miércoles, 6 de enero de 2021

A 10 años del fallecimiento de María Elena Walsh, proponen una serie de actividades virtuales que invitan a celebrar su vida y obra

El próximo 10 de enero se cumplen 10 años de la muerte de la poetisa, novelista, cantante, compositora, guionista de teatro, cine y televisión, figura esencial de la cultura argentina. A partir de esa fecha, Penguin Random House Grupo Editorial propone una serie de actividades virtuales que invitan a celebrar vida y obra de María Elena Walsh que durararán todo un mes. La programación, que incluye diálogos entre autores y autoras, conciertos, maratones de lectura, talleres de rima y limericks y propuestas lúdicas desde las redes sociales de la editorial (@penguinlibrosar @penguinkidsar y @librosquecuentan) finaliza el 1 de febrero, fecha en la que María Elena Walsh cumpliría 91 años. PROGRAMACIÓN ____________________ Semana 1 Lunes 11 - Cuentos fabulosos para chicos curiosos: Escuchá "La Plapla", de María Elena Walsh, leído por nuestra editora María Amelia Macedo. Miércoles 13 - GPS (guía para sobrevivir) María Elena Walsh por Canela: Una guía de lectura para desmenuzar, interiorizarse y revisitar, en algunos casos, aquellos autores y autoras que se convirtieron en textos cumbre que marcaron un antes y un después en nuestra vida como lectores. Miércoles 13 - Crecer y criar con María Elena Walsh: Charla en primera persona con Cecilia Fanti sobre la experiencia de haber crecido y criar a los propios hijos con la música y la literatura de María Elena Walsh. Jueves 14 - Taller de rima y limericks: Cecilia Pisos enseña a armar rimas y limericks como María Elena. Viernes 15 - Recordando a María Elena Walsh: Diálogos: Gabriela Massuh y Laura Ramos repasan vida y obra de María Elena Walsh Semana 2 Lunes 18 - Cuentos fabulosos para chicos curiosos:Escuchá "Tutú Marambá", de María Elena Walsh, leído por nuestra editora María Amelia Macedo. Jueves 20 - Crecer y criar con María Elena Walsh: Charla en primera persona con Natalia Kiako sobre la experiencia de haber crecido y criar a los propios hijos con la música y la literatura de María Elena Walsh Viernes 22 - Recordando a María Elena Walsh: Diálogos: María Teresa Andruetto y Pablo Bernasconi repasan vida y obra de María Elena Walsh Semana 3 Lunes 25 - Cuentos fabulosos para chicos curiosos:Escuchá "El Gatopato y la princesa Monilda", de María Elena Walsh, leído por nuestra editora María Amelia Macedo. Miercoles 27 - Crecer y criar con María Elena Walsh: Charla en primera persona con Johanna Wilhelm sobre la experiencia de haber crecido y criar a los propios hijos con la música y la literatura de María Elena Walsh Semana 4 Lunes 1 de Febrero - Magdalena canta a María Elena: Concierto en vivo. Magdalena Fleitas canta canciones de María Elena Walsh en un vivo de Instagram. ACERCA DE LA AUTORA ____________________ Poeta, novelista, cantante, compositora, guionista de teatro, cine y televisión, María Elena Walsh es una figura esencial de la cultura argentina. Nació en Buenos Aires, en 1930. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes. A los quince años comenzó a publicar sus primeros poemas en distintos medios, y en 1947, apareció su primer libro: Otoño imperdonable. En 1952 viajó a Europa donde integró el dúo Leda y María, con la folclorista Leda Valladares, grabando discos en París. Desde 1960, ya en la Argentina, escribió programas de televisión para chicos y para grandes, y realizó el largometraje Juguemos en el mundo, dirigido por María Herminia Avellaneda. Asimismo, escribió guiones para cine y su música fue incorporada a filmes de trascendencia. En 1962 estrenó Canciones para Mirar en el teatro San Martín, con tan buena recepción que, al año siguiente, puso en escena Doña Disparate y Bambuco, con idéntica respuesta. Esas obras se publicaron como libros en 2008. A partir de 1960 nacieron muchos de sus libros para chicos: Tutú Marambá (1960), Zoo Loco (1964), El Reino del Revés (1965), Dailan Kifki (1966), Cuentopos de Gulubú (1966) y Versos tradicionales para cebollitas (1967). Su producción infantil abarca, además, El diablo inglés (1974), Chaucha y Palito (1975), Pocopán (1977), La nube traicionera (1989), Manuelita ¿dónde vas? (1997), Canciones para Mirar (2000), Hotel Pioho's Palace (2002) y ¡Cuánto cuento! (2004). En 1990 publicó Novios de antaño, su primera novela para adultos, y en 2008, Fantasmas en el parque, inclasificable como género, entre novela, memorias y ficción. María Elena Walsh obtuvo numerosos reconocimientos: Premio Municipal de Poesía; Premio ARGENTORES; Gran Premio SADAIC; Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes; el Highly Commended del Premio Hans Christian Andersen de la IBBY (International Board on Books for Young People); Premio Gabriela Mistral, Chile, Konex De Honor (Letras), entre muchos otros. En 1985 fue nombrada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires; en 1990, Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, y en 2011 de la Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba, Argentina; en 2008 recibió el Reconocimiento Público de la Academia Argentina de Letras. Sus creaciones se han constituido en verdaderos clásicos de la literatura infantil, cuya importancia trasciende las fronteras del país, ya que han sido traducidas al inglés, francés, italiano, sueco, hebreo, danés y guaraní. Entre sus personajes más famosos se destaca Manuelita la tortuga, que fue llevado al cine con gran éxito internacional. María Elena Walsh murió en Buenos Aires el 10 de enero de 2011. Es y será un referente intelectual para muchas generaciones de argentinos.

lunes, 4 de enero de 2021

A 40 años del “Mundialito”, el torneo que le salió caro a la dictadura uruguaya

No tuvo la repercusión del Mundial 78 en Argentina ni tampoco la utlización pergeñada por el Proceso de Reorganizacióin Nacional para tapar las atrocidades que hacía la dictadua Argentina, tampoco fue LPinochet que aprovechó el Estadio Nacionakl para utiliizarlo como campo de cooncentración.Sin embargo, hace 40 años, hubo un Mundialito en Uruguay. Entre fines de 1980 y principios de 1981, Además del anfitrión, protagonizaron el Mundialito la Argentina, Brasil, Alemania Federal, Italia y Países Bajos. La presencia de este último, dos veces subcampeón mundial hasta ese momento, se debió a que Inglaterra había decidido no viajar a raíz de la fecha del certamen.La dictadura uruguaya de 1973-1985 había lanzado un plebiscito para el 30 de noviembre de 1980, es decir, menos de un mes antes del inicio del Mundialito, en el que se proponía el voto a un proyecto de reforma con la idea de proponer unas elecciones con un candidato único, Gregorio Álvarez, con la idea de sacar provecho a una especie de boom económico a partir de la euforia por el inminente inicio del torneo de fútbol. Por esos meses atronaba en los medios una marcha que decía “Bajo un sol y nueve franjas/y por ser mejor entre mejores/van detrás de una esperanza/los campeones del fútbol mundial/Bajo un sol y nueve franjas/nuestra Patria será un gran hogar/con la Copa de Oro/damos un tesoro/de amor, paz y libertad”. La etapa inicial del campeonato contuvo dos grupos de tres equipos cada uno. En el A estuvieron el anfitrión, Italia y el conjunto invitado, y en el B, la Argentina, Alemania y Brasil. De cada zona surgió un finalista: Uruguay y el equipo verde-amarelo, las mismas selecciones que habían definido, aunque sin que aquella vez se tratara de una final, el Mundial Brasil 1950. El local se clasificó con dos victorias (sendos 2-0 sobre Países Bajos e Italia, que igualaría entre sí en un tanto), y la canarinha, con una igualdad (1-1 vs. Argentina) y un triunfo (4-1 a Alemania). El vigente campeón del mundo igualó en puntos (3) con Brasil, pero quedó detrás en diferencia de goles (superó a los germanos por 2-1). El estadio Centenario, sede de Brasil 4 vs. Alemania 1.El estadio Centenario, sede de Brasil 4 vs. Alemania 1. La final tuvo el mismo resultado que aquel que decidió Brasil '50: con un 2-1 a la verde-amarela, Uruguay festejó triunfal. Con un lazo entre el inolvidable Maracanazo y el festejo como dueño de casa: Roque Máspoli, el arquero de la gesta en suelo adversario, era el director técnico de este nuevo campeón. Y así Uruguay extendió su fama de casi invencible en el Centenario. Lo hizo en un lindo torneo, que con 19 tantos en siete partidos tuvo un buen promedio de 2,7 conversiones por encuentro. El interés que generó la competencia se sustentó en buena parte por el renombre de los figuras que participaron, como Diego Maradona, Ramón Díaz, Mario Kempes, Daniel Passarella, Leopoldo Luque y Américo Gallego por la Argentina; Toninho Cerezo y Sócrates por Brasil; Harald Schumacher, Klaus Allofs y Karl-Heinz Rummenigge por Alemania Federal; Waldemar Victorino (con tres, fue el único autor de más de un gol en el certamen), Venancio Ramos, Rubén Paz y Ariel Krasouski por Uruguay; Carlo Ancelotti por Italia, y los hermanos Van De Kerkhof e Jan Peters por Países Bajos. En la inusual fecha del 30 de diciembre de 1980 se inició el Mundialito o también llamada “Copa de Oro de la FIFA” en dos grupos de tres equipos, con la idea de invitar a las seis selecciones de países campeones del mundo hasta ese momento para conmemorar los 50 años del Mundial ganado por Uruguay en 1930, razón por la cual se ideó jugar todos los partidos en el estadio Centenario, sede de aquel torneo, la primera Copa del Mundo. El documental y el olvido "Pertenecer a una generación que en esa época tenía entre cinco y diez años nos impulsó a trabajar sobre un tema que ha marcado a la sociedad uruguaya". La frase, correspondiente al creador y director del documental Mundialito, Sebastián Bednarik, fue el disparador para que la película se estrenara en 2010. Con la intención de sacar a la luz lo sucedido en lo político y lo social durante el gobierno militar (1973-1985), el documental fue realizado gracias a una profunda búsqueda de archivos y 70 entrevistas. Ezequiel Fernández Moores, columnista de LA NACION, lo comparó en el propio 2010 con la película The 16th Man ("El decimosexto hombre") referida al Mundial de rugby Sudáfrica 1995, y Fernando López, crítico de cine de LA NACION, publicó su opinión en 2011. El largometraje saca del olvido este campeonato para que quede presente en la historia del fútbol. Sin embargo, en los sitios de Internet de la FIFA y la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) actualmente no hay registro alguno del éxito de la selección local. Desde el punto de vista futbolístico, la expectativa por ver a estas selecciones y por la posibilidad de un éxito de la selección celeste era muy grande luego de una década del 70 en la que los resultados no habían sido buenos; tras el cuarto puesto en el Mundial de México 1970 y una mediocre actuación en Alemania 1974, no había logrado clasificarse para Argentina 1978. Además, venía de un no muy positivo cuarto lugar en el Sudamericano (hoy Copa América) 1975 y ni siquiera se había podido clasificar para la semifinal en 1979. Andrés Varela, productor y co-guionista de la película Mundialito de 2010 junto a Sebastián Bednarik, sostuvo que la organización y la conquista del torneo es para Uruguay “como un hijo no reconocido. Todo el mundo sabe que existió, pero no está dentro de esas hazañas que se manifiestan permanentemente como el Maracanazo de 1950, determinadas Copas América o Mundiales de buen papel. No es una estrella más en la camiseta y ni la FIFA lo considera un torneo oficial. Fue quedando en la nebulosa cuando comenzó a descubrirse lo que había atrás”. La dictadura uruguaya de 1973-1985 había lanzado un plebiscito para el 30 de noviembre de 1980, es decir, menos de un mes antes del inicio del Mundialito, en el que se proponía el voto a un proyecto de reforma con la idea de proponer unas elecciones con un candidato único, Gregorio Álvarez, con la idea de sacar provecho a una especie de boom económico a partir de la euforia por el inminente inicio del torneo de fútbol. Por esos meses atronaba en los medios una marcha que decía “Bajo un sol y nueve franjas/y por ser mejor entre mejores/van detrás de una esperanza/los campeones del fútbol mundial/Bajo un sol y nueve franjas/nuestra Patria será un gran hogar/con la Copa de Oro/damos un tesoro/de amor, paz y libertad”. La canción hacía referencia a la “libertad” en una época de presos políticos, censura previa y grupos musicales que debían presentar las letras de sus canciones en la Jefatura de Policía para ser autorizadas. Terminó imponiéndose otra marcha de Alberto Triunfo a pedido de radio Monte Carlo, con el jingle “Uruguay, te queremos/te queremos ver campeón” pero al mismo tiempo hubo un enorme gasto de dinero en todos los medios con el lema “sí por el progreso y sí por la paz, sí por la esperanza y sí por Uruguay”. Uno de los más influyentes para que la Copa de Oro fuera disputada en ese tiempo en suelo uruguayo fue el inversor y periodista italiano Silvio Berlusconi. El empresario nacido en Milán, futuro presidente del club Milan y futuro primer ministro de Italia, utilizó el torneo para impulsar definitivamente su carrera en el mundo de los negocios de los medios de comunicación y el fútbol. El 21 de diciembre de 1980 compró los derechos de televisación del certamen para 43 países y venderlos al empresario uruguayo Angelo Vulgaris. El mes previo al campeonato, el Estado convocó a un plebiscito obligatorio nacional para consultar sobre la reforma de la Constitución Nacional, con el objetivo de ganarse el voto del pueblo. A pesar de sus esfuerzos, el "no" derrotó al "sí", por 57 contra 43% (en Montevideo la diferencia fue mayor, con 63,25 a 36,75%, impulsada por movimientos sociales opositores). El resultado negativo derivó en que el festejo político superara al deportivo y en que la organización de la Copa de Oro no cumpliera la misión de ser pantalla política de la cruda realidad. Empresarios y militares evidenciaron su enojo por los números del plebiscito. El grito de los hinchas en el Centenario durante el torneo fue considerado la voz de la mayoría de un país cansado del proceso de facto más largo de la historia de Uruguay: "Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar". En el puntapié inicial, frente a una multitud, el presidente de la FIFA, João Havelange, calificó como "buena gente" al mandatario de facto Aparicio Méndez. El elogio pasó a la historia. En tanto, ni el propio plantel campeón ni su federación llevaron a cabo un reclamo formal para recibir algún reconocimiento por el título. Sí hubo, pero a cargo de la intendencia de San José y 35 años después, en 2016, un homenaje en Hostería del Parque, sede de la concentración del plantel celeste. La conquista de la Copa de Oro causó gran alegría en Uruguay, y fue un gran éxito entre dos profundas decepciones futbolísticas: las no clasificaciones para los mundiales Argentina 1978 y España 1982. Sin embargo, con el tiempo el logro quedó algo eclipsado por los éxitos internacionales de clubes uruguayos en la época: Nacional, en 1980, y Peñarol, en 1982, obtuvieron las copas Libertadores y Europeo-Sudamericana. La cara política de la competencia Por su parte, el gobierno de facto uruguayo tomó como ejemplo la organización de la Copa del Mundo de 1978 para hacer algo similar dos años después y mostrar su "éxito". La ceremonia inaugural, a estadio lleno, con canción oficial e himno, fue una vitrina perfecta. En la escena de la época tallaban importantes personalidades políticas y deportivas: el hoy ex jefe de Estado Jorge Battle, el marino Yamandú Flangini (el máximo dirigente de la AUF en los años ochentas), los ex integrantes del plantel campeón Fernando Álvez y Hugo de León, presos políticos, militares, guerrilleros tupamaros y presentadores televisivos, entre otros. Ramón Díaz en seleccionado argentino, durante el 2-1 sobre Alemania.Ramón Díaz en seleccionado argentino, durante el 2-1 sobre Alemania. Uno de los más influyentes para que la Copa de Oro fuera disputada en ese tiempo en suelo uruguayo fue el inversor y periodista italiano Silvio Berlusconi. El empresario nacido en Milán, futuro presidente del club Milan y futuro primer ministro de Italia, utilizó el torneo para impulsar definitivamente su carrera en el mundo de los negocios de los medios de comunicación y el fútbol. El 21 de diciembre de 1980 compró los derechos de televisación del certamen para 43 países y venderlos al empresario uruguayo Angelo Vulgaris. El mes previo al campeonato, el Estado convocó a un plebiscito obligatorio nacional para consultar sobre la reforma de la Constitución Nacional, con el objetivo de ganarse el voto del pueblo. A pesar de sus esfuerzos, el "no" derrotó al "sí", por 57 contra 43% (en Montevideo la diferencia fue mayor, con 63,25 a 36,75%, impulsada por movimientos sociales opositores). El resultado negativo derivó en que el festejo político superara al deportivo y en que la organización de la Copa de Oro no cumpliera la misión de ser pantalla política de la cruda realidad. Empresarios y militares evidenciaron su enojo por los números del plebiscito. El grito de los hinchas en el Centenario durante el torneo fue considerado la voz de la mayoría de un país cansado del proceso de facto más largo de la historia de Uruguay: "Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar". En el puntapié inicial, frente a una multitud, el presidente de la FIFA, João Havelange, calificó como "buena gente" al mandatario de facto Aparicio Méndez. El elogio pasó a la historia. Uruguay, ganador de la Copa de Oro de Campeones del Mundio.Uruguay, ganador de la Copa de Oro de Campeones del Mundio. Si hubo una figura futbolística a la cual se extrañó mucho, esa fue el volante ofensivo neerlandés Johan Cruyff, también ausente en Argentina 1978. Pero tampoco participó otra estrella de su país, Ruud Krol, defensor de la Naranja Mecánica, que manifestó que trasladarse al otro lado del mundo en época de Navidad excedía sus "competencias de futbolista profesional". El Comité Organizador del certamen consiguió, igual que dos años atrás el del Mundial 1978, el apoyo del influyente estadounidense Henry Kissinger, en tanto que consiguió de los argentinos el asesoramiento para temas de logística y seguridad. Estos vínculos de Cataldi (quien también fue diputado y miembro del gabinete del presidente constitucional Julio María Sanguinetti) con el poder del fútbol también fue importante para muchos negocios paralelos alrededor del Mundialito. No casualmente, las distintas comisiones organizadoras estaban conformadas por miembros de la Marina y dirigentes de los distintos clubes uruguayos. En una de sus tantas reuniones por la organización del torneo, en Madrid, Cataldi encontró avales económicos en el empresario griego de frigoríficos Ángelo Vulgaris y su socio Fertis, a quienes ofreció ser partner comerciales y los derechos de televisión, pero al poco tiempo, se encontraron con la fuerte presión de la Organización de televisión Iberoamericana, la poderosa OTI, que amenazó con que si le otorgaban esos derechos, se quedarían sin los del Mundial de España 1982, que estaban en su poder. Vulgaris, que terminó preso por narcotráfico y murió en la ruina pocos años más tarde, llamó desesperado a Cataldi para tratar de resolver la situación a pocos días de que comenzara el torneo y todo se resolvió cuando el dirigente futbolístico uruguayo contactó al entonces vicepresidente de la FIFA, el italiano Artemio Franchi, y éste les introdujo a un gran empresario mediático compatriota interesado en comprar parte de esos derechos, Silvio Berlusconi, quien dio así uno de sus primeros golpes y revendió los derechos a 43 países. Todo se resolvió en una reunión en Uruguay a la que asistieron, entre otros, dirigentes de alto nivel de la FIFA como el alemán Hermann Neuberger, Grondona, el almirante Carlos Lacoste (hombre fuerte del fútbol en la dictadura argentina 1976-1983 y uno de los vicepresidentes de la FIFA en ese tiempo) y Franchi. Pero no todos los negocios terminaron allí, porque gracias a sus vínculos con Havelange, Cataldi consiguió que la selección brasileña eligiera como lugar de concentración a “Los Aromos”, tradicionalmente utilizado por Peñarol, su club, y por esta razón, el predio fue remodelado y acondicionado al más alto nivel para alojar a estrellas como Sócrates, Junior, Batista o Toninho Cerezo, que brillarían en el Mundial 1982 y que llegaron a la final ante Uruguay en el Mundialito. De esta forma, a Peñarol le salió gratis reformar su lugar de concentración. A diferencia de la internacional, la televisación interna de Uruguay no fue en colores. Y la transmisión radial sería la última de un gran acontecimiento deportivo por parte del relator Víctor Hugo Morales (Radio Colonia), que pronto emigraría a la Argentina. La final entre Brasil y Uruguay se jugó el 10 de enero de 1981 y se impusieron los locales 2-1 con goles de Barrios y Victorino -máximo anotador del certamen y quien días más tarde le daría a Nacional el título intercontinental al marcar el único gol del partido, en Japón, ante el Nottingham Forest-. Sócrates había empatado, de penal. En medio de los festejos de los jugadores uruguayos, atronaba desde las tribunas del Centenario el grito de “se va a acabar, la dictadura militar” y, si bien al principio la banda musical trató de tapar el sonido con su música, fue el propio presidente uruguayo Méndez el que pidió que abandonara la idea para no exacerbar más al púbico. En medio de la vuelta olímpica se generó una controversia con el zaguero Hugo de León, que lo hizo enfundado en la camiseta de su nuevo equipo, el Gremio de Porto Alegre y por esta actitud, considerada por el Gobierno como “antinacionalista”, terminó siendo el único componente del plantel que no recibió un automóvil como premio. El reconocido periodista Jorge Savia cubrió ese torneo para el diario El País de Montevideo y recordó que como forma de agradecimiento al pueblo de San José, donde se entrenaron, los jugadores de la selección celeste regresaron a la Hostería del Parque de la localidad, desde el estadio Centenario, mientras su micro era seguido por antorchas y los festejos, junto al director técnico Roque Máspoli –arquero de la selección campeona del mundo en 1950- duraron hasta avanzada la madrugada. No obstante, Savia considera que, como otros periodistas y seguidores, ese título “le terminó generando un tremendo daño al fútbol uruguayo aunque sea de manera indirecta, porque quizás excesivamente confiado por el logro de aquella gesta, apenas seis meses más tarde se llevó un soberbio cachetazo al perder por 2-0 ante Perú en el debut de la clasificación mundialista para España 1982 en el Centenario y terminó siendo eliminado por segunda vez consecutiva, algo inédito hasta entonces”. Pasados los años, ni el propio plantel campeón del Mundialito ni la AUF elevaron ningún reclamo formal para recibir algún reconocimiento por el título, que quedó eclipsado por los éxitos de Nacional, y Peñarol con las Copas Libertadores e intercontinentales de 1980 y 1982, respectivamente. Apenas hubo un homenaje de la intendencia de San José y otro de la Hostería del Parque de esa localidad en 2016, a 35 años del campeonato. Por si fuera poco, por años tampoco se supo dónde se encontraba el trofeo de 18 quilates, creado por el orfebre Walter Pagella. Recién en enero de 2018, las autoridades de la AUF descubrieron que se encontraba en la caja fuerte del Banco Santander en la Ciudad Vieja de Montevideo y por el que el artista trabajó contrarreloj durante catorce horas por catorce días seguidos y para comprar el oro, utilizó tres cheques diferidos que le dieron los empresarios griegos Vulgaris y Fertis. Los dirigentes uruguayos descubrieron también que la Copa -.que primero estuvo guardada en el Banco República y luego en la Tesorería de la AUF- no estaba asegurada y por eso, tampoco la exhibieron en ningún museo. Pagella sólo recibió el treinta por ciento de los gastos, más allá de los honorarios profesionales. Aquella final entre Uruguay y Brasil del 10 de enero de 1981,m que en Uruguay se vio por televisión en blanco y negro, fue la última transmisión radial desde el otro lado del Río de la Plata por Víctor Hugo Morales, quien contratado por radio El Mundo para integrar el equipo de “Sport 80”, se mudó pocos días más tarde a Buenos Aires y debutó en el relato el mismo día que Maradona lo hizo en Boca ante Talleres de Córdoba el 22 de febrero de ese año. Fuentes Levinsky, Sergio , INFOBAE, 30 de Diciembre de 2020. A 40 años del “Mundialito”, el torneo que le salió caro a la dictadura uruguaya y en el que Maradona tropezó antes de la final" Koniszczer, Fedderico, "Mundialito de Uruguay", aquel torneo repleto de estrellas del fútbol que la historia olvidó, La Nación , Buenos Aires,14 de abril de 2020

domingo, 27 de diciembre de 2020

De trabajar en el ferrocarril y manejar un taxi a transformarse en ícono de Rosario Central y dirigirlo en 7 etapas: la historia de Don Ángel Tulio Zof

Marcador de punta izquierdo como futbolista, jugó en Argentina, México, Canadá y Estados Unidos, pero no temió volver a su trabajo como ajustador mecánico o subirse a un taxi cuando colgó los botines. Sin embargo, una casualidad lo sentó en el banco de suplentes. Y pasó a la historia como un verdadero maestro, con huella más profunda en el corazón de los Canallas. Ángel Tulio Zof, fallecido hace seis años, fue acaso el mejor director técnico de la historia de Rosario Central, en el que jugó en los años cincuenta y dirigió en siete etapas distintas, y con el que obtuvo tres campeonatos, además de apagarle incendios haciéndose cargo de los distintos planteles, ya siendo muy veterano, en momentos muy complicados. Zof terminó siendo un personaje que excedió el marco de un jugador o entrenador y en 2005 fue nombrado “Ciudadano Ilustre” de Rosario, ciudad en la que estuvo vinculado también a su trabajo como ajustador mecánico en los ferrocarriles, y hasta manejó un taxi cuando regresó de su etapa final de futbolista en Norteamérica. Nació el 8 de julio de 1928 en Rosario en el seno de una familia humilde y trabajadora. Sus padres, Antonio Zof y María Boemo, eran inmigrantes italianos de la región del Friuli, y le transmitieron la cultura del trabajo y, como buenos campesinos, los pies en la tierra. Zof comenzó a jugar al fútbol en el club Gath y Cháves del barrio rosarino de La República y a los 17 años pasó a formar parte de las divisiones inferiores de Rosario Central, aunque su debut en Primera (ante Newell’s Old Boys, en 1950) se demoró cinco años porque, en esos tiempos, la formación era fija y su ídolo, Alfredo Fogel, no salía nunca hasta que con el paso del tiempo se fue generando el espacio. Por las mañanas seguía trabajando en los ferrocarriles como varios de sus compañeros. Cuando por fin arregló un sueldo cuando comenzó a alternar en la Primera, volvió eufórico a su casa porque lo que cobraría representaba mucho más que lo que percibía por el otro trabajo, hasta que le advirtieron que la paga era simplemente el básico que cobraban los futbolistas. Además de Fogel (al que reemplazó como marcador de punta izquierdo) cumplió el sueño de jugar con otros de sus ídolos y a quien siempre mencionaba, el “Torito” Waldino Aguirre. En el torneo de ese año, 1950, Rosario Central descendió de categoría debido a que tuvo que sufrir el éxodo de muchos de sus jugadores, pero en 1951 consiguió regresar a la máxima categoría con bastante comodidad. aunque tuvo continuidad como titular recién en 1953. Guillermo Ferretti, autor del libro “Ángel Canalla” y con “cientos de cafés” tomados en su casa durante una década, servidos por su esposa Norma (que decía que recordar cuestiones de fútbol le daba vida) indica que Zof siempre se caracterizó por su caballerosidad y buen comportamiento. Para su publicación, su ex compañero Federico Vairo (luego destacado jugador de River y de la selección argentina) le contó que siempre bromeaba con el partido que jugó ante River en el Monumental y en el que Zof tuvo que marcar a Enrique Omar Sívori, quien le dio un paseo justo cuando lo estaban observando dirigentes italianos que se lo llevaron a la Juventus. “Gracias a mí, River completó la herradura de su estadio”, solía decir, con ironía. Vairo relató que en uno de los goles, Sívori la empujó y con la cancha embarrada, él se tiró en la línea y no la pudo sacar y a los segundos, vio cómo Zof le daba la mano al goleador adversario para felicitarlo por el gol, con toda la bronca: “Al final yo me embarraba todo para que luego él saludara efusivamente a quien nos marcó el gol. Siempre fue así”. 1955 fue su último año en Rosario Central. Se destacaba por su muy buen estado físico y por ser derecho, pese a que jugaba como marcador de punta izquierda. En 1956 pasó a Huracán, dirigido por Adolfo Pedernera, pero sólo jugó 11 partidos por las permanentes medidas de protesta de los jugadores ante la falta de pago del club, y en 1957 fue capitán en Quilmes, en la Primera B, y peleó el ascenso pero no pudo conseguirlo. Con 29 años, pensó en dejar el fútbol pero un empresario, Héctor Almide, se lo llevó a México con otro ex compañero de Rosario Central, Roberto Appicciafuocco, con quien abriría una exitosa parrilla, “El Gaucho”. Fue por un par de meses al Oro de Guadalajara y luego, al Atlético Celaya, pero el equipo descendió y en 1961 firmó para el Morelia. De allí se fue a Canadá, donde vivió nuevas experiencias: le tocó marcar a Stanley Mattews (quien fue nombrado sir, fue el primer Balón de Oro europeo en 1956 y el jugador que se retiró más tarde en el profesionalismo, a los 50 años), debido a que la liga permitía que jugadores de otros torneos se anotaran en sus vacaciones; y ejerció como DT por primera vez, en Toronto, con jugadores yugoslavos, húngaros e italianos, con los que no compartía idiomas y utilizaba una mesa de billar con pelotas de papel y chapitas y si le entendían, levantaban el pulgar. Tras ser subcampeón de la liga, se trasladó a los Estados Unidos para jugar en los Philadelphia Ukranians y luego se mudó a Nueva Jersey para jugar en el Hakoaj de Nueva York mientras empezó a trabajar también en la General Motors y fue parte del primer partido televisado en la historia del soccer. Sin embargo, cuando ya parecía instalado en los Estados Unidos, decidió retornar a la Argentina en 1963 luego de sufrir algunos problemas con el nacimiento de una de sus hijas. Regresó entonces como ajustador mecánico a los ferrocarriles y al mismo tiempo, manejaba un taxi, alejado completamente del fútbol. Sin embargo, con el taxi comenzó a llevar a algunos ex jugadores de Rosario Central que viajaban a Bigand para jugar en el Independiente de esta localidad y cuando el equipo se quedó sin DT, estos jugadores hablaron de él en el club y terminó arreglando para quedarse con el puesto aunque con una condición: “Quiero que los pibes coman bien y de ser posible, que aquel que esté estudiando lo siga haciendo. Ya veremos cómo hacemos con los trabajos que tienen. Me interesa eso y que sean educados, buena gente. A algunos los conozco. Si se da eso, agarro”. Zof terminó ganando la Copa de Oro (hoy Copa Santa Fe) en la final ante Unión y así llegó a ser conocido y terminó siendo contratado por Newell’s Old Boys, aunque él se enteró por los diarios y por sus compañeros del ferrocarril a la mañana siguiente, cuando la decisión se había tomado la noche anterior. “Guardé el diario, me puse el mameluco lleno de grasa, agarré las herramientas y empecé a trabajar. Al rato se aglomeraron todos los obreros. Me preguntaban quién era ese Zof. No creían que era yo”, relató 40 años más tarde y remató con las palabras de “aliento” de uno de sus compañeros de trabajo: “Dos partidos y te rajan”. Pero dirigió tres años a Newell’s. Luego siguió en Los Andes, con el que le ganó a River en un recordado partido en el Monumental en 1968, y ganó el Torneo Reclasificación en 1969 hasta que Rosario Central lo contrató a mediados de 1970, reemplazando en el cargo nada menos que a Sívori para el Nacional, en el que llegó a jugar la final ante Boca y cayó 2-1 tras ir en ventaja 1-0 en el Monumental, aunque logró clasificarse para la Copa Libertadores. Aquel equipo que perdió ante Boca en la final del Nacional de 1970 fue la base para el que sería campeón nacional 1971 dirigido por Ángel Labruna (quien lo admiraba, al punto de que una vez, ya fallecido, su mujer lo fue a esperar a la puerta de salida de un vestuario para comentarle cuánto lo respetaba su marido) y luego, con Carlos Griguol, en 1973. En 1971, luego de renunciar, pasó a Atlanta, amenazado por el descenso, pero pudo salvarlo. Volvió por segunda vez a Rosario Central en 1972 y renunció cuando el Huracán de Menotti le ganó 5-0 como visitante en el Metropolitano 1973 y se fue a Atlético Ledesma de Jujuy para 1974 y en cinco años, logró clasificarlo tres veces para los Nacionales (1976, 1977 y 1978) y descubrió a dos juveniles como Héctor Chazarreta y el salteño Humberto “Coya” Gutiérrez. Tras su paso por el norte argentino, volvió a Rosario Central para su tercera etapa en 1979, en reemplazo de Griguol, y su inicio no pudo ser mejor en el Metropolitano: cinco triunfos consecutivos y once invicto. Conocedor a fondo de los jugadores técnicos, trajo desde Ledesma a Miguel Bacas, a Chazarreta y a Rubén Díaz, y también sumó a juveniles de las divisiones inferiores como Edgardo Bauza, Oscar Craiyacich, Juan Calos Ghielmetti, que se sumaron a Félix Orte, Guillermo Trama y el lateral Jorge García. Ese equipo, llamado “La Sinfónica”, fue semifinalista de los dos torneos del año, ambos ganados por River. Al año siguiente, en 1980, fue campeón Nacional en la final ante el Racing de Córdoba de su admirado Alfio Basile, ya con la incorporación del veterano goleador Víctor Marchetti, y los juveniles Daniel Sperandío y Daniel Teglia. Dirigió a Rosario Central hasta 1982 y en 1983 se incorporó a Platense con ex jugadores de Rosario Central como Ramón Bóveda, Roberto Cabral e “Hijitus” Gomez, y en 1984 volvió a Ledesma y lo clasifico para otro Nacional. En la temporada 1986/87 volvió para su quinta etapa en Rosario Central, que acababa de ascender desde el Nacional B con Pedro Marchetta como entrenador. Contaba con jugadores de buen pie como Roberto Gasparini, Osvaldo Escudero, Fernando Lanzidei, y Alejandro Lanari en el arco, más jóvenes como Hernán Díaz, Ariel Cuffaro Russo, Jorge Balbis y Adelqui Cornaglia. Terminó siendo campeón en su primera temporada en la máxima categoría, superando a Newell’s por un punto y se mantuvo en el cargo hasta 1990, cuando ya el equipo no pudo recuperar el nivel por la venta de su gran figura, Omar Palma, a River Plate. Como tantas otras veces, Zof promovió entonces otra camada de juveniles como Juan Pizzi, José Chamot, David Bisconti y Alberto Boggio. Se fue en la temporada 1990/91 pero volvió cuatro meses más tarde reemplazando a Carlos Aimar y hasta 1992, que se fue a San Martín de Tucumán, en su sexta etapa. Su séptimo ciclo comenzó a mediados de 1995 reemplazando a Marchetta y con el equipo ya clasificado para la Copa Conmebol, con jugadores como Cristian “Kily” González, Darío Scotto y Roberto “Nuno” Molina y se reforzó con Eduardo Coudet, el peruano Percy Olivares y especialmente, desde Gimnasia, con el uruguayo Rubén “Polillita” Da Silva, un expreso pedido suyo a la dirigencia. Y como tantas otras veces, apeló a los juveniles como Roberto Bonano, Martín Cardetti, Horacio “Petaco” Carbonari y Federico Lussenhof. Llegó a la final ante Atlético Mineiro, en la que perdió 4-0 en Belo Horizonte y ganó 4-0 y por penales en la vuelta en Rosario, consiguiendo así su tercer título de auriazul. Dirigió al equipo hasta 1997, cuando se retiró. Fue a las divisiones inferiores, aunque cada tanto tuvo que hacerse cargo del plantel profesional como en el Apertura 2004 y Clausura 2005, acompañado de Cuffaro Russo, y consiguió clasificar al equipo para la Copa Sudamericana 2005 y la Libertadores 2006, apagando otro incendio cuando ya era “Don Ángel” o “El Viejo”. Allí volvió a anunciar su retiro. Allí fue convocado por Jorge Bernardo Griffa para su fundación para trabajar en asesoramiento y capacitación con profesores y futbolistas de su club y estuvo un año pero tuvo que dejar por problemas de salud. Es el que más partidos dirigió a Rosario Central en el profesionalismo (608) y el más ganador, con 3 títulos (1980, 1986/87 y la Copa Conmebol 1995). “Cuando comencé era muy exigente. Ponía multas por llegar tarde, por insultar, por todo. Creía que hacía bien porque imponía disciplina. En una oportunidad llegué y escuché la vocecita de uno de los muchachos que decía ‘ahí vienen esos hijos de…'. Ahí recapacité y pensé ‘tiene razón. Si trabajo con ellos, tengo que ser un compañero más’. Cometí muchos errores, pero con el tiempo aprendí y no multé más a nadie”, reconoció una vez. Falleció el 26 de noviembre de 2014 y al año siguiente, Rosario Central bautizó con su nombre a la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria, y el Ministerio de Educación lo calificó como “Maestro de la Vida”. “¿Cuál es la clave del éxito? El buen jugador de fútbol. Por ahí se habla del DT, pero no, es el jugador. Si yo no elijo bien, si sólo pienso en defender para tratar de zafar, nunca voy a tener posibilidades de salir campeón ni de estar peleando arriba”, solía sostener aunque, al contrario de lo que parecía, la mayoría de sus indicaciones previas a los partidos, aunque sencillas, eran sobre la defensa porque creía que arriba había que darles libertades a los atacantes y no casualmente él mismo había sido defensor. Ferretti, su biógrafo, lo califica como “un tipo simple, sencillo, al que le gustaba poner el inodoro en el baño y la heladera en la cocina”. “A los 30 años tenía proyectos largos. ¿Y ahora qué puedo tener? Hay que ser inteligente y tener siempre inquietudes. Me levanto todos los días pensando qué puedo hacer. Si pensara ‘las sé todas’, entonces me estancaría y perdería. No me doy cuenta de la edad que tengo”, le dijo a la revista “El Gráfico” a los 76 años. Quien lo definió con su clásico sentido del humor fue otro centralista, el fallecido Roberto Fontanarrosa, en su libro “No te vayas campeón” (2000): “Una vez más, el viejo Zof había conseguido lo que logran esas amas de casa que, con dos pesos, mandan a los chicos a la escuela, les compran delantales, pagan la luz, pagan el gas, compran la comida y todavía se arreglan para que les sobren unos centavos para hacerle un regalo a alguna vecina”. Levinsky, Sergio, INFOBAE ( Argentina), 26 de Diciembre de 2020

Esperanza, creatividad, voluntad y paciencia, entre los valores y aprendizajes que el 2020 dejó a los argentinos

A través de una curiosa campaña, Santander intervino temporalmente las marquesinas de varias sucursales del país con juegos de palabras que reconocen el esfuerzo -y algunos aprendizajes- que dejó este particular año. Sin lugar a duda, el 2020 estuvo marcado por los distintos desafíos y aprendizajes. Para ponerlos en foco, Santander desarrolló una campaña que destaca todo lo que este año atípico deja en el camino. ¿Cómo lo hizo? Interviniendo las marquesinas en diversas sucursales del país. “Aprendizajes” se llama la iniciativa del banco que propone recuperar aquellos valores que los argentinos tuvieron durante el año; un 2020 en el que el coronavirus transformó la vida de todos. Por ello, más de 50 sucursales de Santander en todo el país intervinieron su marca dando lugar a juegos de palabras con cuatro variantes, según la sucursal: “Santacreatividad”, “Santapaciencia”, “Santavoluntad” y “Santaesperanza”. Silvia Tenazinha, gerente principal de Banca Comercial de Santander, dijo: “Durante este año tuvimos grandes enseñanzas y desarrollamos algunas fortalezas, alineadas a nuestros valores. Esto es lo que busca poner de manifiesto la nueva campaña”. “Este año fue de grandes desafíos. Eso sacó lo mejor de nosotros”, agregó Gabriela Balestrieri, gerente de Marketing. “La solidaridad, la empatía, la tolerancia son valores que los argentinos tenemos desde siempre, pero con todo esto que pasó quedaron más a la vista, y eso es lo que quisimos comunicar con la campaña”. Adriana Alesina, gerente de Comunicación Masiva y a Clientes, habló sobre la decisión desafiante de cambiar las marquesinas: “Cambiar el logo de nuestra marca no es algo menor, pero sentimos que había que reconocer el enorme esfuerzo que hicimos todos, destacar lo positivo. Este fue un año en el todos nos ayudamos entre nosotros; por eso quisimos cerrarlo haciendo este reconocimiento a las personas”. El mensaje principal de la organización es “Queremos ayudarte”, por eso, invita a cerrar el año rescatando valores como la empatía, la solidaridad, el impulso de ayudar al otro e, incluso, ese diferencial tan argentino que permite salir adelante en las situaciones más adversas: la creatividad. La intervención de las marquesinas de las sucursales consiste en que se puedan observar estas virtudes junto a la marca Santander, que explica las razones detrás de la elección de cada palabra: Santacreatividad: “Porque entre todos inventamos soluciones a problemas que nunca habíamos imaginado antes”. Santapaciencia: “Porque nos adaptamos rápidamente a nuevas formas de hacer las cosas”. Santaesperanza: “Porque seguimos mirando al horizonte confiando en un futuro mejor”. Santavoluntad: “Porque elegimos seguir adelante más allá de las dificultades”. Se cierra un 2020 duro, lleno de obstáculos. Pero, también, un año lleno de aprendizajes: Santander eligió rescatar los aspectos positivos que permitieron enfrentar los desafíos. Esperanza, creatividad, voluntad y paciencia, entre los valores y aprendizajes que el 2020 dejó a los argentinos, INFOBAE, 20 de Diciembre de 2020

lunes, 7 de diciembre de 2020

El Juicio de Nuremberg buscó que los nazis de rindieran cuentas por las atrocidades cometidas y de mostrar al mundo la realidad del régimen hitleriano, además fue un precedente a seguir si se volvían a producir calamidades humanas de naturaleza similar ( José Luis Pérez Triviño, 2015)

El juicio de Nuremberg es posiblemente el intento más desarrollado de respuesta jurídica a uno de los desafíos más terribles a que se haya enfrentado la humanidad. En este juicio se dilucidaba la suerte de los principales instigadores del nazismo, de los perpetradores del Holocausto, de los responsables del comienzo de la Segunda Guerra Mundial con toda su secuela de destrucción. Hay que recordar ciertos datos que dan cuenta de la magnitud de la responsabilidad de estas personas que fueron juzgadas en Nuremberg: como consecuencia del Holocausto se calcula que murieron más de seis millones de personas, y como resultado de la guerra murieron más de cuarenta millones. Los juicios de Nuremberg también son relevantes por su impacto en un asunto tan importante como el diseño normativo y judicial que establece la exigencia de responsabilidades jurídicas a los individuos y los estados que desencadenan una guerra, que llevan a cabo un genocidio o que cometen crímenes contra la humanidad. También los juicios de Nuremberg se han constituido en un referente ineludible cuando se trata de establecer tribunales internacionales en que se somete a juicio la responsabilidad por delitos internacionales. Después de la derrota final del Tercer Reich en 1945, algunos miembros del grupo dirigente nazi se habían escondido, otros habían huido y otros se suicidaron. Pero las potencias aliadas habían logrado encontrar, identificar y retener algunos de los principales dirigentes. La cuestión que se plantea- ba a los aliados era qué hacer. La respuesta, a pesar de las apariencias, no era fácil. Por una parte, no había precedentes históricos de enjuiciamientos a los responsables estatales de haber iniciado un conflicto bélico. Nunca hasta Nuremberg se había establecido un tribunal, unas normas, un procedimiento a través del cual se exigiesen responsabilidades jurídicas a individuos acusados de cometer crímenes tan aberrantes. La práctica habitual había oscilado entre el puro y a veces despiadado ejercicio de la revancha o la “justicia de los vencedores” y la inmunidad casi absoluta. En tal caso, al tomar conciencia de la magnitud de la mal- dad del régimen nazi algunos dirigentes de las potencias aliadas sugerían aplicar medidas “políticas” inminentes y taxati- vas que suponían ejecutar a los principales responsables del Tercer Reich. En palabras de uno de los abogados del equipo de la United Nations War Crimes Commision (UNWCC), Murray Bernays, esta medida se debía rechazar por el retroceso en el tiempo que significaría la ejecución de los criminales de guerra: “En tiempos del César, el enemigo se trataba como tal, es decir, se le esclavizaba o mataba sin contemplaciones. En tiempos de Napoleón se aplicaba el destierro y la prisión mediante lo que se llamaba ‘acción política’; hoy queremos imponer la muerte y sin duda eso es un retroceso y no un progreso”. Entre un extremo y el otro, finalmente en agosto de 1945 se tomó la decisión de celebrar un juicio que, además de rendir cuentas por las atrocidades cometidas y de mostrar a la opinión pública mundial la realidad del régimen hitleriano, también pudiese convertirse en un ejemplo a seguir si se volvían a producir calamidades humanas de naturaleza similar. Lo que se pretendió en Nuremberg era, según las palabras del fiscal norteamericano Robert Jackson, juzgar a las autoridades alemanas no por haber perdido la guerra, sino por haberla empezado. De esta manera, los juicios de Nuremberg se constituyeron en una semilla de la cual surgieron tribunales internacionales como el de Ruanda o el de la antigua Yugoslavia, y más recientemente el Tribunal Penal Internacional. La creación del tribunal y el desarrollo de los juicios no fue un camino fácil. Era un desafío abordar problemas hasta el momento nunca previstos y sus impulsores toparon con obstáculos jurídicos y políticos poderosos. Al fin y al cabo, los hechos que se trataba de juzgar no tenían comparación y el derecho histórico de aquel momento no estaba preparado para enfrentarse a ellos. Al acabar la Segunda Guerra Mundial el reto fue ver qué se podía hacer con los criminales nazis, cómo establecer un castigo que se adecuase a la magnitud de sus crímenes, pero sin salir de los márgenes jurídicos para entrar en las consideraciones emotivas que obviamente podían ser perturbadas y acabar en pura revancha al enfrentarse a unos hechos tan aberrantes como los que se trataba de evaluar y castigar. El reto principal era ver qué soluciones podía y debía dar la comunidad internacional, por una parte en atención al castigo de los culpables y por otro lado, como prevención para que hechos semejantes no volviesen a suceder. Otro interrogante era saber cómo reaccionaría Alemania ante tantos de sus propios ciudadanos gravemente manchados por la implicación que habían tenido en el Tercer Reich. El análisis del desarrollo del juicio así como también los problemas jurídicos y su valor de precedente en el derecho internacional constituyen el objeto de este libro. Pero para fi- nalizar esta introducción, señalaremos una circunstancia que en ocasiones es ignorada o por lo menos poco conocida y es que, en realidad, aunque se suele hablar en singular del tribunal o juicio de Nurembeg, lo cierto es que no hubo un único juicio de Nuremberg, sino varios. En el conocido como juicio principal, que es el objeto central de este trabajo, se juzgó al grupo principal de dirigentes del Tercer Reich, aquellos que por su posición o por su celebridad encarnaban los peores rasgos del nazismo y fueron los principales responsables de sus decisiones más terribles. Pero también se acusó y se juzgó en juicios posteriores a un conjunto muy variado de personalidades, desde juristas, médicos y empresarios hasta ciudadanos alemanes que habían delatado a vecinos judíos o que ha- bían participado en los Einsatzgruppen (los equipos móviles de matanzas de las SS). Y finalmente, se llevaron a cabo juicios en cada zona de las potencias aliadas (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la URSS), así como también en los países ocupados por los nazis donde se habían cometido delitos y donde se había podido capturar a los autores. Pérez Triviño,José Luis (2015), Editorial UOC, España

domingo, 6 de diciembre de 2020

A Maradona siempre será mejor recordarlo por esos goles de felicidad popular , antes también que por la imagen dolorosa de los últimos años ( Ezequiel Fernández Moores, 2020)

Ni siquiera muerto Diego Maradona tuvo paz. Se manchó algo más que la pelota. Unos cientos, barras incluidas, para arruinar la despedida multitudinaria, de los miles que fueron a la Plaza para el saludo final, que se apostaron al costado de la Autopista para el cortejo o que siguieron por TV la ceremonia, solo convencidos de que Diego había muerto una vez que vieron ese cajón cubierto por banderas, flores y camisetas. Agravaron el cuadro la organización insólita, la locura colectiva y la represión que alguien deberá explicar. No Diego. Esta vez, seguro, él no tuvo nada que ver. Estaba dentro de un cajón que debió ser removido de urgencia para salvarlo del caos. La despedida ofreció abrazos conmovedores entre hinchas de Boca y River, pero se precisaba algo más para contener a la multitud. Era algo acaso tan previsible como este final doloroso de Diego. Su muerte fue noticia inesperada el miércoles al mediodía, pero jamás sorprendente. En el primer momento, los canales deportivos que siempre compitieron por decirlo primero demoraron la noticia. Los colegas que eran más cercanos, los que siempre pujaron por las primicias sobre el crack, no sabían cómo decirlo. No querían decirlo. Uno de ellos recibió en su celular la confirmación de un familiar llorando. Tampoco le sirvió. Fueron minutos increíbles. De todos modos, sus caras serias y las medias palabras eran la confirmación. "Murió Diego". Algunos diarios publicaron el obituario de inmediato. Tan previsible que lo tenían preparado desde antes. Tal vez, Diego estaba muerto el día de su cumpleaños número 60, cuando fue a la cancha de Gimnasia. Aseguran que él mismo pidió ir. Si había que morir que fuera allí. Dentro de una cancha. Caminó como pudo. Al cronista le pidieron que ni siquiera le acercara un micrófono. Duró dos minutos sentado en su puesto de DT. La televisión, que siempre le puso un micrófono hasta dentro de las amígdalas, evitó ese día mostrar la salida. No fue así en los días siguientes, cuando un canal de noticias filmó clandestinamente el traspaso en camilla a la ambulancia en La Plata o cuando un portal puso un drone para mostrarlo dentro de Nordelta. Esa terminó siendo su última imagen vivo. La selfie indigna de la funeraria no cuenta. Si Diego hubiese decidido recuperarse en paz, no se lo hubiésemos permitido. La violencia tiene distintas caras. Cuando fue el último cumpleaños, y otra vez la televisión repitió su enésima maratón de goles, hazañas y frases, pensé si no había llegado la hora de darle algo de paz al mito. Imposible. Diego no era el único adicto. Era el adicto más famoso. Y sus contradicciones podían ser las de todos. Pero las suyas, claro, eran tapa de diario. Diego era el más amado, pero pedía todavía más amor. Más amor como remedio. Más amor como veneno. Cuesta admitirlo. Cuesta aceptar que el ídolo que dio pura felicidad no lograra él ser feliz. No es el primer caso. Siempre será más fácil hablar de los entornos. Afirmar que "ahora deberán dar explicaciones". Los demonios íntimos y autodestructivos del ídolo, más complejos, suelen tener menos rating. Reducir el fenómeno Maradona a su condición de futbolista genial, aún al mejor de todos los tiempos, es otra simplificación. Por supuesto que la pelota fue clave. Maradona es el fútbol. Pero no es la única explicación. "Nadie defendió a Nápoles como él", escribió Il Mattino, en una ciudad que también lo despidió ayer "con un aplauso jamás escuchado en la historia" de una ciudad que también lo amó hasta asfixiarlo. "La venganza del mezzogiorno", lo despidió el presidente francés Emmanuel Macron. Su funeral, es cierto, gozó de privilegios inéditos en tiempos de pandemia. Es Maradona. Y el fútbol tampoco fue lo único para explicar el fenómeno porque Fiorito, claro, fue siempre memoria. "Resentimiento con memoria de clase". Hay millones de Fiorito en el mundo. Y Diego, contradictorio, sí, jamás olvidó el origen. Fue coherencia pura. "Te atravesaba un río Diego", escribió Graciela Cabezón Cámara un texto hermoso en Anfibia. "El río de los artistas grandes, el de los que no se ahorran nada, el de los que se brindan hasta romperse, el de los que pueden crear una fiesta del pueblo porque son el pueblo". Y por eso la fiesta y el delirio. Porque "a los pueblos no nos gusta la austeridad". Escuché estas horas homenajes de gente que, antes de la muerte, expresaban puro desagrado a los modos del crack. Cabezón Cámara agradece en cambio al "cebollita que venció a la gravedad". Al astronauta del pueblo que fue de Fiorito a la Luna. O "en manos de Dios", como tituló un diario inglés. Un forista le respondió: "Prefiero creer que está trabajando duro, organizando a los ángeles". La TV, claro, vuelve a repetir los goles mágicos del artista guerrero. Otros seguirán lucrando con las miserias. Al cadáver de "Panamá" Al Brown, uno de los boxeadores más fabulosos de todos los tiempos, opiómano, homosexual y negro, muerto de tuberculosis en el Harlem en 1951, lo pasearon desconocidos por los bares para seguir ganando unos pesos. Por eso, aunque los repitan hasta el hartazgo, aunque inviten a "la jodida tentación de dormir el sueño de la eterna nostalgia", siempre será mejor recordarlo por esos goles de felicidad popular antes también que por la imagen dolorosa de los últimos años. La de ese último ingreso a la cancha sin poder caminar ni hablar, hinchado por tantos excesos acumulados. "Lástima nadie, maestro", gritaría igual Diego. Pienso en nuestro fútbol castigado. Y en el país difícil. Y en un viejo grafiti de Carlos Gardel en el barrio del Abasto y en el Morocho que pedía "No me lloren, crezcan". Por: Ezequiel Fernández Moores, La Nación, 27 de Noviembre de 2020

domingo, 1 de noviembre de 2020

Noche de los Cristales Rotos, Pogrom de Noviembre de 1938 ,frente a la pasividad de las potencias occidentales con respecto a la constante violación de los derechos de los judíos en Alemania, se aprovechó el incidente de París como cortina de humo para iniciar un pogromo a gran escala ( Óscar Hernández, 2010)

Desde 1933, numerosas leyes habían sido dictadas para restringir la actividad económica y ocupacional de los judíos. El 7 de noviembre, un joven judío disparó a un diplomático en la embajada alemana en Paris. Para Goebbels, el tiroteo en París fue una oportunidad para incitar a la población alemana contra los judíos y lanzar un pogromo, conocido como la Noche de los Cristales Rotos. En la noche del 9 de noviembre, por todo el Reich, los comercios judíos fueron victimas de la S.A. Los cristales fueron rotos y sus contenidos arrojados a la calle. Decenas de sinagogas fueron quemadas y miles de judíos fueron recluidos en campos de concentración. La brutalidad de los sucesos fue el primer paso hacia la Solución Final. A pesar de todas las medidas implantadas desde 1933, las autoridades alemanas seguían sin solucionar el problema judío, ya que todavía quedaban cerca de medio millón en el Reich. Hitler y sus subordinados necesitaban de una ocasión propicia para iniciar una política más contundente, que acabase de una vez por todas con el problema judío. La ocasión se presentaría el 7 de noviembre de 1938, cuando un desconocido asaltó la embajada alemana en París y hería de gravedad a uno de los funcionarios. Ese desconocido era Herschel Grynszpan, un judío de 17 años que había pasado clandestinamente a Francia en 1936. ¿Qué motivo había conducido al joven Grynszpan a realizar tal acto? .Tras permanecer dos años clandestinamente en un ático de la ciudad parisina, tratando de evitar a las autoridades francesas, el día 3 de noviembre de 1938, Herschel recibió una carta de su hermana Berta, donde se podía leer: “a las 9 de la noche del jueves llegó a nuestra casa un policía informándonos que debíamos presentarnos en la comisaría con nuestros pasaportes. Nos llevaron como estábamos a la estación de policía. Pusieron en nuestras manos una orden de expulsión diciendo que debíamos salir de Alemania antes del 29 de octubre”. La orden a la que hacía referencia la carta de Berta había sido promulgada por el mismo Führer el 18 de octubre, ante la pasividad que demostraron los países democráticos durante la conferencia de Evian. La resolución del Führer determinaba que unos 12.000 judíos debían abandonar el país antes de dicha fecha. Entre ellos se encontraba la familia del joven, quien decidió vengar a su familia y denunciar al mundo las injusticias por las que pasaba el pueblo judío en la Alemania nacionalsocialista. El funcionario que recibió los disparos era Ernst vom Rath, un joven de 29 años que se había afiliado al partido nazi en 1932 y había iniciando una carrera diplomática que le había llevado a desarrollar funciones en el Ministerio de Relaciones Exteriores en Bucarest, Calcuta y París, donde se había instalado definitivamente. Poco pudieron hacer los médicos. Tras permanecer dos días en el quirófano, las graves heridas que había sufrido (bazo, estómago y páncreas) acabaron con su vida el día 9 de noviembre a las 04: 35 horas de la madrugada. Los éxitos conseguidos por Alemania en política exterior (anexión de Austria en marzo de 1938, apoyo a la causa franquista, el fracaso de la Conferencia de Evian, la cuestión de los sudetes) y ahora, el asesinato de vom Rath a manos de un judío, dieron a las autoridades nazis la confianza necesaria para iniciar una acción más “despiadada y directa” contra la población judía. El pogromo del día 9 de noviembre, que pasaría a la historia como Kristallnacht, por la cantidad de cristales rotos que cubrían las aceras de las ciudades alemanas procedentes de los comercios, casas, sinagogas y fábricas de judíos, estuvo dirigido y coordinado desde las más altas esferas del poder. Por orden del propio Hitler, la acción se coordinaría a través del ministerio de Propaganda, dirigido por el doctor Joseph Goebbels. El ministro supo aprovechar la coyuntura para organizar una verdadera “caza de judíos”. La primera decisión de Goebbels fue retrasar intencionadamente la noticia de la muerte de vom Rath hasta la noche, para que coincidiese el 15º aniversario del fallido pustch de 1923 en Munich. En ese momento, la ciudad se encontraba repleta de militantes nazis de toda Alemania, que habían acudido a la ciudad para escuchar el discurso que pronunciaría el Führer esa misma noche. A la vez que los camaradas de Hitler se reunían en Munich, se celebraba en toda Alemania el 20º aniversario del tan denostado acontecimiento conocido por los grupos ultraderechistas como “la puñalada por la espalda” o los “criminales de noviembre”, que simbolizaba la derrota de Alemania en la Gran Guerra y la posterior proclamación de la República de Weimar A las 20:00 horas, mientras en Berlín las secciones de la SS ultimaban los preparativos de la operación, y los últimos militantes ocupaban los escasos huecos que había libres en la cervecería, apareció en escena Hitler. El Führer, en lugar de dirigirse hacia el estrado, se sentó junto a las figuras del partido que habían acudido y cedió su lugar al ministro Goebbels. La cesión del discurso por parte del Führer a su ministro de Propaganda estaba pactada de antemano. Unos minutos antes, el ministro había informado al Führer que la noche anterior habían estallado unos disturbios anti-judíos en Hesse y en Magdeburgo-Anhalt, como consecuencia del atentado de París. Goebbels pretendía aprovechar la atmósfera de resentimiento entre los militantes para iniciar una operación de “escarmiento” contra la población judía de Alemania., por lo que solicitó a Hitler iniciar él mismo el discurso inaugural, a lo que Hitler respondió afirmativamente y dirigiéndose a Goebbels le dijo: “contén a la policía, pero la SA tiene permiso para actuar […] Los judíos deben sentir por fin la furia del pueblo”. Con luz verde por parte de Hitler, Goebbels se dirigió a su público: “Ernst vom Rath fue un buen alemán, un leal sirviente del Reich. ¿Debería deciros que le pasó? Fue disparado!” Los murmullos entre el público inundaron la sala. Tras una pausa, Goebbels continuó de forma más contundente: ¿Necesito deciros la raza del sucio canalla quien perpetró este asesinato? Un judío!”. El público presente estalló en improperios y amenazas contra los judíos, mientras Goebbels, observando a su público desde el atril concluyó: “Compañeros, no podemos permitir este ataque de la judería internacional. Nuestra respuesta debe ser despiadada, directa, saludable”, a lo que respondió el auditorio con gritos de ¡Heil Hitler! (Read, 2004). El pogromo había dado comienzo. Kristallnacht El pogromo que se inició esa misma noche se desplegaría en dos direcciones. Las primeras acciones estarían encabezadas por las brigadas de la SA, junto a grupos de civiles, quienes se dedicarían a intimidar, agredir, destrozar y quemar locales y edificios de la comunidad judía. Así, desde la medianoche, los disturbios se sucedían por todo el Reich: “Los edificios judíos fueron destruidos, demolidos o saqueados […] Un joven judío fue herido […] Camas y otros muebles y efectos personales son lanzados a través de las ventanas […]”, escribía el cónsul americano en Leipzig, David Buffum . Por otro lado, mientras las SA se dedicaban a sembrar el terror en todas las ciudades alemanas, las brigadas de la SS se encargarían de los registros en edificios y domicilios y a la detención de las autoridades más destacadas de la comunidad judía. Así, a las 22.45 p.m., después de recibir órdenes por parte del Reichführer Heinrich Himmler, las SS se ponían en marcha. Por su parte, el jefe de la GESTAPO, Heinrich Müller, tras mantener una conversación por teléfono, envió a las 23:55 p.m. un mensaje urgente desde la Prinz-Albrecht-Strasse a todas las comisarías de policía del Reich informando de la necesidad de estar preparados para que en “un margen corto de tiempo se iniciara una demostración contra los judíos”, especialmente contra las sinagogas. Las órdenes eran claras: se debía recoger “todo el material archivístico que exista en las sinagogas (…) para posteriores medidas”, en especial en la sinagoga de Colonia, donde “hay material especialmente importante”5. Este material será fundamental en las detenciones y deportaciones que se produjeron durante los días siguientes al pogromo. Aunque fue durante la madrugada cuando se produjeron los actos más violentos, los disturbios y las detenciones continuaron a lo largo de toda la mañana del día 10. Sí las sinagogas habían sido el objetivo durante la noche, por la mañana la acción se concentró en las instituciones y locales judíos repartidos por las distintas ciudades del país. Un escuadrón de la SS acudió a la Escuela Filantrópica Judía de Frankfurt, donde se encontraba el profesor Ráphael Rosenzweig. El profesor recuerda que “A primera hora de la mañana apareció un grupo de la GESTAPO y comunicó al Dr. Hirsch que debía acompañarlos”. Horas después, el director fue recluido en uno de los campos de concentración habilitados para los detenidos.6 En el orfanato de Dinslaken, cerca de Dusseldorf, su director, Y. S. Herz, también recibió esa mañana la visita de la GESTAPO. Herz recuerda que “A las 9:30 a.m. la campana de la puerta principal sonó persistentemente (…) Abrí la puerta y unos 50 hombres entraron en la casa […] Se dirigieron apresuradamente hacia el comedor y empezaron a destrozar todos los muebles y ventanas […] comenta Herz. “Libros, sillas, mesas, partes de un piano, mapas, etc., fueron tirados a la calle a través de las aperturas en la pared”. La actividad de las SS durante la mañana fue frenética. En algunas ocasiones, los registros iban acompañados de una violencia extrema. En Berlín, Benno Cohn, uno de los líderes de la comunidad judía de la ciudad, rememora aquel día: "A las 6:00 a.m. me llamaron por teléfono. Me dijeron, que en Meineckestrasse, donde estaban las oficinas sionistas, había un grupo de gente […] Me vestí inmediatamente. Lo que tardé en llegar al lugar, la gente estaba ya fuera y mi oficina destruida. La tensión fue intensa durante todo el día, y durante los días siguientes, oí que estaban “cazando” a los judíos en las calles” (Testimonio de Benno Cohn en el juicio de Eichmann . Las mismas escenas se repetían por toda Alemania. "Fuimos con mi señora y mi hermano a Bremen porque se casaba con una señorita de allí", cuenta Rodolfo Hirschfeld, ciudadano de Hamburgo, "pero esa misma noche nos sacaron con violencia del hotel sin darnos explicaciones y nos encarcelaron". Mientras se encontraba preso en Bremen, su fábrica fue atacada. "Todos los vidrios fueron destrozados. Al costado de nuestro negocio corría un canal y los guardias hicieron arrojar toda la ropa al agua". El pogromo se mantuvo activo hasta las 16:00 p.m., cuando Hitler, satisfecho de los resultados, concedió permiso a Goebbels para revocar la orden. La resaca. Durante las 24 horas que duró el pogromo se calcula que unas 7.500 tiendas y 29 almacenes fueron objeto de destrozos e incendios. De todas las sinagogas que había en Alemania, esa noche fueron arrasadas por el fuego cerca de 200 y otras 76 fueron demolidas con dinamita. De igual manera, una decena de centros judíos, capillas de cementerios y edificios pertenecientes a la comunidad judía fueron incendiados o destruidos. Se calcula que unas 171 casas fueron destruidas y unos 30.000 judíos varones fueron arrestados en todo el Reich y confinados en campos de concentración, como el de Dachau o Sachsenhausen. En cuanto a las victimas mortales se calcula que la cifra asciende a 91 victimas, aunque algunos autores elevan el número a 230 durante el pogromo y unas 2.500 personas en los meses siguientes como consecuencia de las condiciones de vida en los campos de concentración. El éxito de la operación fue tan abrumador que el propio Goebbels lo recoge en su diario: “La acción ha tenido lugar sin problemas”, escribía el ministro. "Diecisiete muertos. Pero no se ha dañado ninguna propiedad alemana” . Sin embargo, el entusiasmo de Goebbels no era compartido por toda la cúpula nazi. Las repercusiones internacionales que pudieran ocasionar los desmanes de las brigadas de las SA durante la noche preocupaban a las altas jerarquías de la política, de la banca y de la industria. Los destrozos ocasionados en los comercios judíos durante el pogromo debían ser sufragados por las compañías aseguradoras alemanas, ya que los comerciantes judíos tenían contratos aseguradores. Según cifras oficiales, se calculaba que los destrozos ascenderían a unos 6 millones de marcos. Además, durante el pogromo se produjeron actos de pillaje en las propiedades de judíos, que las autoridades calcularon en unos 25 millones de marcos, que también debía ser cubierto por las aseguradoras. Las compañías de seguros se levantaron en pie de guerra contra lo que consideraban un ultraje, ya que ellos no estaban dispuestos ha asumir el gasto por los disturbios de la noche anterior. El problema alcanzó hasta las más altas esferas del gobierno. El propio Hitler, preocupado de disgustar a los grandes empresarios alemanes, se manifestó en la misma línea a su ministro de Propaganda: “Deben arreglar por si mismos sus negocios. No se pagará ningún seguro”. Para resolver la situación, el mariscal Hermann Goering concertó una reunión con todos los ministerios, para el día 12 de noviembre, a las 10 a.m. A la reunión acudieron el ministro Goebbels, el representante de la SS, SD, Policía y Gestapo, Reinhard Heydrich, el representante del ministerio de Exteriores, Ernst O. Hernández (2010). Woermann, el ministro del Interior, Wilhelm Frick, el ministro de economía, Walther Funk, el ministro de Finanzas, Lutz Schwerin von Krosigk y el Dr. Hans Fishböck, ministro de Finanzas de Austria. En total acudieron a la reunión unas 100 personas. El objetivo de la comisión era coordinar la cuestión judía en el ámbito económico. Goering, quien estaba encargado de coordinar las medidas a tomar, se dirigió a su auditorio con voz tranquila: “Caballeros, creo que ya hemos tenido bastantes manifestaciones de violencia. No perjudican a los judíos, sino a mí mismo, como máxima autoridad en la coordinación de la economía alemana”. El tono de su voz era calmado pero severo: “Si hoy se destruye una tienda judía y sus bienes son arrojados a la calle, la compañía de seguros tendrá que pagar los daños, algo que ni siquiera afecta a los judíos”. Aunque el principal objetivo del pogromo era conseguir una solución que obligara a los judíos a abandonar Alemania, se determinó que éstos debían emigrar sin sus riquezas y propiedades, que pasarían a manos del Estado o de particulares. En un momento de necesidad económica y de un posible enfrentamiento con las compañías de seguros, las autoridades nazis habían puesto sus ojos sobre la riqueza que poseía la comunidad judía. Tras una pausa, Goering continuó: “No hemos venido simplemente a hablar, sino a tomar decisiones, e imploro a las instancias competentes que tomen las medidas oportunas para eliminar a los judíos de la economía alemana”. Para poner en práctica lo acordado durante la reunión, Goering aprobó una serie de decretos en los que atribuía a los judíos la responsabilidad en el atentado contra vom Rath y en consecuencia por los destrozos ocasionados por la respuesta popular. El decreto publicado con el nombre de Jewish Atonement Fine cargaba a la comunidad judía una multa de 1 billón de marcos, que tenía como finalidad evitar que las compañías alemanas abonasen el gasto. Junto al impuesto, se decretó una ley el 1 de enero de 1939, por la cual se prohibía a los judíos que tuviesen tiendas al por menor o de venta por correo o trabajasen como comerciantes autónomos. Además, los judíos podían ser despedidos con un aviso de sólo seis semanas de antelación y perdían todo derecho a reclamar el subsidio de desempleo o las pensiones de jubilación. A los judíos que habían sido encerrados en los campos de concentración se les obligaba a vender sus propiedades a precios muy reducidos o eran confiscados por la GESTAPO . Todas estas medidas, que habían tomado forma a partir de 1933, buscaban la emigración “voluntaria” fuera de Alemania de la población judía. Durante esos 5 años se aprobaron medidas encaminadas a privar a los judíos de ocupar puestos gubernamentales, mantener relaciones sentimentales con la población alemana, la imposibilidad de desarrollar cualquier actividad económica, etc. Debido a que estas disposiciones no surtieron el efecto deseado por parte de las autoridades nazis, y frente a la pasividad de las potencias occidentales con respecto a la constante violación de los derechos de los judíos en Alemania, se aprovechó el incidente de París como cortina de humo para iniciar un pogromo a gran escala. La Kristallnacht, orquestada por las autoridades nazis, fue mostrada dentro y fuera de Alemania como una respuesta espontánea de la población alemana frente al atentado de vom Rath. Ésa imagen se perpetuó a lo largo de los años, como recuerda el general von Manstein en 1946: "Todos consideramos que fue algo muy desafortunado, pero lo vimos como una parte de un movimiento revolucionario", pero como trasfondo estaba sobre la mesa el problema judío y su pronta solución. O. Hernández (2010). “La Noche de los Cristales Rotos. Una síntesis de los acontecimientos”, Proyecto Clio 36. ISSN: 1139-6237. http://clio.rediris.es