es un sueño". Pasolini, obviamente, no había visto jugar a Diego Maradona. A pesar de desmentidas por el segundo gol del "Diez" a los ingleses, sus palabras están llenas de verdad poética. Pero de eso podría tratarse este desencuentro entre las letras y la pelota: Maradona tampoco había leído a Pasolini. Ilustración: El Tomi (Télam) PUBLICIDAD Carta de Osvaldo Soriano a Eduardo Galeano Querido Eduardo: Te cuento que el otro día estuve en el supermercado "Carrefour", donde antes estaba la cancha de San Lorenzo. Fui con José Sanfilippo, el héroe de mi infancia, que fue goleador de San Lorenzo cuatro temporadas seguidas. Caminamos entre las góndolas, rodeados de cacerolas, quesos y ristras de chorizos. De pronto, mientras nos acercamos a las cajas, Sanfilippo abre los brazos y me dice: "Pensar que acá se la clavé de sobrepique a Roma, en aquel partido contra Boca". Se cruza delante de una gorda que arrastra un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice: "Fue el gol más rápido de la historia". Concentrado, como esperando un córner, me cuenta: "Le dije al cinco, que debutaba: no bien empiece el partido, me mandás un pelotazo al área. No te calentés que no te voy a hacer quedar mal. Yo era mayor y el chico, Capdevila se llamaba, se asustó, pensó: a ver si no cumplo". Y ahí nomás Sanfilippo me señala la fila de frascos de mayonesa y grita: "¡Acá la puso!". La gente nos mira, azorada. "La pelota me cayó atrás de los centrales, atropellé pero se me fue un poco hasta ahí, donde está el arroz, ¿ve?" -me señala el estante de abajo, y de golpe como un conejo a pesar del traje azul y los zapatos lustrados-: "La dejé picar y ¡plum!". Tira el zurdazo. Todos nos damos vuelta para mirar hacia la caja, donde estaba el arco hace treinta y tantos años, y a todos nos parece que la pelota se mete arriba, justo donde están las pilas para radio y las hojitas de afeitar. Sanfilippo levanta los brazos para festejar. Los clientes y las cajeras se rompen las manos de tanto aplaudir. Casi me pongo a llorar. El Nene Sanfilippo había hecho de nuevo aquel gol de 1962, nada más que para que yo pudiera verlo. El penal más largo en el mundo Por Osvaldo Soriano El penal más fantástico del que yo tenga noticia se tiró en 1958 en un lugar perdido del valle de Río Negro, en Argentina, un domingo por la tarde en un estadio vacío. Estrella Polar era un club de billares y mesas de baraja, un boliche de borrachos en una calle de tierra que terminaba en la orilla del río. Tenía un equipo de fútbol que participaba en el campeonato del valle porque los domingos no había otra cosa que hacer y el viento arrastraba la arena de las bardas y el polen de las chacras. Los jugadores eran siempre los mismos, o los hermanos de los mismos. Cuando yo tenía quince años, ellos tendrían treinta y me parecían viejísimos. Díaz, el arquero, tenía casi cuarenta y el pelo. El blanco que le caía sobre la frente de indio araucano. En el campeonato participaban dieciséis clubes y Estrella Polar siempre terminaba más abajo del décimo puesto. Creo que en 1957 se habían colocado en el decimotercer lugar y volvían a sus casas cantando, con la camiseta roja bien doblada en el bolso porque era la única que tenían. En 1958 empezaron ganándole a Escudo Chileno, otro club de miseria. A nadie le llamo la atención eso. En cambio, un mes después, cuando habían ganado cuatro partidos seguidos y eran los punteros del torneo, en los doce pueblos del valle empezó a hablarse de ellos. Las victorias habían sido por un gol, pero alcanzaban para que Deportivo Belgrano, el eterno campeón, el de Padini, Constante Gauna y Tata Cardiles, quedara relegado al segundo puesto, un punto más abajo. Se hablaba de Estrella Polar en la escuela, en el ómnibus, en la plaza, pero no imaginaba todavía que al terminar el otoño tuvieran 22 puntos contra 21 de los nuestros. Las canchas se llenaban para verlos perder de una buena vez. Eran lentos como burros y pesados como roperos, pero marcaban hombre a hombre y gritaban como marranos cuando no tenían la pelota. El entrenador, un tipo de traje negro, bigotitos recortados, lunar en frente y pucho apagado entre los labios, corría junto a la línea de toque y los azuzaba con una vara de mimbre cuando pasaban a su lado. El público se divertía con eso y nosotros, que por ser menores jugábamos los sábados, no nos explicábamos como ganaban si eran tan malos. Futbolista y escritor Por Néstor López En el sur profundo, Patagonia y alrededores, las canchas de fútbol son pedregosas, grises y muy ventosas, las marcas no se hacen con cal sino con una zanja poco profunda. Allí se hizo jugador de fútbol Osvaldo Soriano. Jugaba de centrofóbal, con el 9 en la espalda y el oportunismo a flor de piel para meterse en el área contraria. Nunca pudo emular a sus ídolos, esos héroes vestidos de azul y rojo que la voz brillante de Fioravanti acercaba gracias a la radio. El Loco Dobal, Toscano Rendo, el Bambino Veira y el Manco Casa eran los mejores futbolistas del mundo para la imaginación y el corazón azulgrana de Soriano. Recién a los 20 años, ese 9 rubio y morrudo, cansado de tragar tierra patagónica, se dio cuenta de que su futuro no estaba en las canchas de fútbol. Y se dedicó a escribir. Y se transformó en uno de los mejores escritores argentinos del siglo XX. Pero el fútbol siempre corrió por su sangre hasta llegar al papel. En toda su obra como novelista, cuentista y periodista, Soriano mezcló realidad con ficción de tal forma que se transformó en su sello propio, su estilo para contar, su forma de llegar a ser masivo. Y quizás por eso fue ninguneado por los académicos de las letras, así como alguna vez intentaron ignorar a Roberto Arlt y ahora no reconocen como corresponde a Eduardo Sacheri. Allá perdido en los estantes de una librería cualquiera, donde cuesta llegar, se puede encontrar un libro entrañable, maravilloso de Osvaldo Soriano. Se llama Arqueros, ilusionistas y goleadores. Es una recopilación de todo (en realidad gran parte) de lo que escribió referido al fútbol. Hay ficción y realidad. Pero cuesta encontrar el límite, porque en una misma edición conviven Butch Cassidy, el Míster Peregrino Fernández y Obdulio Varela. Hay cuentos, notas que escribió para Página 12 y parte de la cobertura del Mundial 86 que realizó para Il Manifesto, de Roma. Aparece Maradona y, como no podía ser de otra manera, es posible disfrutar una vez más de El penal más largo del mundo. En esas páginas en las que algunos perdedores épicos son más queribles que varios ganadores tristes, Soriano junta sus dos amores, pinta su vida, recuerda su juventud, entrega su mirada del mundo y cita a Camus para expresar que "en una cancha de fútbol se juegan todos los dramas humanos" 21/10/12 Tiempo Argentino Daban y recibían golpes con tanta lealtad y entusiasmo, que terminaban apoyándose unos sobre otros para salir de la cancha mientras la gente les aplaudía el 1 a 0 y les alcanzaba botellas de vino refrescadas en la tierra húmeda. Por las noches celebraban en el prostíbulo de Santa Ana y la gorda Leticia se quejaba de que se comieran los restos del pollo que ella guardaban en la heladera. Eran la atracción y en el pueblo se les permitía todo. Los viejos les recogían de los bares cuando tomaban demasiado y se ponían pendencieros; los comerciantes les regalaban algún juguete o caramelos para los hijos y en el cine, las novias les consentían caricias por encima de las rodillas. Fuera de su pueblo nadie los tomaba en serio, ni siquiera cuando le ganaron a Atlético San Martín por 2 a1. En medio de la euforia perdieron, como todo el mundo, en Barda del Medio y al terminar la primera rueda dejaron el primer puesto cuando Deportivo Belgrano los puso en su lugar con siete goles. Todos creímos, entonces, que la normalidad empezaba a restablecerse. Pero el domingo siguiente ganaron 1 a 0 y siguieron con su letanía de laboriosos, horribles triunfos y llegaron a la primavera con apenas un punto menos que el campeón. El último enfrentamiento fue histórico por el penal. El estadio estaba repleto y los techos de las casas también. Todo el mundo esperaba que Deportivo Belgrano repitiera los siete goles de la primera rueda. El día era fresco y soleado y las manzanas empezaban a colorearse en los arboles. Estrella Polar trajo más de quinientos hinchas que tomaron una tribuna por asalto y los bomberos tuvieron que sacar las mangueras para que se quedaran quietos. El referí que pitó el penal era Herminio Silva, un epiléptico que vendía las rifas del club local y todo el mundo entendió que se estaba jugando el empleo cuando a los cuarenta minutos del segundo tiempo estaban uno a uno y todavía no había cobrado la pena por más que los de Deportivo Belgrano se tiraran de cabeza en el área de Estrella Polar y dieran volteretas y malabarismos para impresionarlo. Con el empate el local era campeón y Herminio Silva quería conservar el respeto por sí mismo y no daba penal porque no había infracción. Pero a los 42 minutos, todos nos quedamos con la boca abierta cuando el puntero izquierdo de Estrella Polar clavó un tiro libre desde muy lejos y se pusieron arriba 2 a 1. Entonces sí, Herminio Silva pensó en su empleo y alargó el partido hasta que Padín entró en el área y ni bien se le acercó un defensor pitó. Ahí nomás dio un pitazo estridente, aparatoso y sancionó el penal. En ese tiempo el lugar de ejecución no estaba señalado con una mancha blanca y había que contar doce pasos de hombre. Herminio Silva no alcanzó siquiera a recoger la pelota porque el lateral derecho de Estrella Polar, el Colo Rivero, lo durmió de un cachetazo en la nariz. Hubo tanta pelea que se hizo de noche y no hubo manera de despejar la cancha ni de despertar a Herminio Silva. El comisario, con la linterna encendida, suspendió el partido y ordenó disparar al aire. Esa noche el comando militar dictó estado de emergencia, o algo así, y mandó a enganchar un tren para expulsar del pueblo a toda persona que no tuviera apariencia de vivir allí. Según el tribunal de al Liga, que se reunió el martes, faltaban jugarse veinte segundos a partir de la ejecución del tiro penal y ese match aparte entre Constante Gauna, el shoteador y el gato Díaz al arco, tendría lugar el domingo siguiente, en el mismo estadio a puertas cerradas. De manera que el penal duro una semana y fue, si nadie me informa lo contrario, el más largo de toda la historia. El miércoles faltamos al colegio y nos fuimos al pueblovecino a curiosear. El club estaba cerrado y todos los hombres se habían reunido do en la cancha, entre las bardas. Formaban una larga fila para patearle penales al Gato Díaz y el entrenador de traje negro y lunar trataba de explicarles que esa era la mejor manera de probar al arquero. Al final, todos tiraron su penal y el Gato atajó unos cuantos porque le pateaban con alpargatas y zapatos de calle. Un soldado bajito, callado, que estaba en la cola, le tiró un puntazo con el borseguí militar y casi arranca la red. Al caer la tarde volvieron al pueblo, abrieron el club y se pusieron a jugar a las cartas. Díaz se quedó toda la noche sin hablar, tirándose para atrás el pelo blanco y duro hasta que después de comer se puso un escarbadientes en la boca y dijo: -Constante los tira a la derecha. -Siempre -dijo el presidente del club. -Pero él sabe que yo sé. -Entonces estamos jodidos. -Sí, pero yo sé que él sabe -dijo el Gato. -Entonces tírate a la izquierda y listo -dijo uno de los que estaban en la mesa. -No. El sabe que yo sé que él sabe -dijo el Gato Díaz y se levantó para ir a dormir. -El Gato esta cada vez más raro -dijo el presidente el club cuando lo vio salir pensativo, caminando despacio. 90 minutos. Relatos de fútbol Empezó el partido. Arde el fuego de la pasión entre todos los hinchas. Esa pasión que inflama sus corazones con el mismo entusiasmo que al pibe que va con el padre por primera vez a la cancha, a conocer en persona al equipo que será dueño de su amor por el resto de su vida. Este libro homenajea esa pasión con cuentos sobre padres e hijos, hinchas, relatores y jugadores de ayer, que dejaban la piel en el césped más allá de los premios y los sueldos, se peinaban con gomina por respeto y se bancaban todos los guadañazos, descosiendo los hilos gruesos de las pelotas de tiento y salían a la cancha aún con fiebre o resaca, haciendo de su profesión un culto al amor por la camiseta. Para ustedes, fieles amantes del deporte más popular, son estas historias. Fuente: Programa Libros y Casas, Clic para descargar. El martes no fue a entrenar y el miércoles tampoco. El jueves, cuando lo encontraron caminando por las vías del tren estaba hablando solo y lo seguía un perro con el rabo cortado. -¿Lo vas a atajar?- le preguntó, ansioso, el empleado de la bicicletería. -No sé. ¿Qué me cambia eso?- preguntó. -Que nos consagramos todos, Gato. Les tocamos el culo a esos maricones de Belgrano. -Yo me voy consagrar cuando la rubia de Ferreyra me quiera querer -dijo y silbó al perro para volver a su casa. El viernes, la rubia de Ferreyra esta atendiendo la mercería cuando el intendente del pueblo entró con un ramo de flores y una sonrisa ancha como una sandía abierta. Esto te lo manda el Gato Díaz y hasta el lunes vos decís que es tu novio. -Pobre tipo -dijo ella con una mueca y ni miro las flores que habían llegado de Neuquén por el ómnibus de las diez y media. A la noche fueron juntos al cine. En el entreacto el Gato salió al hall a fumar y la rubia de los Ferreyra se quedó sola en la media luz, con la cartera sobre la falda, leyendo cien veces el programa sin levantar la vista. El sábado a la tarde el Gato Díaz pidió prestadas dos bicicletas y fueron a pasear a las orillas del río. Al caer la tarde la quiso besar, pero ella dio vuelta la cara y dijo que el domingo a la noche, tal vez, después que atajara el penal, en el baile. -¿Y yo cómo sé? -dijo él. -¿Cómo sabés qué? -Si me tengo que tirar para ese lado. La rubia Ferreyra lo tomó de la mano y lo llevó hasta donde habían dejado las bicicletas. -En esta vida nunca se sabe quién engaña a quién -dijo ella. ¿Y si no lo atajo? -preguntó él. Entonces quiere decir que no me querés -respondió la rubia, y volvieron al pueblo. El domingo del penal salieron del club veinte camiones cargados de gente, pero la policía los detuvo a la entrada del pueblo y tuvieron que quedarse a un costado de la ruta, esperando bajo el sol. En aquel tiempo y en aquel lugar no había emisoras de radio, ni forma de enterarse de lo que ocurría en una cancha cerrada, de manera que los de Estrella Polar establecieron una posta entre el estadio y la ruta. El empleado del bicicletero subió a un techo desde donde se veía el arco del Gato Díaz y desde allí narraba lo que ocurría a otro muchacho que había quedado en la vereda que a su vez transmitía a otro que estaba a veinte metros y así hasta que cada detalle llegaba a donde esperaban los hinchas de Estrella Polar. A las tres de la tarde, los dos equipos salieron a la cancha vestidos como si fueran a jugar un partido en serio. Herminio Silva tenía un uniforme negro, desteñido pero limpio y cuando todos estuvieron reunidos en el centro de la cancha fue derecho hasta donde estaba el Colo Rivero que le había dado el cachetazo el domingo anterior y lo expulsó de la cancha. Todavía no se había inventado la tarjeta roja, y Herminio señala la entrada del túnel con una mano temblorosa de la que colgaba el silbato. Al fin, la policía sacó a empujones al Colo que quería quedarse a ver el penal. Entonces el arbitro fue hasta el arco con la pelota apretada contra una cadera, contó doce pasos y la puso en su lugar. El Gato Díaz se había peinado a la gomina y la cabeza le brillaba como una cacerola de aluminio. Nosotros los veíamos desde el paredón que rodeaba la cancha, justo detrás del arco, y cuando se colocó sobre la raya de cal y empezó a frotarse las manos desnudas, empezamos a apostar hacía dónde tiraría Constante Gauna. Se cumplieron 25 años del fallecimiento de Osvaldo Soriano, que supo aunar el periodista, con el intelectual y el fanático del fútbol, tres aristas que supo combinar en su faz profesional en contra del desprecio de muchos intelectuales que veían con malos ojos la intromisión del fútbol, hecho que ya habían concretado Cortazar, hemingway y varios otros en el mundo. En este texto , Brienza defiende a Soriano y lo muestra con su espiritu futbolero. En la ruta habían cortado el tránsito y todo el Valle estaba pendiente de ese instante porque hacía diez años que el Deportivo Belgrano no perdía un campeonato. También la policía quería saber, así que dejaron que la cadena de relatores se organizara a lo largo de tres kilómetros y las noticias llegaban de boca en boca apenas espaciadas por los sobresaltos de la respiración. Recién a las tres y media, cuando Herminio Silva consiguió que los dirigentes de los dos clubes, los entrenadores y las fuerzas vivas del pueblo abandonaran la cancha, Constante Gauna se acercó a acomodar la pelota. Era flaco y musculoso y tenía las cejas tan pobladas que parecían cortarle la cara en dos. Había tirado ese penal tantas veces -contó después- que volvería a patearlo a cada instante de su vida, dormido o despierto. A las cuatro menos cuarto, Herminio Silva se puso a medio camino entre el arco y la pelota, se llevó el silbato a la boca y sopló con todas sus fuerzas. Estaba tan nervioso y el sol le había machacado tanto sobre la nuca, que cuando la pelota salió hacía el arco, el referí sintió que los ojos se reviraban y cayó de espalda echando espuma por la boca. Díaz dio un paso al frente y se tiró a su derecha. La pelota salió dando vueltas hacía el medio del arco y Constante Gauna adivinó enseguida que las piernas del Gato Díaz llegarían justo para desviarla hacia un costado. El gato pensó en el baile de la noche, en la gloria tardía y en que alguien corriera a tirar la pelota al córner porque había quedado picando en el área. El petiso Mirabelli llegó primero que nadie y la sacó afuera, contra el asombrado, pero el arbitro Herminio Silva no podía verlo porque estaba en el suelo, revolcándose con su epilepsia. Cuando todo Estrella Polar se tiró sobre el Gato Díaz, el juez de línea corrió hacía Herminio Silva con la bandera parada y desde el paredón donde estábamos sentados oímos que gritaba “¡no vale, no vale!”. La noticia corrió de boca en boca, jubilosa. La atajada del Gato y el desmayo del árbitro. Entonces en la ruta todos abrieron las botellas de vino y empezaron a festejar, aunque el “no vale” llegara balbuceado por los mensajeros como una mueca atónita. Hasta que Herminio Silva no se puso de pie, desencajado por el ataque, no hubo respuesta definitiva. Lo primero que preguntó fue “qué pasó” y cuando se lo contaron sacudió la cabeza y dijo que había que patear de nuevo porque él no había estado allí y el reglamento decía que el partido no puede jugarse con un árbitro desmayado. Entonces el Gato Díaz apartó a los que querían pegarle al vendedor de rifas de Deportivo Belgrano y dijo que había que apurarse porque esa noche él tenía una cita y una promesa y fue otra vez bajo el arco. Constante Gauna debía tenerse poca fe, porque le ofreció el tiro a Padini y recién después fue hacía la pelota mientras el juez de línea ayudaba a Herminio Silva a mantenerse parado. Afuera se escuchaban bocinazos de festejo y los jugadores de Estrella Polar empezaron a retirarse de la cancha rodeados por la policía. El pelotazo salió hacía la izquierda y el Gato Díaz se fue para el mismo lado con una elegancia y una seguridad que nunca más volvió a tener. Costante Gauna miró al cielo y después se echó a llorar. Nosotros saltamos del paredón y fuimos a mirar de cerca a Díaz, el viejo, el grandote, que miraba la pelota que tenía entre las manos como si hubiera sacado la sortija de la calesita. Dos años más tarde, cuando él era una ruina y yo un joven insolente, me lo encontré otra vez, a doce pasos de distancia y lo vi inmenso, agazapado en punta de pie, con los dedos abiertos y largos. En una mano llevaba un anillo de matrimonio que no era de la rubia de los Ferreyra sino del hermano del Colo Rivero, que era tan india y tan vieja como él. Evité mirarlo a los ojos y le cambié la pierna; después tiré de zurda, abajo, sabiendo que no llegaría porque estaba un poco duro y le pesaba la gloria. Cuando fui a buscar la pelota dentro del arco, el Gato Díaz estaba levantándose como un perro apaleado. -Bien, pibe -me dijo-. Algún día, cuando seas viejo, vas a andar contando por ahí que le hiciste un gol al Gato Díaz, pero para entonces ya nadie se va a acordar de mí. Fuente: Brienza, H. "Romance intelectual con la pelotaW", El Ortiba, s/f

lunes, 31 de enero de 2022

No seas indiferente, mensaje central en el Día Internacional de Recuerdo del Holocausto

Una de las frases más conocidas del gran escritor Elie Wiesel, de bendita memoria, Premio Nobel de la Paz y sobreviviente de la Shoá, es “lo contrario el amor no es el odio sino la indiferencia”. Sin minimizar en absoluto-es imposible hacerlo-el terror que el régimen nazi impuso sobre el propio pueblo alemán, claro está que uno de los elementos que hizo posible la hecatombe de la Shoá, fue la indiferencia de aquellos que no hicieron nada para impedir los crímenes que veían ante sus propios ojos. Lamentablemente, fueron la enorme mayoría. La contraparte bendita, fueron todos aquellos que arriesgaron sus propias vidas para salvar a otros, para esconder a vecinos o desconocidos, para acercar alimentos y hallar la forma de impedir el asesinato de los inocentes. Hasta fin del 2021, aproximadamente 29.000 personas fueron reconocidas por una comisión especial de Yad Vashem como Justos entre las Naciones. Es más que probable que haya habido más. El país del que más Justos fueron reconocidos fue Polonia, lo cual se explica por el hecho que allí residía la mayor comunidad judía de Europa, cerca de 3 millones de personas. Cuando el mal trata de imponerse, cada uno debe decidir cómo actuar. Aún sin entrar a juzgar a quien duda si correr el riesgo porque sabe que eso puede conducir a que su propia familia sea asesinada, el hecho es que solamente quienes toman la difícil y valiente decisión de hacerlo , desafían con ello a los criminales y salvan vidas en medio del infierno. Cada uno , en medio del horror, decide si hace todo para salvar una vida, u optar por la comodidad . Es una cuestión de actitud. Teniendo esto presente, la instititución Claims Conference y el Centro Mundial de Recordación de la Shoá Yad Vashem lanzan una campaña en las redes sociales destinada a honrar a los Justos entre las Naciones (en hebreo: Jasidei Umot Haolam) , aquellos no judíos que arriesgaron todo durante el Holocausto para salvar judíos. El título de la campaña es significativo, un llamado a la acción: #DontBeABystander. Traducido literalmente, significa “No seas un espectador”. Comprendiendo el sentido profundo del mensaje, nosotros agregaríamos “no seas un mero espectador”. Si eres testigo de horrores que se están cometiendo, trata de impedirlos, actúa, decide que te pones del lado del bien y no optas por la indiferencia que puede ayudar a los perversos a cometer sus crímenes. La nueva campaña es de hecho una iniciativa educativa cuya importancia es clave para la humanidad en general. Tiene un doble significado: destaca la importancia de la actitud que cada uno adopta ante el mal y el valor que la no indiferencia tiene para salvar vidas, y por otro lado, es una expresión de agradecimiento, de gratitud eterna a los Justos entre las Naciones que rescataron judíos de las garras de los nazis. En el comunicado difundido por Yad Vashem para informar sobre la nueva campaña, se cita a Gideon Taylor, Presidente de la Claims Conference. “El pueblo judío tiene una deuda de gratitud para con sus Justos salvadores. Para algunas familias judías, en su hora más desesperada, sus salvadores fueron guiados por su conciencia y por un imperativo moral, inclusive por sobre su propia seguridad”, afirma. “Es nuestro deber no solamente honrar a los rescatadores por rehusar ser meros espectadores sino también compartir sus heroicos esfuerzos , que fueron la contraparte de la oscuridad e indiferencia de la humanidad durante el Holocausto.El Claims Conference se honra en asociarse con Yad Vashem en esta importante campaña”. Cabe recordar que el nombre completo del Claims Conference es la Conferencia de las Demandas materiales judías contra Alemania. Es una organización sin fines de lucro con oficinas en Nueva York, Israel y Alemania, que proporciona compensación material a los sobrevivientes de la Shoa en el mundo. Desde 1963, ha apoyado y honrado a los Justos entre las Naciones reconocidos por Yad Vashem a través de un programa especial de asistencia que deriva-así lo explican- de “la obligación moral judía de expresar gratitud”. Quienes lo arriesgaron todo para salvar judíos merecen no sólo agradecimiento . Merecen admiración. Fuente: Jerozolimski, A(2022)No seas indiferente, mensaje central en el Día Internacional de Recuerdo del Holocausto, Semanario Hebreo Jai ( Uruguay)

sábado, 22 de enero de 2022

ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GENERAL JOSÉ DE SAN MARTÍN:PODIA HABLAR CON LIBERTAD Y FIRMEZA ,PORQUE SU PENSAMIENTO Y ACCIÓN ESTABAN IRREVOCABLEMENTE UNIDOS A QUIENES PONIAN VIDA Y HABERES AL SERVICIO DE LA LIBERTAD DE LAS NUEVAS NACIONES (TOMÁS GUIDO)

Se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de José de San Martín, el Libertador de América, llegado al mundo el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, que actualmente forma parte de la provincia argentina de Corrientes y que, por entonces, era la capital de uno de los cuatro departamentos en que habían sido agrupados los treinta pueblos de las misiones guaraníticas tras disponer el rey Carlos III en 1767 la expulsión de los jesuitas, quienes habían evangelizado la región, sufrido el martirio en muchos casos e incorporado a miles de indígenas a la vida civilizada. Don Juan de San Martín ejerció allí, desde 1775, las funciones de teniente de gobernador.En 1781, la familia San Martín -el padre, la madre y cinco hijos, de los que cuatro eran varones- estaba radicada en Buenos Aires.Todos emprendieron viaje a España a fines de 1783, haciéndolo a bordo de la fragata Santa Balbina. Arribaron al puerto de Cádiz en la segunda quincena de marzo de 1784. Soldado del ejército real José de San Martín, después de realizar estudios elementales en Málaga, donde se había establecido su familia, se incorporó en 1789 como cadete al Regimiento de Murcia, del arma de infantería. Mientras formó parte del ejército real con guarnición en España, combatió inicialmente en África contra los moros (árabes islámicos que habitaban en el norte de ese continente) y después lo hizo en Europa o en los mares vecinos, en guerras sostenidas con Francia, Inglaterra y Portugal. Esto determinó su participación en treinta y una acciones bélicas, siendo una de ellas el combate de Arjonilla. or su actuación en la famosa batalla de Bailén, donde resultaron batidas las legiones invasoras del emperador Napoleón I, fue ascendido al grado de teniente coronel y condecorado con medalla de oro, alto timbre de honor del ya por entonces destacado militar rioplatense. Por este tiempo, en que pasó a ser oficial de caballería, San Martín se vinculó a otros jóvenes americanos, residentes en la Península, que forjaban planes de independencia política para las respectivas regiones de su nacimiento. En 1811, pidió y obtuvo su retiro del ejército real, dejó España por la vía de Portugal y se trasladó a Londres, donde esperaba concretar su propósito de pasar a América. "Mi país nativo” Corrido el tiempo, San Martín evocaría en varias ocasiones esta etapa de su vida.Así, en 1848, escribió lo siguiente: “yo serví en el ejército español, en la Península, desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. Una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de empeñar". Muchos años antes, en 1819, había manifestado: "Hallábame al servicio de España el año 1811 con el empleo de comandante de escuadrón del Regimiento de Caballería de Borbón cuando tuve las primeras noticias del movimiento general de ambas Américas, y que su objetivo primitivo era su emancipación del gobierno tiránico de la Península. Desde este momento me decidí a emplear mis cortos servicios a cualquiera de los puntos que se hallaban insurreccionados: preferí venirme a mi país nativo, en el que me he empleado en cuanto ha estado a mis alcances... ". San Martín y otros rioplatenses desembarcaron el 9 de marzo de 1812 en Buenos Aires, la ciudad capital del antiguo Virreinato del Río de la Plata: Contribuir a la independencia de los pueblos americanos era la alta misión que lo había impulsado a retornar a la tierra de su nacimiento. En Buenos Aires, en San Lorenzo, en el Norte A poco de su llegada, el gobierno triunviro le confió la organización de un escuadrón de caballería, que en pocos meses se constituiría en la base del Regimiento de Granaderos a Caballo, de inmortal memoria en las luchas por la emancipación americana. Mientras instruía a oficiales, cadetes, cabos y soldados en el arte militar, en el manejo de las armas y en la disciplina castrense, el general San Martín contrajo matrimonio con María de los Remedios de Escalada. El 7 de diciembre de 1812, el nuevo gobierno triunviro le concedió el empleo de coronel del flamante regimiento. El 3 de febrero de 1813, San Martín, al frente de 120 granaderos, obtuvo su primera victoria en tierra americana al derrotar en San Lorenzo, cerca de la ciudad santafesina de Rosario, a 250 infantes desembarcados de una expedición fluvial corsaria promovida por el gobierno de Montevideo, ciudad aún dominada por partidarios del rey Borbón. El combate duró quince minutos y en su transcurso el jefe criollo estuvo a punto de perder la vida al quedar aprisionado por su caballo herido. El Ejército del Norte había sido creado por el gobierno revolucionario en 1810 para afirmar su autoridad y consolidar el movimiento independentista hasta las fronteras con el Virreinato del Perú. Al mando del benemérito general Manuel Belgrano, vencedor en las batallas de Tucumán y Salta, penetró en 1813 en el Alto Perú (actual Bolivia), donde sufrió los reveses de Vilcapugio y Ayohuma. Mientras las fuerzas militares derrotadas retrocedían hasta Salta para reorganizarse, el gobierno de Buenos Aires decidió socorrerlas con el envío de refuerzos al mando del coronel San Martín. Este asumió el mando del Ejército del Norte el 29 de enero de 1814, tras disponerse el relevo del general Belgrano. El nuevo jefe, que estableció sus cuarteles en Tucumán, se dedicó a reorganizar y disciplinar el ejército que se le había confiado, para lo que se valió de sus amplios conocimientos militares. Se hallaba dedicado a tan importante tarea cuando un grave deterioro de su salud lo obligó a pedir licencia, que le fue concedida. Pasó entonces a Córdoba, donde el descanso y los cuidados médicos contribuyeron a mejorar su estado. Gobernador de Cuyo Mientras se hallaba en el Norte, San Martín llegó al convencimiento de que por ese solo camino no se lograría derrotar a las fuerzas del virrey del Perú que ocupaban el Alto Perú. En su concepto, era necesario abrir un segundo frente por el océano Pacífico y avanzar sobre Lima para que las tropas virreinales se retirasen a fin de acudir en defensa del territorio peruano amenazado. Mientras esto no sucediese, el Ejército del Norte y la defensa de la frontera con el Alto Perú quedarían a cargo de Martín Miguel de Güemes y sus milicias gauchas. El 10 de agosto de 1814, el director supremo Gervasio Antonio de Posadas designó a San Martín -dijo hacerlo "a su instancia y solicitud"- "gobernador intendente de la Provincia de Cuyo, con el doble objeto de continuar los distinguidos servicios que tiene hechos a la Patria y el de lograr la reparación de su quebrantada salud en aquel delicioso temperamento". Cabe señalar que la gobernación intendencia de Cuyo había sido creada el 29 de noviembre de 1813, con jurisdicción sobre las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis, separadas por esta decisión de la de Córdoba. El plan continental de liberación Llevaba San Martín dos meses en el gobierno de Cuyo -asumido por él en septiembre de 1814- cuando sucumbió el régimen independentista de Chile a manos de las tropas represoras enviadas por el virrey del Perú. Esto determinó que el Libertador replantease su plan de acción militar, lo que lo llevó a optar entre dos alternativas: o adoptar un plan defensivo en previsión de que las tropas del virrey del Perú atacasen a Cuyo atravesando la cordillera de los Andes o formar un ejército para cruzar esas montañas a fin de liberar Chile y, conseguido esto, hacer otro tanto con el Perú. Se decidió por la segunda, o sea por una acción militar destinada a asegurar a los pueblos hispanoamericanos su segregación de la monarquía borbónica y su condición de estados soberanos. El plan continental sanmartiniano fue aprobado por el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata poco después de haber declarado estas su independencia el 9 de julio de 1816. Cómo era San Martín San Martín repartió su tiempo en ejercer el gobierno civil de Cuyo y en organizar el Ejército de los Andes, cuyo campo de instrucción estaba en el Plumerillo, cercano a la ciudad de Mendoza. De un lugar a otro se trasladaba montando "un caballo negro, rabón, de trote largo". Su vestimenta -escribió Damián Hudson- era muy sencilla, pues usaba "pantalón de punto de lana, azul, ajustado a la pierna, bota granadera, un largo sobretodo de paño del mismo color en invierno, casaca larga de igual tela en el verano, con botones de metal dorado, corbatín de seda o de cuero charolado, sombrero militar forrado en hule". Su estatura era de 1,70 m, aproximadamente, pero impresionaba como tanto o más porque estaba siempre erguido, con presencia castrense. El rostro se mostraba moreno, ya por coloración natural de la piel, ya por la huella que en él había dejado el servicio prestado a campo abierto. La nariz era aguileña y grande. Los prominentes ojos negros no permanecían nunca quietos y eran dueños de una mirada vivísima. Poseía una inteligencia poco común y sus conocimientos iban más allá de los propios de una estricta formación profesional. De maneras tranquilas y modales que revelaban esmerada educación, según los momentos era dicharachero y familiar, severo y parco, optimista y dispensador de ánimo para quienes lo habían perdido o vacilaban. Nadie pudo ni podrá tacharlo de indiscreto, llegando en ocasiones a ser, por necesidad, casi críptico o disimulador sin mentira. Profundamente reservado y caluroso en sus afectos, de él dijo Mitre que "era observador sagaz y penetrante de los hombres, a los que hacía servir a sus designios según sus aptitudes". La liberación de Chile Concluida la preparación del Ejército de los Andes, entre cuyos jefes se contaba el gran patriota chileno Bernardo O'Higgins, a mediados de enero de 1817 se inició el cruce de la cordillera, que parecía insalvable para una masa militar en campaña. Traspuestas las montañas, las tropas libertadoras vencieron en Chacabuco a un ejército realista el 12 de febrero, victoria que les dejó libre el camino de Santiago, la capital de la antigua Capitanía General o Reino de Chile. Tres días después, se reunió en la mencionada ciudad una representación de hombres notables, la cual designó al Libertador para que fuera el máximo magistrado político del país. Como San Martín declinó ese honor, entonces se escogió al brigadier O'Higgins, con el título de director supremo, para regir los destinos del país hermano. Al asumir el cargo, el patriota chileno dirigió al pueblo una proclama en la que dejaba constancia de que "los hijos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de esa nación que ha proclamado su independencia como fruto precioso de su constancia y patriotismo, acaban de recuperaros la libertad". Con motivo de la victoria de Chacabuco, el Cabildo de Santiago obsequió al general San Martín la suma de diez mil pesos. El héroe declinó el regalo y a la vez solicitó al ayuntamiento que lo destinara a fundar una biblioteca nacional, para que el pueblo, decía en una nota, "se ilustre en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres". Las tropas realistas que aún permanecían en el sur de Chile fueron reforzadas desde el Perú e iniciaron un avance sobre Santiago. En la noche del 19 de marzo de 1818 lograron sorprender en Cancha Rayada al ejército unido de argentinos y chilenos, que se dispersó parcialmente. San Martín rehízo sus efectivos y el 5 de abril siguiente obtuvo un gran triunfo en la batalla de Maipú. El escueto parte que en la tarde de ese día envió al director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón, lo dice todo: "Nada existe del ejército enemigo; el que no ha sido muerto, es prisionero. Artillería, ciento sesenta oficiales, todos sus generales, excepto Osorio, están en nuestro poder; yo espero que este último me lo traigan hoy. La acción del 19 ha sido reemplazada con usura, en una palabra, ya no hay enemigos en Chile". La victoria de Maipú tuvo enorme importancia, no sólo militar sino también política, por su gran repercusión en todo el continente, llevando esperanzas a los pueblos aún dominados y causando a la vez halagüeños augurios por sus derivaciones en la política europea. Independencia del Perú Poco antes de concluir 1818, el Congreso de las Provincias Unidas reconoció el nuevo Estado de Chile, cuya independencia había sido declarada al comenzar el año. Con esa decisión se confirmaba uno de los fines de la campaña dirigida por San Martín: éste era un liberador de pueblos, no su dominador. Asegurada la independencia de Chile, San Martín organizó el Ejército Libertador del Perú, integrado por argentinos y chilenos. La expedición, que partió el 20 de agosto de 1820, desembarcó el 7 del mes siguiente en la bahía de Paracas, donde se anunció al pueblo peruano que había llegado la hora de su liberación. El jefe rioplatense inició en ese lugar su campaña, coronada con su entrada en Lima el 10 de julio de 1821, ingreso que hizo de incógnito en el atardecer de ese día para no quebrar la modestia y austeridad con que siempre rigió su extraordinaria existencia. El 28 de ese mes, el general proclamó la independencia peruana en la Plaza Mayor de Lima. San Martín ejerció funciones de gobierno con el título de Protector de la Libertad del Perú. Entre sus realizaciones cabe recordar las siguientes: creó la bandera y el himno de la nueva nación; fundó la Escuela Normal y la Biblioteca Nacional, a la que donó sus libros; decretó la libertad de los hijos de esclavos nacidos después de la declaración de la independencia y extinguió los tributos que pagaban los indígenas. Mientras continuaban las acciones militares contra las fuerzas realistas, formó la primera escuadra peruana y el ejército nacional. Después de entrevistarse en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, en julio de 1822, con el Libertador del Norte, el general Simón Bolívar, San Martín prefirió abandonar el campo de su gloria con un renunciamiento ejemplar antes que claudicar en sus principios de libertador de pueblos. El héroe retorna a Buenos Aires De regreso en Lima, convocó al Congreso Nacional y ante él renunció a sus poderes en septiembre de 1822. En esa ocasión pronunció un discurso pleno de altos principios y digno de su talla heroica, al que dio término con estas palabras: "Desde este momento queda instalado el congreso soberano y el pueblo reasume el poder supremo en todas sus partes". Enseguida, abandonó la sala del Congreso para trasladarse a su quinta de La Magdalena, con el propósito de descansar unas horas antes de emprender el viaje de retorno a Chile, como tenía proyectado. Allí fue a visitarlo una comisión de diputados para ofrecerle, entre otros honores y títulos, los de "generalísimo" y "fundador de la libertad del Perú", que San Martín aceptó únicamente en lo que expresaban de honorífico, pero no en cuanto al amplio poder que tenía su ejercicio. En la madrugada del siguiente día -21 de septiembre de 1822- embarcó el Libertador San Martín, aureolado por la grandeza de su alma, con destino al puerto chileno de Valparaíso. Después de permanecer en las cercanías de Santiago para reponerse de una grave enfermedad, se dirigió a Mendoza, ciudad a la que arribó en los primeros días de febrero de 1823 y donde permaneció algún tiempo para informarse de la evolución de la situación política y militar existente en el Perú. Allí recibió la noticia de la muerte de su esposa, cuyo deceso se produjo en Buenos Aires el 3 de agosto. Como consecuencia, quedó huérfana de la atención materna su hija Mercedes, nacida en Mendoza el 24 de agosto de 1816. El 4 de diciembre de 1823, San Martín llegó a Buenos Aires y por pocos días se hospedó en una quinta de la familia Escalada sita en el antiguo partido de San José de Flores (ahora Parque de los Patricios). Desde allí retornó a la ciudad para visitar a las autoridades políticas de la provincia de Buenos Aires, quienes le retribuyeron la cortesía. Empero, pronto comenzó a manifestarse un ambiente de hostilidad en torno de su persona, a la vez que se le atribuían absurdos proyectos y actitudes. La educación de Mercedes Resolvió trasladarse a Europa para dar a su hija una educación escolar esmerada. También esperaba que este alejamiento le permitiera evadirse del molesto ambiente que le habían creado en Buenos Aires algunos ingratos. Padre e hija partieron de Buenos Aires el 10 de febrero de 1824, aunque el Libertador esperaba regresar prontamente. Así lo expresó en la carta que, ya a bordo del navío Le Bayonnais, envió ese día a su compadre, el coronel Federico Brandsen: "Dentro de una hora parto para Europa con el objeto de acompañar a mi hija para ponerla en un colegio en aquel país y regresaré a nuestro país en todo el presente año, o antes si los soberanos de Europa intentan disponer de nuestra suerte". Durante el tiempo que permaneció en el Viejo Mundo mantuvo contacto epistolar con amigos residentes en América, estuvo por breve lapso en Londres y después fijó su domicilio en Bruselas, además de hacer varios viajes y visitas. No derramar sangre criolla Mientras su hija Mercedes continuaba sus estudios en un instituto educativo en Bruselas, decidió retornar a Buenos Aires para atender sus asuntos personales, en particular los de carácter económico. Alentado por la convicción de que hallaría a sus compatriotas en paz, se embarcó a fines de 1828, pero al pasar por Río de Janeiro tuvo noticias del movimiento revolucionario iniciado en Buenos Aires el 1 de diciembre de 1828 por el general Juan Lavalle, su antiguo subordinado, y del posterior fusilamiento del gobernador legítimo, coronel Manuel Dorrego. Ambos hechos, alentados por el Partido Unitario, determinaron que el Libertador decidiera no desembarcar en la capital porteña, permaneciendo a bordo del buque Countess of Chichester, que lo había traído, y hacerlo en Montevideo. Hasta allí llegaron delegados del general Lavalle para ofrecerle el mando militar y político de la provincia de Buenos Aires. Tras rechazar la proposición, San Martín escribió una carta al jefe revolucionario en la que le decía: "Sin otro derecho que el de haber sido su compañero de armas, permítame usted, general, le haga una sola reflexión, a saber: que aunque los hombres en general juzgan de lo pasado según su verdadera justicia, y de lo presente según sus intereses, en la situación en que usted se halla, una sola víctima que pueda economizar a su país le servirá de un consuelo inalterable, sea cual fuere el resultado de la contienda en que se halle usted empeñado, porque esta satisfacción no depende de los demás sino de uno mismo ". El largo ostracismo Consecuente con su principio de no desenvainar su sable para luchar en contiendas facciosas, el 17 de abril se marchó de Montevideo para regresar a Bruselas pasando, previamente, por Inglaterra y Francia. El ostracismo que el héroe se impuso al alejarse por segunda vez de las tierras rioplatenses no tenía carácter definitivo en su sentir íntimo. En cuanto a su duración, la subordinó a los sucesos que por entonces se desarrollaban en su patria. San Martín y su hija dejaron Bruselas y a fines de 1830 se instalaron en París, para después hacerlo en una modesta residencia de campo situada a unos 13 kilómetros de aquella ciudad. En ese tiempo asolaba varios países europeos una epidemia de cólera, cruel enfermedad que atacó a ambos y de la que felizmente pudieron reponerse. El 13 de diciembre de 1832, la hija del Libertador contrajo matrimonio con Mariano Balcarce, joven porteño que a la sazón residía en Europa. Poco antes, San Martín había escrito a la madre de su futuro yerno lo siguiente: "La educación que Mercedes ha recibido bajo mi vista no ha tenido por objeto formar de ella lo que se llama una dama de gran to­ no, pero sí el de hacer una tierna madre y buena esposa; con esta base, y las recomendaciones que adornan a su hijo de usted, podemos prometernos que estos jóvenes sean felices, que es a lo que aspiro". Prontamente, el héroe sería abuelo, primero de María Mercedes y después de Josefa. A poco de trasladarse a Francia, San Martín anudó una honda amistad con Alejandro Aguado, su antiguo camarada de armas en España, convertido por entonces en un gran banquero. Cerca de la residencia de éste, en un lugar conocido con el nombre de Grand Bourg, el héroe adquirió en 1834 una confortable vivienda, que habitó hasta 1848 con su hija, su yerno y sus nietas. Hasta allí llegarían para visitarlo compatriotas como Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi; su antiguo subordinado el general inglés Guillermo Miller y chilenos o peruanos empujados por el afán de conocer al libertador de sus respectivas patrias. Con la América agredida El largo ostracismo del héroe no le impidió seguir atentamente la marcha de su tierra nativa, así como sentirse vigía y custodio de la independencia americana. Por ello, no vaciló en tomar posición cuando el jefe de la flota francesa de estación en el Atlántico Sur decretó el bloqueo del puerto de Buenos Aires y del litoral perteneciente a su soberanía. Bien se daba cuenta San Martín de que ese bloqueo no era causa de un conflicto, sino consecuencia de una política agresiva y atentatoria de la soberanía americana. Con dignidad y delicadeza, ofreció sus servicios al gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, brigadier general Juan Manuel de Rosas. Así le decía en una carta remitida desde Grand Bourg en agosto de 1838: "He visto por los papeles públicos de ésta el bloqueo que el gobierno francés ha establecido contra nuestro país; ignoro los resultados de esta medida; si son los de la guerra, yo sé lo que mi deber me impone como americano; pero en mis circunstancias y la de que no se fuese a creer que me supongo un hombre necesario, hacen, por un exceso de delicadeza que usted sabrá valorar, si usted me cree de alguna utilidad, que espere sus órdenes; tres días después de haberlas recibido me pondré en marcha para servir a la patria que me vio nacer". Mas como el Gran Capitán se anoticia de que hay compatriotas que consienten o apoyan la agresión europea esperando obtener con ello ventajas sobre la facción que a la postre podría resultar vencida, escribirá en 1839: "Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer". “Yo soy del Partido Americano” Corrido el tiempo, una nueva amenaza se cernió sobre América con motivo de la intervención armada en el Río de la Plata hecha en forma combinada por Inglaterra y Francia. Sabedor San Martín del combate de la Vuelta de Obligado, en el que soldados argentinos enfrentaron a los invasores europeos, escribió en 1848 a Rosas lo siguiente: "Los interventores habrán visto lo que son los argentinos. A tal proceder no nos queda otro partido que cumplir con el deber de hombres libres, sea cual sea la suerte que nos prepare el destino, que por mi íntima convicción no sería un momento dudoso en nuestro favor si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra patria si las naciones europeas triunfan en esta contienda que, en mi opinión, es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España". San Martín podía hablar con libertad y firmeza porque su pensamiento y su acción estaban irrevocablemente unidos a quienes ponían vida, haberes y fama al servicio de la libertad de las nuevas naciones. Así lo dijo por este tiempo al escribir a su amigo Tomás Guido: "Usted sabe que yo no pertenezco a ningún partido; me equivoco, yo soy del Partido Americano". La muerte del héroe En 1848, debido a la agitación reinante en gran parte de Francia, San Martín dejó Grand Bourg y, acompañado por su familia, se trasladó a Boulogne-sur-Mer. Desde allí resultaría más fácil y rápido pasar a Gran Bretaña. En Boulogne-sur-Mer, a las 3 de la tarde del 17 de agosto de 1850, falleció don José de San Martín, brigadier general de la Confederación Argentina, capitán general de la República de Chile y generalísimo de la del Perú y fundador de su libertad. Se hallaban a su lado su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce, sus nietas, el representante de Chile en Francia don Francisco Javier Rosales y el doctor Jordán, quien lo asistió como médico. El diplomático chileno, al comunicar a su gobierno la triste nueva, expresó que el Libertador "acabó sus días con la calma del justo en los brazos de su afligida y virtuosa familia". En 1880, los restos del Padre de la Patria fueron trasladados desde Francia a Buenos Aires para ser depositados en el mausoleo que al efecto se erigió en la Catedral. Figuras simbólicas que representan a la Argentina, Chile y Perú le rinden guardia permanente. El Gran Capitán de la libertad americana Bien se puede decir del héroe que sólo ambicionó una cosa: la libertad de América. Por alcanzarla sacrificó todo cuanto tenía en aras de ese alto principio. Fue en vida glorificado y atacado, pero ni una ni otra cosa influyeron en la línea que se trazara y que siguió en forma inmutable, desconcertando con su templanza a sus enemigos. Renunció a la gloria y envainó dignamente su corvo, que nunca fue usado para avasallar naciones. La posteridad, a quien San Martín confiaba el juicio de su vida y de sus acciones, lo proclama, como ha expresado el autor peruano Mariano Felipe Paz Soldán: "El más grande de los héroes, el más virtuoso de los hombres públicos, el más desinteresado patriota, el más humilde en su grandeza, y a quien el Perú, Chile y las Provincias Argentinas le deben su vida y su ser político". Fuente: Mayochi. Enrique Mario , José de San Martín: Libertador de América,. Instituto Sanmartiniano , Buenos Aires, Argentina.

miércoles, 12 de enero de 2022

Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto : " Auschwitz fue la sede de la iniquidad absoluta, la humanidad sufrió una metamorfosis; el enemigo diseñó nuevas formas de sufrimiento, tortura y asesinato, sin precedentes en la historia ( Elie Wiesel)

Cada año, en torno al 27 de enero, ; la Asamblea General de las Naciones Unidas) proclamó oficialmente esa fecha Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.. En tal sentido, la UNESCO, rinde tributo a la memoria de las víctimas del Holocausto y ratifica su compromiso de luchar contra el antisemitismo, el racismo y toda otra forma de intolerancia que pueda conducir a actos violentos contra determinados grupos humanos. El 27 de enero se conmemora la liberación en 1945 por las tropas soviéticas del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau A la palabra "liberados" se oponía Jacks Fuchs del sobreviviente del gueto de Lodz y de Auschwiz, él planteaba: " Hace sesenta años que la historiografía, y casi la entera totalidad de la literatura que se ocupó de pensar el campo de concentración como objeto, viene diciendo que el 27 de enero de 1945 Auschwitz fue liberado. Yo mismo usé esa terminología. Pero liberar supone una acción voluntaria, una decisión política, militar, una forma de intervención específica y concreta. Y no fue eso lo que ocurrió en Auschwitz. Auschwitz, del ’41 al ’45 fue ignorado por los aliados. Los campeones de la libertad, de la democracia y el progreso humano, los líderes del antinazismo estaban ocupados en asuntos de más vasto alcance: se trataba de ganar la guerra. De conquistar hegemonía política, económica y militar en ese escenario europeo devastado por la misma lógica de la guerra. Y en la guerra, como se sabe, las personas no cuentan, no tienen valor". Fuchs sostenía que , se conocía lo que ocurría , los vagones que transportaban gente como si fueran animales y los campos de concentración- exterminio. El autor de los libros Tiempo de Recordar y Dilemas de la Memoria, fallecido en 2017 subraya que: "durante 1941 las primeras víctimas del gas en Auschwitz fueron oficiales y soldados del Ejército Rojo, fue con prisioneros soviéticos con quienes se puso a prueba el funcionamiento maquinal de las cámaras y la incineración en los crematorios. De modo que el ejército de la revolución proletaria sabía muy bien qué era Auschwitz.". Fuchs sobrevivientes del gueto de Lodz, su ciudad natal y de Auschwitz, enfatiza y critica" ¿Cómo podía pasar inadvertido que desde el otoño de 1941 hasta noviembre del ‘44 Auschwitz había producido un millón seiscientas mil víctimas? ¿Cómo se pudo mantener ocultos los trenes con carga humana, que salían de París, de Roma, de Budapest, de Praga, de Berlín, de Viena, de Amsterdam y llegaban por la mañana con miles de personas vivas que unas horas después, más bien durante la noche, quedaban convertidas en ceniza? No, no fue ningún secreto. No podía serlo. Porque los grandes movimientos de transporte, la enorme energía desplegada en esa máquina de muerte era enteramente visible”. Los gobiernos aliados sabían muy bien lo que pasaba. Lo mismo en el frente inglés-americano que en el frente soviético. Los ingleses se atribuyen haber “liberado” Bergen Belsen y los norteamericanos, Dachau. Pero tampoco fue así. Los ingleses y los americanos encontraron los campos. Antes de que el ejército soviético llegara a Auschwitz, los alemanes habían huido llevándose con ellos a los prisioneros en lo que se conoce como la Marcha de la Muerte, camino de Alemania. El comandante de Auschwitz, Rudolph Hoss, fue apresado en Alemania, enviado a Polonia, juzgado y colgado frente a una de las barracas de Auschwitz en 1947, sintetiza Fuchs Por otro lado, la Unesco , expresa en su justificación del día:" El Holocausto no solo afectó profundamente a los países donde se cometieron crímenes nazis, sino que también repercutió en muchos otros lugares del mundo". Sin embargo hacen un mea culpa de su actuación contra el nazismo, Hitler y sus seguidores. "Siete decenios después de los hechos, los Estados Miembros comparten la responsabilidad colectiva de abordar los traumas remanentes, mantener medidas que permitan una conmemoración eficaz, cuidar de los lugares históricos y promover la educación, la documentación y la investigación. Cuál debe ser el rol a tomar según la UNESCO…“Esta responsabilidad obliga a educar sobre las causas, las consecuencias y la dinámica de tales delitos, así como a fortalecer la resiliencia de los jóvenes contra las ideologías de odio. Debido a que los genocidios y otros crímenes atroces siguen ocurriendo en varias regiones del mundo, y como estamos presenciando un aumento mundial del antisemitismo y de los discursos de odio, esto nunca ha sido tan relevante". Sobre la Shoá , como hecho particular el psicoanalista argentino José Itzigsohn planteó que ni el racismo como el odio al Otro por ser diferente, ni el antisemitismo como el miedo a la conspiración internacional, ni la fe antijudía de tipo religiosa, eran en definitiva lo que hacía del Holocausto un hecho diferente. Itzigsohn entendía que lo que en verdad situaba el quiebre con experiencias anteriores era la cuestión de la aparición del exterminio: “Hubo que retroceder milenios para decir que la única solución posible era el exterminio, (…) conocemos otros genocidios históricos previos; por ejemplo: el de los armenios, en el cual un millón y medio de personas perecieron en manos de los turcos. Pero una vez realizado ese genocidio nadie promovía la idea de que el armenio que había vivido no merecía hacerlo y había que perseguirlo hasta el último rincón y matarlo”. La concepción del exterminio como solución final a la ‘cuestión judía’, junto a la invención de una estructura sistemática de aniquilamiento, hacían de este acontecimiento un hecho único, expresado según la cita de los científicos sociales Schenquer, Grassi, Novomisky y Vecslir Por su parte, Elie Wiesel , en una entrevista publicada en Yad Va Shem, se preguntaba ¿Cómo pudieron seres humanos concebir y más tarde ejecutar acciones tan inhumanas contra otros seres humanos? ¿Es que era humano ser inhumano?. Auschwitz era la sede de la iniquidad absoluta, la humanidad sufrió una metamorfosis: el enemigo diseñó nuevas formas de sufrimiento, tortura y asesinato, sin precedentes en la historia, según sus palabras. Al hablar de metamorfosis, retornaba a su idea que el monstruo ( el antisemitismo el anhelo de desaparición del pueblo judío del mapa, no murió, sino que está mutando Wiesel, entendía que "el campo de concentración de Aushwitz fue testigo de una idea opuesta a la de reunión de los exilios (idea, según la cual la venida dell Mesías iba a reunir a los judíos en la tierra de Israel.)En lugar de redención, hubo muerte en las cámaras de gas, describiendo lo ocurrido y lo que "encontraron" los soldados del Ejército soviético el 27 de Enero de 1945. Claro que todo fue possible.annte el silencio del mundo, que cayó o miró para otro lado, con la salvedad de los "justos de la humanidad", personas que provenían de distintos lugares y profesiones, pero, poniendo en jaque su pellejo, escondieron en sus casas, lugares de trabajo o firmaron pasaportes diplomáticos, salvando así a cientos de judíos de la muerte. De todos modos, más de un millón y medio de niños, con sus abuelos y abuelas, fueron asesinados en la Shoah; entre ellos hubo quienes fueron arrojados a pozos ardientes y quemados vivos. No sin antes , los nazis realizaron Selecciones, hambre, humillaciones: en este lugar la maldad adquirió dimensiones de divinidad maldita – los asesinos provenían de familias e instituciones prestigiosas; sus víctimas eran descendientes de un pueblo antiquísimo que sobrevivió a la antigüedad. Sobre la singularidad de la Shoá. si bien no todos coinciden, entre los adeptos está Primo Levi, sobreviviente de la Shoá y de los Gulags Soviéticos , autor de la conocida Trílogia de Auschwitz ( que comprende Si esto es un hombre , La Tregua, ,los Hundidos y los SalvadosS y que se suicidara en 1987 dice en Si esto es un hombre: ”Quizá no se pueda comprender todo lo que sucedió, o no se deba comprender, porque comprender casi es justificar. Me explico: “comprender” una proposición o un comportamiento humano significa (incluso etimológicamente) contenerlo, contener al autor, ponerse en su lugar, identificarse con él. Pero ningún hombre normal podrá jamás identificarse con Hitler, Himmler, Goebbels, Eichmann e infinitos otros...No podemos comprenderlo; pero podemos ydebemos comprender dónde nace, y estar en guardia. Si comprender es imposible, conocer es necesario, porque lo sucedido puedevolver a suceder,lasc onciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también”, No se puede comprender Auschwitz, aunque podamos conocer lo que allí ocurrió y podamos describir el proceso que llegó hasta allí. Pero las explicaciones aducidas no son hechos que puedan explicar causalmente lo que de hecho tuvo lugar. De cualquier hecho histórico podemos aducir, una vez que ha tenido lugar, una serie de causas que explica que tal enfrentamiento entre nacionales, por ejemplo, tuviera lugar en tal momento. Esa explicación científica permitiría una comprensión del acontecimiento. Pues bien lo que Levi quiere decir es que, en lo concerniente al Holocausto, por muchos conocimientos que tengamos de los que pudo haberlo producido, no podemos decir que esos conocimientos constituyan una explicación científica que permita una comprensión exhaustiva de tamaño horror. Fuentes Biografias y Vidas: Elie Wiesel https://www.biografiasyvidas.com/biografia/w/wiesel.htm Jack Fuchs y el delicado arte de transmitir el Holocausto ( 2013), Clarín, Buenos Aires, Arge Reyes Mate, La singularidad del holocausto Reyes Mate , 2005 Mensaje de Elie Wiesel https://www.yadvashem.org/yv/es/exhibitions/pavilion_auschwitz/wiesel.asp Grassi, L , Novomisky, Schenquer L , Vecslir l ( 2007) Una reflexión sobre la importancia de la Enseñanza del Holocausto en Argentina , Universidad Nacional de la Plata Fuchs, J ( 2005) Auschwitz nunca fue liberado, Página 12, Buenos Aires, Argentina

viernes, 31 de diciembre de 2021

Hace 90 años terminaba el primer torneo profesional de fútbol en Argentina, Boca Juniors: Pasar al profesionalismo y ganar 1931…o más bien en 1932.

Informe : Gabriel Fabrykant En 1930 Boca Juniors conquistó su 1° torneo unificado- durante muchos años había dos ligas de Primera División. Fue el último torneo amateur disputado por el club junto a otros 17 equipos más. Después de este torneo, el futbol se iba a profesionalizar, el . El 31 de mayo de 1931 arrancaba el primer torneo profesional del futbol argentino. Continuaban en el el arquero Alejandro Mena; los defensores Ludovico Bidoglio, Ramón Muttis, Pedro Arico Suárez, Luis Strada, Cayetano Selenzi y Armando Dedovich; los mediocampistas Gerardo Moreyras, Manuel Fleitas Solich, Adolfo Pedemonte y Roberto Cherro y los delanteros Domingo Tarasconi, Antonio Alberino, Donato Pennella, Mario Evaristo y Esteban Kuko. Llegaron como refuerzos el defensor Juan Evaristo y el volante Cataldo Spitale desde Newell´s Desde las inferiores subió el volante izquierdo, Arturo Beghe. También arribaron los delanteros Francisco Varallo, exmundialista en 1930 desde Gimnasia y Esgrima La Plata; Florentino Vargas de Instituto de Córdoba, y Miguel Nardini desde Sportivo Devoto. Se fueron Ángel Medici, Ricardo Sarco, Manuel Merello, Américo Amoia, Valentín Bolaña y Tomás Garibaldi. Un empate sin goles ante Chacarita Juniors en La Boca, el 31 de mayo, fue su debut. Luego una derrota en el bosque platense ante Gimnasia no avizoraba un buen arranque. En la fecha siguiente se impuso 5 a 1 ante Quilmes, siguieron dos triunfos de visitante como Ferro e Independiente ; un 4-1 a Platense; un empate en Huracán contra Tigre en dos, triunfos seguidos 4 a 2 sobre Vélez, un 2-1 a Racing . El mismo resultado se dio ante argentino y ante Huracán. Una demostración de gol 6 a 1 fue ante Lanús (Desde allí se mantuvo invicto 10 partidos hasta caer con San Lorenzo por 2-0 en La Boca. Vuelve a la victoria ante Atlanta por 3 a 1 como visitante. Un empate ante Estudiantes de La Plata en dos como local (el pincha animador del torneo fue). Victoria en Escalada contra Talleres 2-0 (dos de Varallo). La primera rueda se cerraba con un 1 a 1 frente a River (goles de Varallo y Peucelle). La segunda rueda también alternò perdiendo triunfos y derrotas asì como empates y largos hasta llegar a una que iba a ser clave. En el arranque de 1932, el 2 de enero, Boca ganó su cotejo frente a Talleres de Escalada por 4 a 2 como local. Los xeneizes con esta victoria casi se aseguraban ser campeones del torneo 1931. Aquella tarde Boca formó con Fossatti; Dedovich y Muttis; Evaristo, Silenzi y Pedro Suárez; Nardini, Tarascone, Varallo, Cherro y Alberino. El albirrojo lo ganaba 1-0, pero luego Boca con el empate de Cherro y un doblete de Varallo (uno de penal). Descontaba Lucífero para los de Escalada, pero Cherro anotaba su segundo gol y el 4 a 2 final. Había que esperar porque Estudiantes de La Plata visitaba a Atlanta en Boedo un dia después. El bohemio lo venció por 2 a 1 y le dio el título al club azul y oro. Era su séptimo título en el futbol argentino, el primero en el profesionalismo y también el primer bicampeonato (1930-1931). Ç De todos modos, quedaba una fecha más por completarse. Fue el 6 de enero de 1932. Boca visitaba en Recoleta (En Av. Alvear y Tagle) a River que por aquellos años tenía su estadio allí. Llenas las tribunas de River Plate, atraídos por la tradicional rivalidad. En la calle había bomberos dispuestos para entrar en acción ante la mínima tentativa de falta de orden. El avance de Cherro atrae a varios defensores, obstinados en despojarlo de la pelota, lo que finalmente consiguieron Juan Carlos Iribarren y Balvidares. Varallo señala el tercero con un fuerte remate después de brillante esfuerzo. Boca ganaba 3 a 0 en el primer tiempo con tantos de Alberino, Mutis y Varallo. Lago penetra en la defensa boquense, elude a Dedovich y va hacia el arco, obligando al arquero Fosatti a salir del arco para alejar el peligro. Juan Evaristo ayuda a su compañero, y Mutis permanece expectante. Peucelle, el hombre más ligero de la delantera riverplatense es frenado por Mutis. River sólo incomodó a Boca en los últimos 15 minutos. El tres a cero de los visitantes, fue la justa expresión del match. En la Boca se festejó largamente la victoria, por el significado que tenía, evidenciando que los xeneizes también sabían ganar sin Bidoglio. La síntesis del partido Jugado el miércoles 6 de enero de 1932. Inicio del partido: 17.40 horas. El juez fue Valdatta. River formò con Poggi; Baldivares e Iribarren; Artel, Dañil y Malazzo; Peucelle, Marassi, P. Lago, Locasso y J. C. Lagos. BOCA: Fossati, Dedovich y Mutis; J. Evaristo, Silenzi y A. Suárez; Nardini, Tarasconi, Varallo, Cherro y Alberino. Éste título para Boca es simultáneamente el triunfo de la lógica. Ganó el ¨team de la época¨, más autorizado que ningún otro, para lucir su nombre en los albores del profesionalismo en el fútbol. Boca Juniors fue durante todo el campeonato, desde su inicio, el más indicado para ganar el título. La regularidad en las actuaciones, el poderío del conjunto y la adhesión popular derivada de sus valores, todo eso era un pensamiento unánime. Esta ambición de nuevas ideas se hizo acentuó en el primer campeonato profesional, quizá porque se las creyó más reales. Para intervenir con chances, los clubes modestos reforzaron sus equipos, y el registro de resultados inesperados dieron al certamen un interés hasta su final. Pero, al final, ni novedades, ni innovaciones, ni sorpresas, ni revelaciones: Boca, San Lorenzo, Estudiantes de La Plata, River, Independiente, Racing y Chacarita Juniors ocuparon en las principales posiciones. Alberto Zozaya con 33 goles de Estudiantes (LP) fue el máximo goleador. Alejandro Scopelli con 31 goles de Estudiantes (LP) lo siguió y Francisco Varallo con 27 goles el goleador de Boca Juniors y tercero en el torneo. La delantera más efectiva fue la de Estudiantes de La Plata (Lauri, Scopelli, Zozaya, Ferreira y Guaita), con 103 goles; seguidos de Boca, San Lorenzo y Racing. La defensa menos batida, River Plate: 39 goles. El que más empató fue Gimnasia de La Plata con 12 partidos. Los que más cayeron: Atlanta 23 partidos y Lanús 22. Fueron los más goleados con más de 80 goles cada uno en contra. El partido con mayor cantidad de goles fue Racing 7- Independiente 4, y las goleadas más abultadas fueron de Estudiantes de La Plata, que venció por 8-0, a Ferro Carril Oeste y Lanús, respectivamente. El primer tanto lo convirtió Alberto Zozaya, de Estudiantes de La Plata, a los 4 minutos del partido ante Talleres de Escalada. En 306 partidos se registraron 1.095 tantos, se sancionaron Sancionados 75 penales de los cuales 48 fueron convertidos, 14 atajados y 13 desviados. Una curiosidad: Estudiantes de La Plata triunfaba sobre Lanús 8-0 cuando a los 23 minutos del segundo tiempo, el árbitro Lorenzo Martínez dio por finalizado el partido. Otras curiosidades fueron Argentinos Juniors tenía su cancha en Av. San Martín y Punta Arenas (La Paternal). Chacarita y Atlanta dos cuadras consecutivas:, Humboldt: uno al 300 y el otro al 400. Platense fue local en su antiguo estadio de Manuela Pedraza y Crámer Saavedra, Quilmes en su viejo reducto de Guido y Sarmiento, River en Alvear y Tagle (Recoleta/Palermo), San Lorenzo en Avenida La Plata y Avelino Díaz (Boedo). Tigre ese año jugò de local en Boca, River y Huracán. Vélez en su antiguo campo de Basualdo y Pizarro (Villa Luro). Muchos equipos iban a San Lorenzo a hacer de locales para recibir a Boca por las grandes recaudaciones que se producían. Los hechos y la historia demuestran que el torneo finalizado hace 90 años se jugaba de otra manera: el 2-3-5 era usado como sistema táctico en los equipos. Esto hacía que los mismos hicieran y recibieran muchos goles. No había suplentes. Los once que entraban eran los que jugaban. Si alguien se lesionaba, el equipo quedaba con 10 jugadores. Visto hoy, 90 años después queda claro que era el inicio de lo que con muchas variaciones, mucho menos dinero en juego se dio el primer paso a la era profesional que, como queda dicho, con infitos cambios llega hasta hoy